lunes, 23 de enero de 2012


Parejas Perdurables, II parte


Sigue 3

Para olvidar el mal sabor que le quedó a Tere, y mi extrema tensión vivida por la excursión a Río León Safari, propuse realizar la que en su día concerté con el visitante bodeguero de Montferri.
Le estaba agradecido por haberme descifrado el mal resultado de mi cafetera.
Y no le pareció mal a Tere salir una tarde de Tarter para conocer una Bodega comercial.
El trayecto más corto que el de Albiñana, sólo tenía el inconveniente del trazado vial. Cincuenta y siete curvas, muchas de ellas cerradas, invitaban a marearse quienes tuvieran tal predisposición.
Uno de mis hijos, así lo manifestó.

-Xavi, lo que tienes que hacer es permanecer quieto. El coche no es una sala deportiva. Sigue el ejemplo de tus hermanos. Ya podrás correr y saltar cuando lleguemos, que será dentro de quince minutos.

Inimaginable me parecía, que esta recomendación, me la tendría que aplicar a mí mismo, treinta y cinco años después.
Una vez jubilado, me desprendí del coche, cuyo uso me resultaba superfluo. Tres años de apenas viajar alguna que otra vez con los de mis hijos, permutó mi percepción del transporte como pasajero de tal forma, que no aguantaba una hora seguida sin acusar fuerte mareo.

-Papá, eso te ocurre por cuanto no paras de hablar moviendo la cabeza.

Mi hijo tenía razón. Debí aplicarme el cuento, o es que ya no recordaba mis sentencias para con ellos de niños. Sin embargo, ya no es suficiente a mi edad permanecer quieto y mudo. Solo ayuda.

La cuestión en esta primera visita a la Bodega de Montferri fue que tuvimos que indagar el domicilio del bodeguero. Al ser un pueblo pequeño, el primer viandante que nos cruzamos ya nos lo indicó. Todo el mundo era conocido.

Muy contento nuestro anfitrión, nos acompañó a la nave cercana en la que ubicaba siete toneles de roble conteniendo dos mil litros cada uno del vino.

Se trataba de la cosecha anual de los viñedos comarcales con variantes de blanco y tinto, mientras que otros cinco de solo ochocientos litros, contenían diversidad de rancios, aromáticos y mezclas de procedencia de otras regiones.
Nos dio a probar un par de variedades que consideraba de mejor buqué. Aconsejó que escupiéramos sin tragar el vino, para no resultarnos su efecto excesivo.
Luego abrió la tapa del “Cup”, piscina subterránea de cincuenta mil litros donde almacenaba su gloria enológica de tinto con dieciséis grados de alcohol. Le introdujo una vara con una jarra sacando a la luz un líquido de intenso color tinto, a la par que denso.
Lo probamos Tere y yo, pero de los niños sólo se lo permitimos al mayor. Su sabor exquisito, nos encantó.

Lamentamos no traer garrafas como las que poseíamos en Tarter para llevarnos unos cuantos litros. Sería lo indicado para acompañar a las rebanadas de pan con tomate y lonchas de jamón en los días invernales aposentados frente a la chimenea del hogar encendido.

Le agradecimos que además nos enseñara alguno de los viñedos cercanos y explicara la forma de explotarlos con máxima efectividad.
Le prometimos que próximamente acudiríamos de nuevo pero esta vez preparados con nuestras seis garrafas de dieciséis litros.

Confiamos plenamente en lo que contó. Era el distribuidor de este vino por Cataluña, Aragón y Valencia. No tenía problema alguno en la distribución, ya que la graduación de este vino, hacía imposible que se oxidara. Los vinos corrientes de entre diez y doce grados, no resistían guardarse sin buen acondicionamiento, más de dos años. Lo normal era que antes del año, se volvieran vinagre.

Su “Cup” llevaba utilizándose con una antigüedad de cincuenta años.  Aquél vino procedía de una variedad de uvas de la región, con una cierta proporción de Aragón, mantenida a través de todos los años.
Se formó una solera que le dió el buqué característico. Antes de la extracción de diez mil litros para su comercialización, le agregaba otros tantos de cosechas recientes para completar los cincuenta mil. Así, la solera era siempre la misma.

Tal como lo contó, imaginé a unos microbios componiendo aquél líquido divino, de una raza beligerante contra los osados invasores.
Así, al denotar este ejército, una invasión en su hábitat de cuarenta mil litros por otro de diez mil, su aplastante superioridad, decidía la contienda. Los microbios recién llegados, pasaban a ser amigos conversos, o históricos enemigos yacentes en el fondo del “Cup”.

Total que durante cincuenta años aquél vino mantenía su buqué.

La sorpresa nos la llevamos un mes después al repetir la visita con nuestras garrafas a cuestas.
Al regresar a Tarter, coloqué cinco garrafas en el garaje. Justo sobre el suelo hormigonado que cubría las raíces de la higuera asesinada.  Lugar fresco y oscuro.
Pero no pudimos resistir la tentación de preparar unos piscolabis y catar el buen vino de la garrafa que situé en el mostrador del bar para su fácil alcance.

¿Nos mintió el bodeguero?. El vino que escanciamos de la garrafa, no sabía igual. Pero vimos con nuestros propios ojos como nos las llenó recién salido un cubo del cup. Aquello tenía que contárselo. Dijo que la gradación le hacía inmune a los cambios en años. Y solo hacía una hora salimos de su bodega.

A la mañana siguiente, comimos acompañando la comida con aquél vino. Solo llenamos cuatro medios vasos, ya que no queríamos que se nos subiera a la cabeza. Pero de nuevo….¡Tenía el sabor original!.

Comprendí lo sucedido. El trasiego del cup a las garrafas,  más luego éstas marearse por las cincuenta y siete curvas del trayecto, revolucionarían a los microbios del caldo, con cuya fricción sudarían excitados. Los olores de su frenética actividad, no se correspondían con los emitidos en su hábitat apacible.

Recordé lo que les ocurría a los primeros bajeles que comerciaban de la Península Ibérica a la América Latina. Los vinos se picaban con el transporte. Curioso era que los buenos se agriaban mientras que los agriados se rejuvenecían.

Comprobado lo cual, rellené botellas corrientes de tres cuartos de litro, abandonando la garrafa. Mejor usar botellas de las cuales escanciaríamos con pocos movimientos, hasta su agote.
El resto de las garrafas, fue respondiendo a tal tratamiento, resultando un acierto.

Y tentado estuve de encarecer a Roano y su equipo de vendedores que le dieran publicidad atrayendo clientes en el Restaurante, pero me abstuve al pensar en la imagen contraria que ello pudiera dar a la Urbanización. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Parejas perdurables II parte-1


Parejas Perdurables II parte. 1

Cap. 1 

-Carlos: tienes que poner remedio de alguna manera, o aquí no volvemos más.

Cada fin de semana, al llegar a la urbanización, frente a nuestra torre se juntaba una jauría de perros. Pero por más que los dispersáramos, no desaparecían. Por contra su número aumentaba.

-Hablaré con el Alcalde, es problema del Municipio. Que los recojan y atiendan en una perrera.

No tenía ninguna fe en lo que acababa de decir. El Municipio al que pertenecía Tarter, por minúsculo no disponía servicios municipales de ningún orden. ¿Cómo iban a hacerse cargo de la cantidad de perros abandonados que iban llegando a la urbanización?.

Los primeros perros que aparecieron, creí que eran de alguno de los parcelistas, pero me extrañaba que merodearan nuestra torre y no la de sus supuestos dueños.

-Carlos: no me gusta nada que los niños jueguen con los perros.

-Ya les prohibí que les dieran comida, pero su instinto es más fuerte que nuestro criterio.

La situación límite se produjo, cuando entre los siete perros que nos abordaban, dos de ellos al vernos llegar, se dirigían directamente a mis pies, lamiéndolos.

-¿Lo ves?. Te están pidiendo que los adoptes. ¿Qué harás?.

El corazón se me compungía. Aquellos perros, más que animales irracionales, parecían personas cuya única carencia era la facultad del habla. Pero sabían hacerse entender.
Venían a decirme:

¡Oh, señor! Apiádate de nosotros y admítenos en tu hogar, donde seremos felices con tus estimados hijos. No tenemos donde acudir y nos conformamos con tu aceptación y los mendrugos que tengas a bien arrojarnos. Además vigilaremos la torre en tus ausencias.

Se entendía perfectamente. Los niños encantados en que los admitiera, pero ¿No era curioso, que el instinto perruno, les indicara a quién de la familia debían dirigir la solicitud?.
No podía sacudirles patadas para deshacerme de ellos. Esto aún me dolería más. Y no era mi misión ocuparme de ellos que bastantes problemas me deparaban los ciento veinte habitantes en sus treinta y dos torres. Pero algo tenía que hacer.

El Alcalde me recibió con una idea preconcebida. Motivada por malas lenguas que indicaban que aquellos perros callejeros, de diversas razas, eran míos y les abandonaba semana tras semana por la urbanización.
¿De dónde sacaron las malas lenguas, tal conclusión?. Me temo que de la Sra. que regentaba una guardería perruna en el Pueblo cercano, interesada en que los trajera a sus instalaciones, claro…...pagando.

Investigué el motivo por el cual los perros abandonados durante toda la semana, ya que en Tarter solo lo habitaban los colonos los sábados y domingos, seguían merodeando sin buscar otros lares.

Lo solucioné inesperadamente, creando el servicio de basurero, pero mientras, el tiempo que tardé lo disfrutaron mis hijos, a escondidas de su madre.
Un día mi cuarto hijo, el más ilusionado por los juegos con la jauría, me llamó alarmado:

-Papá, el “gugu” ha caído en un pozo, detrás del peñasco del Castillo.

Le llamaron gugu a un perro grandote, desdentado con el pelaje negro azabache.
Les hacía especial gracia, verlo comer. El pobre se las deseaba dando vueltas a lo que pillaba para comer, imposibilitado de masticar, o roer. Sólo presionar con las encías.
Quizá esta sería la causa por la que los verdaderos dueños, lo abandonaran donde les pareció lugar idóneo. El Tarter.

Acompañé a mis hijos al lugar indicado. En una oquedad rocosa de poco diámetro y a un par de metros de profundidad, el gugu, emitía unos lastimeros quejidos.
Dada la pequeña dimensión, estaba cabeza abajo sin posibilidad de volverse. Y ni los niños podían entrar para agarrarlo a esta profundidad.
Si no se le sacaba de allí, fenecería tras días de sufrimiento e inanición. Fui a buscar un jalón y una cuerda. Hice un lazo escurridizo, lo uní al jalón y me dediqué a la pesca canina.
Costaba mucho hacer entrar el lazo al cuerpo del gugu. Inquieto con sus movimientos una y otra vez se lo sacudía.
Cuando lo logré apreté el nudo iniciando la ascensión.

De nuevo con los movimientos esporádicos, se escapaba el lazo, pero con el jalón, conseguí recorrerle una pata. Así, al apretar el lazo, se trabó con una pierna y sus genitales.
Estaba ya casi alcanzándolo con la mano, cuando ya izado metro y medio, empezó a aullar. Supuse el motivo, pero no podía dejarlo de nuevo para que sufriera en otros intentos.
Sin atender sus aullidos, aconsejé a mi hijo que le agarrara como pudiera y entre los dos acabamos por sacarlo indemne.
O esto supongo. Pues, al verse en superficie, entendió lo ocurrido y como ya hicieron otros perros conmigo, me lamió los pies en agradecimiento.

Los niños completaron su diversión meses después, al aparecer por la urbanización un gato casero de lo más vulgar blanco y negro.
Los perros no se atrevían a plantarle cara, mientras que el gugu, con una inconsciencia impropia de su raza, sí, lo hacía.
Esperaban ver que haría gugu, de conseguir esquivar los zarpazos del gato. ¿Le daría un beso?. ¿Le proporcionaría lametones?. Inimaginable la finalidad de agarrar a un gato con una boca desdentada.

Visto que los perros no causaban males mayores, Tere soportó el tiempo que allí permanecieron, antes no conseguí su alejamiento.
Y se sentía importante al ser la única fémina de la urbanización que tenía autonomía con su Renault para desplazarse hasta los comercios de la población vecina.
Los meses de verano se turnaban las amigas para acompañarla dos días a la semana. Y las tertulias proliferaron con las reuniones en cada uno de sus chalets.
Y a medida que transcurrían los años, crecía el número de habitantes con sus torres mientras se reducía el de los hijos que nos acompañaban.
Los mayores ya destinaban su ocio por otros conductos como correspondía a los estudiantes formando grupos de camaradería.

Los perros desaparecieron al formar un basurero lejos de las torres, estableciendo la recogida de desperdicios de fines de semana a la mañana siguiente, laboral.

También ayudó el que el lugar de pocos habitantes, lindante a Tarter, estaba promoviendo una Urbanización. Pero nada modesta como la que estaba creando yo, sino que se trataba de una gigante con previsión para veinte mil habitantes.

Aquello, me alarmó. De realizarse, daba al traste con mi progreso. No habría alcanzado el punto justo de desarrollo para sacar beneficio. Y todavía no resolví el problema de la financiación de la traída de electricidad.
Para postre este proyecto urbanizador, incluso esto le favorecía. Tenían la estación transformadora en sus límites. Lo que significaba instalación gratis, a cargo de FECSA.
Sin embargo, algo no encajaba. Mis temores se desvanecieron, en los años venideros por denuncias administrativas. 
El Alcalde del lugar, tuvo que responder por aprobar lo que se llamó una afrenta ecológica.


martes, 10 de enero de 2012


Parejas Perdurables (Continuación 82 )

A Rodriguez, fui a verle después de haber contado a Tere la fatalidad, por ella vaticinada.
La actitud irresponsable de Carrión, se debía a su esposa.
Cuando se lo conté a Tere, me expuso lo que leyó de aquella mujer, por sus miradas y posturas altaneras.

-Carlos, vi perfectamente que la mujer de Carrión, se sentía humillada ante nosotros, aunque no hiciéramos nada para provocarla.

-Por lo último discutido con Carrión, deduje que su mujer pretendía unos emolumentos extraordinarios para llevar el restaurante, aún en estado de experimentación. Y que de no ser así, allí solo permanecería siendo la dueña.

-Ya ves el complejo de inferioridad, le afloraba, con ínfulas de gran señora. No me extrañaría que nos odiara a ti y a mí. Considerará que su matrimonio no le permite el nivel social, que supone sea el nuestro. Hay que ver. Nos envidia. A saber que le contaría su marido sobre nosotros. Forzosamente, no la realidad, ya que como contable, la conoce de sobras.

La somera explicación que di a Rodríguez, le puso como siempre sobre aviso de todos los problemas legales que me amenazaban.

-Carlos, tu mujer no va desencaminada y esto tienes que solventarlo de inmediato. Cuanto más tardes en actuar, peor.

-A eso vengo, a decidir como resolverlo con mínimas consecuencias.

-Lo de costumbre. Si lo tiene ya registrado, obligarle a que acuda al Notario, realice nueva escritura anulando la anterior por error. Traelo de inmediato al Registro, para cancelar la anotación previa anterior.
Si no está registrada, acudir contigo al Notario levantando acta de cancelación de la escritura anterior asimismo por error. Y ya no se entrega al Registro.
Y por último, si está registrado de más de dos meses, una posibilidad sería que te escriturara a ti como comprador, aunque fuera por  
cesión gratuita.

-¿No es complicarlo?. Es otro gasto Notarial, y además los aranceles de Hacienda por comra-venta, son veinte veces mayores que los de simple declaración de obra nueva.

-Tal cual, Carlos. Tú decides. Si a lo que decidas, Carrión se opone, la alternativa, ya sabes, como siempre una demanda y quien se lleve la peor parte serás tú.

No tuve ocasión de volver a Tarter para requerir a Carrión. Fue él quien vino a verme en Barcelona.
Se excusó como pudo, visiblemente afectado por el desliz cometido. Fue su mujer que le puso entre la espada y la pared. O era la Señora de Tarter, propietaria del Restaurante, o le abandonaba con su hijo, que ya era mayorcito.

-Don Carlos, le ruego me permita seguir figurando como propietaria mi mujer, cambiando la superficie de terreno que ocupa el Restaurante, por la totalidad del terreno que me resta de las Has, que me regaló.

Aquella confesión me aclaraba definitivamente la doblez de Carrión.
Se había vendido once solares de la finca que puse a su nombre. Con ello disponía de dinero para al menos dos años por los vendidos a plazos, pero es que preparaban la venta también del Restaurante en poco tiempo.

Emigraron regresando a Barcelona, ya que el motivo por el cual vino a Tarter desapareció. Su hijo, halló un empleo y él ya tenía dinero para alquilar un piso decente  y posibilidades de ejercer la profesión.

-Me defraudó Ud, Carrión. Deposité mi confianza, creyendo en verdad que nos sentíamos unidos ante el infortunio, pero ha actuado como lo que se dice vulgarmente, “le tendí la mano y se tomó el brazo”.
Al vender contra lo aconsejado por mí, parte de la finca, ya levantó sospechas, pero luego viendo que se afanaba para levantar la urbanización me las desvaneció y si no voy al Notario para legalizar la obra nueva, ¿cuándo me habría enterado que Ud, se la había apropiado?.

No había forma ya de seguir con él. Prometió que anularía él mismo su escritura.
Dos semanas después, aún no había cumplido su promesa, por lo cual con otra entrevista, le dí una semana de tiempo, o recibiría la consabida demanda Judicial.
Se excusó de nuevo. No quería acudir su mujer al Notario, cosa que era imprescindible si figuraba como propietaria.
Lo consiguió, ignoro como. Desde luego, a regañadientes firmó su mujer, con lo que permutamos una declaración errónea fallida, por la mía tras un mes de zozobra.
No volví a ver más a Carrión y familia, que por supuesto un careo, hubiera sido repelente.

Y tal como preví, ahora dependería exclusivamente del equipo de vendedores por muchos años.
El colofón de tal desventura, lo reviví, cinco años después, cuando ya mis hijos mayores iniciaban estudios superiores.
Estaba atendiendo a una visitadora para captar estudiantes de informática. Era la moda. Nadie conocía nada de esta nueva técnica, pero unas máquinas de tamaños portentosos, figuraban ya en las empresas de solera. 

Los ordenadores, eran conocidos por su capacidad de obtención de datos, a partir de antes haberlos alimentado con ellos, pero realizaban una labor matemática con una celeridad superior al cerebro humano.
Igual de ignorante que el resto de la ciudadanía de a pié, me hallaba yo a este respecto, pero veía lógico que a no tardar la sociedad derivaría hacia este nuevo mundo informático.
Había pocos técnicos que pudieran manejar estas máquinas colosales. Y se requería mucha preparación y demostrar experiencia para que le admitieran al manejo de estos esperpentos de veinte metros de longitud, lo que permitía obtener buenas retribuciones.

Desde luego lacapacidad de aquellas máquinas a pesar de su colosales dimensiones no llegaba ni a la centésima de cualquiera de los ordenadores personales que se popularizaron cinco años después.

Cuando yo inicié mis estudio de Ingeniero, se propalaba la conveniencia de estudiar la electrónica, “la base del futuro”. En pocos años se divulgó de tal manera que pasó a ser una asignatura más de las que quedaron relegadas a un capítulo. Pues ahora esta Srta, veinte años después venía a decir lo mismo para la informática.

Se lo aconsejé a mi tercer hijo, que aceptó, por lo cual di la conformidad a la captadora visitante, y tres años después ya era mi hijo quien daba clases.

Pues bien Tere que por aquél tiempo era mi secretaria, me anunció la visita de unos jóvenes de nombre desconocido por mí.

-Diles que aguarden que acabo en seguida. Estoy firmando la matriculación de Jordi para informática.

Al entrar al despacho dos jóvenes un chico y una chica, se presentaron como hijos de Carrión.
Aquello era una bomba. ¿De dónde surgían?. ¿Porqué, si era hijos de Carrión, no tuve su conocimiento?. ¿Porqué no usaban su apellido?.

A medida que se explicaron, fui comprendiendo muchas cosas de Carrión. Tenía una doble vida y ya me importaba poco conocer detalles pero las cosas encajaban.

Aquella pareja que tenía ante mí, eran fruto de su matrimonio en Valencia, donde él acudía de vez en cuando y no sé si para sacar dinero, o para dejar. Y la mujer de Tarter era con la que tenía al hijo que conocí. En verdad, o mantenía él a dos familias, o la mujer de Valencia le mantenía a él. Es igual, no lo sabré ni me interesa.

Los hijos frente a mí me anunciaron el fallecimiento de su padre en uno de los viajes de ida a Valencia, por accidente en carretera con el coche que manejaba.
Y ahora como herederos, me ofrecían a buen precio, el resto de la finca de Tarter.

¡Pues, qué bien!. Esto era el regodeo, incluso después de morir.







Parejas Perdurables (Continuación 82 a)


La visita de los hijos de Carrión, se produjo cuando por mi cuenta y riesgo, sin equipo de apoyo, aparte del de los vendedores, tramitaba con FECSA la traída de electricidad a Tarter.


Debía acusar pues la ayuda, de Roano y su segundo, Pelón, pero pocos años después se repitió la historia de los ya numerosos colaboradores que a semejanza del dios Jano, disponían de dos caras.


Mis colaboradores, mostraban la cara de cordero obediente por intereses mutuos. Una vez consolidados en su estatus, sin ambages mostraban la del lobo en arras a su lucro personal.
¡ Y lo lograron!.


Franco había muerto, con lo que la era de la Dictadura Franquista Española se acabó. España iniciaba una nueva etapa : la de un Reino Demócrata, que de inventiva no nos falta.
Asimismo, se acabó la etapa de las Parejas Perdurables citadas, en su faceta de formar un hogar e incrementar familia.
La nueva etapa en que como diáspora la prole formaría sus propios nidos, la trataré en una segunda parte de esta narrativa.


Me tomaré al menos otro año para ello, aunque con menos capítulos, para no cansar. Sin embargo, al menos hoy, haré mención de cómo me sacudí de encima a los hermanos Carrión.


-Justo cuando daba por descontado que tendría que prescindir en la Urbanización de la Hectárea que le resta a su Sr. Padre, por no tener noticias desde años, aparecen Uds.


-Los tres últimos los pasó con nosotros en Valencia la mayor parte del tiempo, por lo cual se desenvolvía laboralmente allí. Los viajes a Barcelona fueron esporádicos, hasta el día macabro.


-Pues su terreno, no integrado en el proyecto de Urbanización, por desestimarlo su Padre, carece de valor, a menos que contribuyan en la parte proporcional para la electrificación que ya sin este incremento de posibles solares, asciende a muchos millones de pesetas. FECSA, me obliga a financiar la traída de 6 Km. de línea en Alta tensión, desde el transformador más cercano hasta el centro de Tarter. Y luego tendré que realizar otra inversión para, distribuir la línea en Baja tensión por todas las calles.


Tal como imaginé, desconocían el origen de su propiedad. Tampoco sabían de la jugarreta final que me hizo, ni los problemas que las parcelas que segregó causaron a sus compradores, perdiendo uno de ellos su inversión al negarse a contribuir con el correspondiente rateo.


Con el rabo entrepiernas salieron de mi despacho. Por lo visto, la herencia que les dejó su padre, fueron deudas y orientados por su madre, esperaban con tal venta, sufragarlas.
Esta vez sí que la aventura Carrión, quedó definitivamente archivada.


Volviendo a mi labor en Tarter, para hacer un poco más confortable la estancia a Tere, ya que estaba de nuevo sin servicio en la urbanización desde la partida de Carrión, adquirí un grupo electrógeno a gasóleo de 50 C.V. trifásico, con lo que me atreví a suministrar un mínimo de potencia de 5 A. a 220 V para a lo sumo, cien viviendas.


El tendido provisional por las calles de los que lo solicitaban, lo realicé a falta de capital para un tendido definitivo, yo mismo con la ayuda de mis hijos mayores. 
Pasamos cables de revestimiento sumergible en agua, una parte por el suelo bajo las aceras y el resto colgado en postes de madera embreados, o creosotados.
Era dinero tirado, ya que una vez se obtuviera la traída eléctrica por parte de FECSA, no serviría lo instalado para nada.


Sin embargo, el que unos veinticinco vecinos pudieran disfrutar de alumbrado, nevera y televisor, era un paso muy eficaz para seguir promocionando ventas.
En eso obtuve todo el apoyo de Roano que incluso se brindó de inspector, para asegurar que los parcelistas no introdujeran aparatos eléctricos de fuerte consumo en sus torres, dada la poca potencia que se les podía suministrar. De no cumplir esta premisa, las averías y cortes de corriente, se hubieran generalizado.


La Burra, como se le llamaba al grupo electrógeno, la instalé a mitad de camino entre la balsa captora del agua del torrente y el Restaurante.
A pesar de hallarse distante y en una vertiente inferior, el ruido era atroz. Le puse un silenciador, y además la aislé cobijándola en una barraca de cuatro por cuatro metros con las tochanas recubiertas de porexpan. Y el tubo de escape, mediante un silencioso, lo enterré, aflorando lo imprescindible.


Con todo, de día no se escuchaba, pero con el silencio de la noche, se oía desde el Restaurante, aunque ya sin molestar.
Por aquellos días, proliferaron y se pusieron de moda con la rapidez de una epidemia, las tiendas de Videos en alquiler.


Se me ocurrió que si los vendedores se hacían cargo, podía traer un televisor de color y semanalmente media docena de vídeos alquilados para amenizar los atardeceres, ya que la instalación eléctrica funcionaba a la perfección.
Durante un verano aquello, resultó buena idea, hasta que la gente tuvo en sus propias torres televisores y videos.
Para seguir dando vida y mientras se buscaba un posible regente del Restaurante, Roano organizó bailes para las verbenas. 


Les permitía alumbrado hasta las doce de media noche, no poniendo en marcha la Burra de nuevo, hasta las nueve de la mañana.
Pero los días de Verbena señalada, les permitía hasta las dos de la madrugada aproximadamente, ya que calculaba la cantidad de gasóleo suministrado hasta esta hora.

Los demás días tenía que bajar a parar el generador, a las doce cosa muy incómoda. El regreso, a oscuras mientras que todo el mundo se había metido en cama cuando disponían de alumbrado.
Esto al llegar los fines de semana invernales, se hizo harto desagradable. Más los días lluviosos. 
Lo solventé con un nuevo tendido de cable para instalar el accionamiento eléctomagnético, que desde mi cama, a las doce lo pulsaba, cerrando el suministro a los inyectores de la Burra.


Otro problema era que al ser ya bastante concurrido el Tarter, me convertí en el pito del sereno. Debía acudir para solventar instalaciones, para dar soluciones de construcción, preparar planos para los que iban a realizar su propia torre, señalar solares en venta, conectar acometidas de agua, enfín, que ocupado por cualquier asunto en un confín de Tarter alguna vez se cortó el suministro de la Burra. Antes no podía dedicar mi atención en su resolución, transcurrían horas.


Manera de seguir apañándome sin contratar personal, una lección a mis hijos.
A excepción de la niña por demasiado pequeña, cité a los seis varones para que acudieran a ver como preparaba y ponía en marcha al generador.


-Fijaros bien que lo voy a realizar lentamente y si hace falta lo repetiré, pero aparte de ser el procedimiento lógico, conviene realizarlo en los veintitrés pasos sin olvidar ninguno, ya que son garantía de funcionamiento sin problemas por muchas horas.


Les indiqué cómo asegurarse de los niveles de agua, aceite, gasóleo, para una previsión de dieciséis horas.
Cómo controlar las revoluciones, la frecuencia, la temperatura, la distribución de las fases ya que todo estaba contemplado mediante indicadores.
Al parecer ya lo entendieron y así les dije:


-Bien ahora cada uno lo pondrá en marcha y lo parará.


El mayor se saltó una operación de las primeras diez.
El segundo, se equivocó en la dieciocho, pero ya vieron todos como aquello se aprendía con rapidez. El tercero al realizar la operación diecinueve, saltó el peque.


-No, no es así. Ahora hay que igualar la tensión de las tres fases.


Pues así era. Me sorprendí, puesto que no pensaba en ningún momento permitirle a él siquiera intentar ponerlo en marcha estando yo presente.


Pues el peque fue quien no erró ni un paso. Con los años, demostró una especial recepción de lo que se le enseñaba. Por poco, su facilidad de comprensión e inteligencia nata, estuvo a punto de costarle un disgusto, en su carrera.
Entendía las explicaciones del profesor, y con ello descuidaba estudiar. Salía bien en los exámenes, hasta que su pertinaz abstención le atrasó respecto sus compañeros. Aquél año, para aprobar tuvo por fin que estudiar.


Una vez Tere inserta en nuestro nuevo hábitat veraniego, reconoció que allí también tendría amigas con quienes podría entablar palique y que la selva ya no lo era tanto.


Y en los años de asistencia a Tarter se desarrolló la segunda etapa de la vida de las parejas de nuestro entorno social. Como dije cada cual con sus particulares circunstancias, vivieron lo básico de forma muy similar.

Saludos de Avicarlos
FIN 1ª Parte.