domingo, 23 de abril de 2017

Parejas Perdurables IIª parte ( 5......8 )



Parejas Perdurables II parte.

Sigue 5

Los preparativos que el showman voluntario realizó, me hizo temer una repetición del espectáculo dado años antes en “Càn Regalesia”.

Lo comenté con Roano. La sala del restaurante, se estaba montando con una tarima en la que el equipo musical con dos altavoces de un metro de altura y el despliegue de otros cuatro distribuidos por el techo de dimensiones más en consonancia, así como la instalación de una bola luminosa giratoria, igual como las que ya eran de uso corriente por las discotecas.

Además, teclados e instrumentos de percusión. Todo adornado con guirnaldas.

-¿Quién pagará este motaje su transporte y el alquiler del equipo?

-Don Carlos, va por cuenta nuestra en agradecimiento a su meritorio logro.

Aquella noche, se presentaron los vecinos de Tarter acompañados de  amistades ajenas a la urbanización. Más tarde me enteré que lo programó Roano con vistas de publicidad.

 El showman, dio gala de su arte, que por lo visto no era tan novato. Presentó la fiesta, dio un panegírico para los promotores, dando al fin paso a una serie de bailes programados entre los que no faltaba el cambio de parejas, el de exhibición de distintos ritmos, e incluso pasarela de las damas luciendo sus mejores prendas para la noche, ya prevista.

La música salida de los bafles del techo era más que suficiente para saber lo que se cocía, pero por lo visto a la juventud acostumbrada a este tipo de fiestas, apenas le afectaba. 
La que sí les molaba, era el estruendo de los dos altavoces estéreo, a un volumen por mí inusitado.

De madrugada, los participantes fueron saliendo alegres por lo bebido y contentos por haber disfrutado de un festival ameno, vistoso y gratuito.
Tres noches más se repitió la fiesta. Más, no podía ser. El showman se debía a sus quehaceres y el equipo musical alquilado había que devolverlo, o contratar para mayor tiempo.
Tere respiraba tranquila.

-Menos mal que se acabó el jaleo nocturno. Esto aunque en grado más aceptable, se parecía a lo vivido en C`an Regalesia.

-Pero ya ves que es lo que les va a la juventud y seguro que Roano captará más clientes por la publicidad que los asistentes darán a los conocidos en sus lugares de trabajo.

Para variar algo las vacaciones de nuestra troupe, aquél verano, el mayor se incorporó a filas en el Campamento de San Climent Sescebes.


El segundo a un campamento de Boy-Scouts y para no ser menos, enviamos un mes entero al tercero y cuarto a unos albergues del colegio que mantenían en Tirvia, en el Pirineo catalán.


El quinto, no pudo unirse el día de la partida de los colegiales a Tirvia, por hallarse indispuesto. Le trajimos con el mercedes  tres días después nosotros mismos.

Le acompañamos ya que establecimos un convenio con mi suegra. De mil amores, se ofreció a quedarse al cuidado de los dos menores en su casa. Por dos motivos. Siendo solo dos niños, se sentía más acompañada que gravada de trabajo por su atención. 
Y lo principal, que le dolió que yo hubiera realizado el viaje a Italia con ella en lugar de con Tere. En esta ocasión, algo compensaba.

El Xavi, contento por reunirse con sus hermanos que al llegar al albergue estaban bañándose en el río. Pensé que esto a Tere la asustaría, pero ya sabía que les acompañaban los monitores, además de hacerlo en lugar sin peligro.
Lo que Tere no sabía era que los niños en Tarter se bañaban en el torrente en una “gorga”, ensanchamiento natural que formaban las aguas semiembalsadas. Lo hacían desnudos, para poder regresar a la torre con la ropa enjuta.

Nos despedimos cuando por horario les tocaba el refrigerio usual.
Tere y yo, pues, ¡Al fin solos!.

Paramos a comer camino a la Val d`Aran, en Esterri d`Aneu. Pedimos lo típico del lugar para no calentarnos la cabeza, dispuestos a catar lo que se presentara. Nos gustaron los platos típicos que consitían en muy poca condimentación de los productos frescos del lugar.
Por la tarde llegamos  a Vielha, la capital Aranesa.


Pertenece a la provincia catalana de Lleida, pero hablan el Aranés que es un catalán muy raro. Incluso se piensa si de antiguo, tenían influencia vascuence. Siempre cabe la solución de hablar allí en castellano, pero en algunos comercios te atienden en catalán. 
Y en los que no les da la gana, hay que esforzarse mucho para entender lo que dicen en su propia lengua. Para mí, era otro motivo de degustar experiencias nuevas.
Pernoctamos después de recorrer la población y a la mañana siguiente le propuse a Tere.

-¿Qué te parece si nos aventuramos por esta carretera de salida del Valle, sin rumbo?.

- Ya sabes que a mí no me entusiasma lo desconocido. Y estos parajes pirenaicos, rodeados de altas montañas, me imponen.

-Mujer, si esto es lo bueno. Estamos en plena naturaleza, más salvaje que la de Tarter. Veremos lagos y bosques.

-Vamos, esta es tu ilusión, pero quiero dormir esta noche en algún hotel. No se te ocurra repetir la velada en el coche como en el pantano de Alarcón.

Preparado como iba con el tanque de combustible lleno, herramientas, material de repuesto, mesa y sillas de campaña, ponchos impermeables, ropa de abrigo y comestibles, de todo.
Por mí hubiera pasado un par de días con sus noches en plena natura.
Sin embargo le prometí que por la tarde nos hospedaríamos en el primer lugar decente que se nos pusiera al alcance. Yo disfrutaba recorrer carreteras ignotas, sin ningún destino planificado y preparado para responder a lo que se me ofreciera.

La carretera, de salida dirección norte, sin lugar a dudas se comunicaría con Francia pero en esta ocasión, solo iba a llegar hasta el límite español. No llegué a él, pero me parece que hubiese sido difícil saber sin apearse del coche, qué punto de la carretera era la frontera. Carreteras así, sin asfaltar y poco transitadas, no disponen de rótulo alguno.
En una bifurcación, titubeé.

-Carlos, creo que esta no es la carretera principal.

-¿En que distingues a ésta con la que dejamos?.

-De momento se nos está estrechando.

Pues sí. Ya se convertía en camino atravesando una gran masa forestal.

-Bien creo que tienes razón, veré algún lugar de ensanchamiento para regresar.

Después de varios kilómetros el lugar adecuado, no aparecía y se oían hachazos en lontananza. 
Por aquél tiempo, no se había realizado aún el filme “El resplandor”, que de haberlo visto como años después, a Tere se le hubiera encrespado el pelo oyendo los chasquidos cada vez más cercanos.

Aquello ya no era siquiera camino, se convertía en senda. Paré y oí perfectamente a los obreros talando arbolado. Aquello era camino único para las talas periódicas. Seguir era un peligro mayor del que ya tenía para retroceder. 
A diestra y siniestra los árboles impedían dar la vuelta. Tuve que echar mano de un azadón de mis herramientas, para limpiar algo el tramo más clareado que hallé. Luego con mucha paciencia maniobrando salí del atolladero antes de que los obreros viendo mi apuro se presentaran no sé si para ayudarme, o llamarme la atención por la imprudencia.



Parejas Perdurables II parte.

Sigue 6

Salimos ya del camino sin rasguños perceptibles. Y eso por la óptima calidad de la pintura que los alemanes imprimían a sus coches Mercedes. Con las que se utilizaban en los de fabricación española, cualquier roce con el ramaje de aquél bosque, hubiera dejado su huella.

Esta vez, atravesamos Vielha, tomando la carretera que nos llevaría al Lago San Mauricio en el Parque de Aigües Tortes.

En un punto indeterminado la carretera bordeaba la montaña con una gran cuneta.
En ella en cascada caían las aguas de la fusión de nieve. Como el Mercedes no disponía de aire acondicionado, el aire caliente entrando por las ventanillas hacía más irresistible el calor veraniego. Y la carrocería ardía.
Tanto Tere como yo sudábamos la gota gorda. La visión de aquella cascada de agua, nos representó la imagen de una ducha original.

Paramos justo a su inicio, colocando el capó bajo las aguas, salpicó de tal modo, que perdimos la visión del parabrisas y a toda prisa cerramos ventanillas.
Salí del coche, me quité la camiseta y gocé asimismo del refresco improvisado.

-Sal Tere, esto es una ducha gratuita y oportuna.

-¿Cómo salgo?. La puerta no tiene espacio. Si abro, rozaré la pared y penetrará el agua al coche.

Tuvo que salir por la puerta del conductor, pero además a ella no le apetecía despojarse de la ropa para ducharse.
El agua de la cuneta, atravesaba la carretera y se unía a un torrente con bastante caudal. Poner los pies allí sí que le sedujo, aunque resbaló y ya era innecesario tomar precauciones para no mojar la falda. El baño le salió completo incluso empapando su ropa interior.

-Si avanza un poco, podré poner también mi vehículo a refrescar.

Se trataba de un turista que compartía nuestra idea. Avancé unos metros, soportando el Mercedes la caída de aquellas aguas por su parte trasera, en tanto que el recién llegado se colocaba en mi puesto anterior. 
También salieron sus ocupantes, y se montó allí una tertulia de gozosos veraneantes. Carcajada va, carcajada viene, demoramos allí la estancia, no sin temer que podíamos entorpecer el paso a la posible circulación de otros vehículos.

Sin aguardar mudar la ropa, subimos al coche, reemprendimos la marcha y tras cruzarnos con un par de poblados de montaña, no pude resistirme a una invitación.
A nuestra derecha, un rótulo rústico, con una flecha indicativa, anunciaba:

 “ Dolmen a 3 Km”.

-¿Qué haces Carlos?. Que esto es otro camino que acabará mal.

-Esta vez no Tere. Si lo anuncian será por cuanto el vial será apto, aunque como camino.

Pedregoso lo era. Con muchas curvas también y con tramos de pendiente fuerte más aún. Pero al menos su ancho de cuatro metros no disminuía.

-Y ¿si se les ocurre a más viajeros subir por aquí, o los que lo hayan hecho quieran bajar?.

-Siempre pones pegas. Así no iríamos a ninguna parte. Tanto un caso como otro, tenemos tiempo de hacer una maniobra de medio aparcamiento. Nadie recorre estos caminos a mayor velocidad. Es lógico, estar prevenido.

Sin novedad llegamos al promontorio donde se podía aparcar y desde allí contemplamos el Dolmen.




La verdad, quedamos decepcionados. Teníamos la idea de los monumentos megalíticos mediante una concepción infantil. Los imaginábamos colosales. Al menos que tuvieran una altura bastante superior a la de una persona y que la losa que cubriera los pilares pudiera albergar a unos cuantos hechiceros practicando sus cánticos.


Pensándolo ya viendo la realidad, aquello que debieron erigir los pobladores de la edad de Piedra, resultaba ya una proeza colosal.

Se calcula que unos tres mil años a.c. los pobladores de estos parajes podían disponer de pocos más útiles que los conocidos de la edad de piedra. Y aunque fuera elevar aquellas moles de cientos de toneladas sobre unos pies derechos asimismo de gran tonelaje a más de un metro de altura, su realización, debía haberse ejecutado con inteligencia y cooperación del grupo humano.
La prueba del mérito queda demostrada en que este tipo de monumentos proliferan descubiertos y datados a miles de años de ser erigidos, sin detrimento alguno.

En cierta ocasión un descerebrado, para llamar la atención derribó uno de ellos, mediante una grúa. Costó mucho tiempo después, mediante la maquinaria moderna, colocar de nuevo la losa en su lugar.
Nuestros edificios actuales y monumentos, no serán capaces de resistir tantos milenios.
Visto el Dolmen, regresamos sin tropiezo alguno, a pesar de temer hallar más visitantes por el camino. 
Para finalizar la aventura atravesamos  el Parque Nacional de Aigües Tortes contemplando el Lago de Sant Maurici.



El recorrido, nos plació a los dos y nos abrió el apetito. Tal como prometí a Tere comimos y nos quedamos en un hotel donde pernoctamos.
Lo bueno quedaba para la mañana siguiente. Nos dirigiríamos a Torreciudad.


Parejas Perdurables II parte.

Sigue 7

La recomendación que nos dieron unos conocidos para que visitáramos algún día el Santuario de Torreciudad, pudimos seguirla después de desayunar.
Tardaríamos a lo sumo un par de horas. 
Por el camino fuimos recordando “Camino”, obra del fundador del Opus Dei, Monseñor Escrivá. No se nos ocurrió que treinta años después se le elevaría a la categoría de San José María Escrivá.


Así fue, cuando poco después de fallecido, merced a la solicitud de sus prosélitos, presentada al Papa de Roma, le fue concedida tal distinción.

Realizados los preliminares usuales de investigación, se le halló merecedor de tal título. Se habrían demostrado unos milagros atribuidos a su intervención.
Algo que resultó más humano y modesto, que la autoentronización del protagonista de El Palmar de Troya.

El fundador de la nueva iglesia de triste recuerdo, por el fraude económico que arrostró, Clemente se hizo llamar. Según él mismo, Dios directamente le nombró Papa.
Pero los que le entronizaron fueron sus propios discípulos sospechosamente interesados.

A media mañana ya entramos en el recinto de aquella obra solemne.

Nos impresionó, ver una construcción íntegramente erigida con tocho visto, sin revocar y de grandes proporciones.






Itinerario del Via Crucis.


El atrio para entrar al santuario, era una muestra de lo que hallaríamos en el interior.
No podía negarse que los fieles para edificar aquel templo allí, tuvieron que mostrarse generosos.
Esta Obra del Señor, claramente era algo más que para devotos religiosos. Amalgamando a políticos, se acreditó por los muchos años de intervención en las huestes del gobierno Franquista.

Al salir, seguimos las estaciones del vía crucis circundando el recinto del edificio principal. La vista maravillosa, dominando un acantilado sobre un ensanchamiento del río Cinca, hizo que nos congratuláramos por el acierto de la recomendación recibida.
No lo recuerdo bien, pero aparte de admirar el arte y el paisaje, pocas oraciones prodigaríamos allí Tere y yo.

El sol ya alto, dejaba caer sus rayos sin misericordia. Se preparaba una tarde tórrida. Emprendimos una rápida carrera dirección sur. Nos  detuvimos en Zuera cerca de Zaragoza.
No soportábamos el calor, lo que me hacía pensar que no queriendo aprovechar el frescor nocturno lo mejor era pernoctar allí.

Las calles de la ciudad eran igualmente un horno. Lo mismo el hotel sin aire acondicionado. La única escapatoria para suavizar la sensación de ahogo fue pasear hasta el cercano parque en la ribera del río Gállego.

Media hora de permanencia bajo la hojarasca del arbolado en la inmediación del río, bastó para ceder al agobio acumulado durante el viaje.

-Tere, este verano el calor arrecia. Tenía pensado recorrer la Extremadura, pero viendo que cuanto más avanzamos hacia el sur más irrespirable se hace el aire, propongo que pongamos marcha atrás y nos detengamos en el balneario de Vallfogona.

-Pues claro. Feliz me harás con lo que tanto siempre anhelé. El descanso apacible de los balnearios y sus baños en aguas termales.

Me alegré de haber acertado con mi propuesta ya que favorecía la economía del ocio.
Más de una vez pensé en lo costoso de los viajes con el coche. El caburante, el aparcamiento, los hospedajes en hoteles de tres estrellas y los extras ocasionales, ascendían a importes superiores a los que sin salir de Barcelona, podíamos haber afrontado incluso en hoteles de cinco estrellas.

Claro que nosotros no formábamos parte del Turismo en nuestro hogar, pero real es que morando allí durante medio siglo, no conocíamos ni la mitad de los lugares que aquellos visitan.

Una ilusión que tenía Tere también, era la de subir a los Buses Turísticos de Barcelona. A mí no me parecía de interés cuando con tantos años por mi propio trabajo, llevaba recorridos todos los itinerarios posibles, hasta los más recónditos lugares. Otra cosa es, apearse y hacer la verdadera excursión en los lugares típicos.
Pues no. A ella le entusismaba y tanto es así, que muchos años después, ya jubilada como yo, con su hermana realizó tal deseo. Subida como es natural al piso descubierto, que ofrece una perspectiva inusual de los barrios de la Ciudad.

Pero ya tomada la decisión, a la mañana siguiente con el frescor de la  madrugada, nos dirigimos al Balneario a mitad de camino de Barcelona.

Otro acierto.


Parejas Perdurables II parte. ( 8 )


Raro fue, pero a pesar de llegar al mediodía al Balneario, de nuevo con calor desmesurado según le correspondía por la época estival y quizás por el incipiente cambio climático, nos apeteció nadar en la piscina de agua termal.

Luego vino la ducha con agua fría y salimos frescos como una rosa. Así, dimos un paseo por los jardines, sin desentonar. Formamos un todo con la naturaleza.

-Aquí, se respira una tranquilidad que no me la concedió, ni la contemplación de los parajes de Torreciudad.

-Si lo analizas, Tere, es que allí estábamos envueltos con la masa turística, nada apacible. Ni al recrearnos con las obras de arte del templo, podíamos sentirnos ajenos a la multitud. Niños incluso llorando por aburrimiento y otros por gastarse bromas mutuas, no parar quietos. El jolgorio, interrumpido con frecuentes llamadas al silencio, no fueron lo más indicado para olvidar nuestra pertenencia al grupo.
Aquí, es distinto. Los clientes tienen nuestras mismas ansias de tranquilidad. Los grupos se enfrascan en conversaciones distendidas. Disfrutan como nosotros al enajenarse del mundo en estos bucólicos parajes.

Nos embarcamos en una de las tres piraguas del pequeño estanque. Los cisnes nos rodearon, seguramente por si les echábamos alguna migaja. Su belleza contribuía al bienestar que sentimos. Remando sin prisas, alcanzamos la orilla opuesta, donde los sauces llorones bañaban sus hojas extremas en el estanque.

A su sombra, nos tumbamos, resguardados de los rayos solares y nos sentimos románticos como hacía tiempo no fue.

Al presentarnos al comedor, seguimos notando aquél ambiente apacible. Las mesas, casi todas ocupadas por parejas, destacaban por el lucimiento de las prendas de vestir de las señoras y la seriedad de las de los caballeros. No me atreví yo, presentarme en pantalón corto. Ni mucho menos sin corbata. Es que el silencio enmarcaba la actitud de los comensales.
El camarero que nos acompañó a nuestra mesa, nos recomendó en un hilillo de voz, el menú.
Imbuidos por aquél ambiente Tere y yo nos hablamos cuchicheando. Imaginamos que también era el proceder de los demás.

Subimos a nuestra habitación, donde después de breve descanso, al que llamamos “mitgdiada”, nos mudamos con ropa campera y seguimos recorriendo los parajes del balneario. 
Un corro de tres parejas, jugaban a la petanca. Otro grupo, más atrevidos en la cancha de tenis. Más allá parejas solitarias daban a suponer que se echaban flores.



Nos anunciaron que después de la cena, podíamos asistir a la sala de baile, donde una orquesta actuaba tres días a la semana y hoy tocaba.

A Tere también le entusiasmó. Yo simplemente por complacerla, volví a vestir lo mejor de mi atuendo, muy limitado por la función que nos propusimos en disfrutar de un viaje aventurero impensado en acudir a festejos sociales.
Prescindiendo de mi innato temor al ridículo por realizar movimientos rítmicos al son de los compases, saqué a Tere a bailar. No me hubiera perdonado nunca, omitir tal protocolo, igual que cuando éramos novios.
Era una situación bien distinta. Antes por motivos egoístas y acaramelarla tragaba mi vergüenza. Ahora, por complacerla demostrando que la quería.
La música asimismo plácida y de compases lentos, seguía invitando al público a hablarse en susurros.

A media noche finalizó el festejo y pasamos a nuestro aposento decorado con exquisitez, para complementar la agradable velada. La disfrutamos mucho mejor que la noche rara, rara, de nuestra boda. 
Al menos esta vez, las duchas que tomamos, eran controladas, no como la resultante del bravío Mediterráneo echándose sobre nuestras cabezas. Y la consiguiente amigdalitis de Tere, que acabó con nuestro viaje de novios.

Por la mañana asistimos a las sesiones relajantes de terapias distintas, entre las de agua a presión, las de barro, los masajes y de nuevo la piscina.
Total este segundo día aún lo pasamos mejor conociendo todas las instalaciones, el trato del personal y la asistencia a cualquiera de nuestras apetencias.

De repente a Tere, se le impuso un ansia por saber de nuestros hijos.
Llamando a su madre, se calmó, al poder hablar con ella y los dos peques. Todos de maravilla. Nadie nos echaba en falta. Y de los mayores, ni de J. C. en la mili, ni el segundo con sus Boy Scouts, ni los tres en Tirvia, nada se sabía.

-Mujer, que quieres que hagan si siguen su estancia normal, ¿telefonear a diario, que están bien?. La mejor noticia que puedes recibir es la de no haber noticias.