miércoles, 18 de enero de 2012

Parejas perdurables II parte-1


Parejas Perdurables II parte. 1

Cap. 1 

-Carlos: tienes que poner remedio de alguna manera, o aquí no volvemos más.

Cada fin de semana, al llegar a la urbanización, frente a nuestra torre se juntaba una jauría de perros. Pero por más que los dispersáramos, no desaparecían. Por contra su número aumentaba.

-Hablaré con el Alcalde, es problema del Municipio. Que los recojan y atiendan en una perrera.

No tenía ninguna fe en lo que acababa de decir. El Municipio al que pertenecía Tarter, por minúsculo no disponía servicios municipales de ningún orden. ¿Cómo iban a hacerse cargo de la cantidad de perros abandonados que iban llegando a la urbanización?.

Los primeros perros que aparecieron, creí que eran de alguno de los parcelistas, pero me extrañaba que merodearan nuestra torre y no la de sus supuestos dueños.

-Carlos: no me gusta nada que los niños jueguen con los perros.

-Ya les prohibí que les dieran comida, pero su instinto es más fuerte que nuestro criterio.

La situación límite se produjo, cuando entre los siete perros que nos abordaban, dos de ellos al vernos llegar, se dirigían directamente a mis pies, lamiéndolos.

-¿Lo ves?. Te están pidiendo que los adoptes. ¿Qué harás?.

El corazón se me compungía. Aquellos perros, más que animales irracionales, parecían personas cuya única carencia era la facultad del habla. Pero sabían hacerse entender.
Venían a decirme:

¡Oh, señor! Apiádate de nosotros y admítenos en tu hogar, donde seremos felices con tus estimados hijos. No tenemos donde acudir y nos conformamos con tu aceptación y los mendrugos que tengas a bien arrojarnos. Además vigilaremos la torre en tus ausencias.

Se entendía perfectamente. Los niños encantados en que los admitiera, pero ¿No era curioso, que el instinto perruno, les indicara a quién de la familia debían dirigir la solicitud?.
No podía sacudirles patadas para deshacerme de ellos. Esto aún me dolería más. Y no era mi misión ocuparme de ellos que bastantes problemas me deparaban los ciento veinte habitantes en sus treinta y dos torres. Pero algo tenía que hacer.

El Alcalde me recibió con una idea preconcebida. Motivada por malas lenguas que indicaban que aquellos perros callejeros, de diversas razas, eran míos y les abandonaba semana tras semana por la urbanización.
¿De dónde sacaron las malas lenguas, tal conclusión?. Me temo que de la Sra. que regentaba una guardería perruna en el Pueblo cercano, interesada en que los trajera a sus instalaciones, claro…...pagando.

Investigué el motivo por el cual los perros abandonados durante toda la semana, ya que en Tarter solo lo habitaban los colonos los sábados y domingos, seguían merodeando sin buscar otros lares.

Lo solucioné inesperadamente, creando el servicio de basurero, pero mientras, el tiempo que tardé lo disfrutaron mis hijos, a escondidas de su madre.
Un día mi cuarto hijo, el más ilusionado por los juegos con la jauría, me llamó alarmado:

-Papá, el “gugu” ha caído en un pozo, detrás del peñasco del Castillo.

Le llamaron gugu a un perro grandote, desdentado con el pelaje negro azabache.
Les hacía especial gracia, verlo comer. El pobre se las deseaba dando vueltas a lo que pillaba para comer, imposibilitado de masticar, o roer. Sólo presionar con las encías.
Quizá esta sería la causa por la que los verdaderos dueños, lo abandonaran donde les pareció lugar idóneo. El Tarter.

Acompañé a mis hijos al lugar indicado. En una oquedad rocosa de poco diámetro y a un par de metros de profundidad, el gugu, emitía unos lastimeros quejidos.
Dada la pequeña dimensión, estaba cabeza abajo sin posibilidad de volverse. Y ni los niños podían entrar para agarrarlo a esta profundidad.
Si no se le sacaba de allí, fenecería tras días de sufrimiento e inanición. Fui a buscar un jalón y una cuerda. Hice un lazo escurridizo, lo uní al jalón y me dediqué a la pesca canina.
Costaba mucho hacer entrar el lazo al cuerpo del gugu. Inquieto con sus movimientos una y otra vez se lo sacudía.
Cuando lo logré apreté el nudo iniciando la ascensión.

De nuevo con los movimientos esporádicos, se escapaba el lazo, pero con el jalón, conseguí recorrerle una pata. Así, al apretar el lazo, se trabó con una pierna y sus genitales.
Estaba ya casi alcanzándolo con la mano, cuando ya izado metro y medio, empezó a aullar. Supuse el motivo, pero no podía dejarlo de nuevo para que sufriera en otros intentos.
Sin atender sus aullidos, aconsejé a mi hijo que le agarrara como pudiera y entre los dos acabamos por sacarlo indemne.
O esto supongo. Pues, al verse en superficie, entendió lo ocurrido y como ya hicieron otros perros conmigo, me lamió los pies en agradecimiento.

Los niños completaron su diversión meses después, al aparecer por la urbanización un gato casero de lo más vulgar blanco y negro.
Los perros no se atrevían a plantarle cara, mientras que el gugu, con una inconsciencia impropia de su raza, sí, lo hacía.
Esperaban ver que haría gugu, de conseguir esquivar los zarpazos del gato. ¿Le daría un beso?. ¿Le proporcionaría lametones?. Inimaginable la finalidad de agarrar a un gato con una boca desdentada.

Visto que los perros no causaban males mayores, Tere soportó el tiempo que allí permanecieron, antes no conseguí su alejamiento.
Y se sentía importante al ser la única fémina de la urbanización que tenía autonomía con su Renault para desplazarse hasta los comercios de la población vecina.
Los meses de verano se turnaban las amigas para acompañarla dos días a la semana. Y las tertulias proliferaron con las reuniones en cada uno de sus chalets.
Y a medida que transcurrían los años, crecía el número de habitantes con sus torres mientras se reducía el de los hijos que nos acompañaban.
Los mayores ya destinaban su ocio por otros conductos como correspondía a los estudiantes formando grupos de camaradería.

Los perros desaparecieron al formar un basurero lejos de las torres, estableciendo la recogida de desperdicios de fines de semana a la mañana siguiente, laboral.

También ayudó el que el lugar de pocos habitantes, lindante a Tarter, estaba promoviendo una Urbanización. Pero nada modesta como la que estaba creando yo, sino que se trataba de una gigante con previsión para veinte mil habitantes.

Aquello, me alarmó. De realizarse, daba al traste con mi progreso. No habría alcanzado el punto justo de desarrollo para sacar beneficio. Y todavía no resolví el problema de la financiación de la traída de electricidad.
Para postre este proyecto urbanizador, incluso esto le favorecía. Tenían la estación transformadora en sus límites. Lo que significaba instalación gratis, a cargo de FECSA.
Sin embargo, algo no encajaba. Mis temores se desvanecieron, en los años venideros por denuncias administrativas. 
El Alcalde del lugar, tuvo que responder por aprobar lo que se llamó una afrenta ecológica.


martes, 10 de enero de 2012


Parejas Perdurables (Continuación 82 )

A Rodriguez, fui a verle después de haber contado a Tere la fatalidad, por ella vaticinada.
La actitud irresponsable de Carrión, se debía a su esposa.
Cuando se lo conté a Tere, me expuso lo que leyó de aquella mujer, por sus miradas y posturas altaneras.

-Carlos, vi perfectamente que la mujer de Carrión, se sentía humillada ante nosotros, aunque no hiciéramos nada para provocarla.

-Por lo último discutido con Carrión, deduje que su mujer pretendía unos emolumentos extraordinarios para llevar el restaurante, aún en estado de experimentación. Y que de no ser así, allí solo permanecería siendo la dueña.

-Ya ves el complejo de inferioridad, le afloraba, con ínfulas de gran señora. No me extrañaría que nos odiara a ti y a mí. Considerará que su matrimonio no le permite el nivel social, que supone sea el nuestro. Hay que ver. Nos envidia. A saber que le contaría su marido sobre nosotros. Forzosamente, no la realidad, ya que como contable, la conoce de sobras.

La somera explicación que di a Rodríguez, le puso como siempre sobre aviso de todos los problemas legales que me amenazaban.

-Carlos, tu mujer no va desencaminada y esto tienes que solventarlo de inmediato. Cuanto más tardes en actuar, peor.

-A eso vengo, a decidir como resolverlo con mínimas consecuencias.

-Lo de costumbre. Si lo tiene ya registrado, obligarle a que acuda al Notario, realice nueva escritura anulando la anterior por error. Traelo de inmediato al Registro, para cancelar la anotación previa anterior.
Si no está registrada, acudir contigo al Notario levantando acta de cancelación de la escritura anterior asimismo por error. Y ya no se entrega al Registro.
Y por último, si está registrado de más de dos meses, una posibilidad sería que te escriturara a ti como comprador, aunque fuera por  
cesión gratuita.

-¿No es complicarlo?. Es otro gasto Notarial, y además los aranceles de Hacienda por comra-venta, son veinte veces mayores que los de simple declaración de obra nueva.

-Tal cual, Carlos. Tú decides. Si a lo que decidas, Carrión se opone, la alternativa, ya sabes, como siempre una demanda y quien se lleve la peor parte serás tú.

No tuve ocasión de volver a Tarter para requerir a Carrión. Fue él quien vino a verme en Barcelona.
Se excusó como pudo, visiblemente afectado por el desliz cometido. Fue su mujer que le puso entre la espada y la pared. O era la Señora de Tarter, propietaria del Restaurante, o le abandonaba con su hijo, que ya era mayorcito.

-Don Carlos, le ruego me permita seguir figurando como propietaria mi mujer, cambiando la superficie de terreno que ocupa el Restaurante, por la totalidad del terreno que me resta de las Has, que me regaló.

Aquella confesión me aclaraba definitivamente la doblez de Carrión.
Se había vendido once solares de la finca que puse a su nombre. Con ello disponía de dinero para al menos dos años por los vendidos a plazos, pero es que preparaban la venta también del Restaurante en poco tiempo.

Emigraron regresando a Barcelona, ya que el motivo por el cual vino a Tarter desapareció. Su hijo, halló un empleo y él ya tenía dinero para alquilar un piso decente  y posibilidades de ejercer la profesión.

-Me defraudó Ud, Carrión. Deposité mi confianza, creyendo en verdad que nos sentíamos unidos ante el infortunio, pero ha actuado como lo que se dice vulgarmente, “le tendí la mano y se tomó el brazo”.
Al vender contra lo aconsejado por mí, parte de la finca, ya levantó sospechas, pero luego viendo que se afanaba para levantar la urbanización me las desvaneció y si no voy al Notario para legalizar la obra nueva, ¿cuándo me habría enterado que Ud, se la había apropiado?.

No había forma ya de seguir con él. Prometió que anularía él mismo su escritura.
Dos semanas después, aún no había cumplido su promesa, por lo cual con otra entrevista, le dí una semana de tiempo, o recibiría la consabida demanda Judicial.
Se excusó de nuevo. No quería acudir su mujer al Notario, cosa que era imprescindible si figuraba como propietaria.
Lo consiguió, ignoro como. Desde luego, a regañadientes firmó su mujer, con lo que permutamos una declaración errónea fallida, por la mía tras un mes de zozobra.
No volví a ver más a Carrión y familia, que por supuesto un careo, hubiera sido repelente.

Y tal como preví, ahora dependería exclusivamente del equipo de vendedores por muchos años.
El colofón de tal desventura, lo reviví, cinco años después, cuando ya mis hijos mayores iniciaban estudios superiores.
Estaba atendiendo a una visitadora para captar estudiantes de informática. Era la moda. Nadie conocía nada de esta nueva técnica, pero unas máquinas de tamaños portentosos, figuraban ya en las empresas de solera. 

Los ordenadores, eran conocidos por su capacidad de obtención de datos, a partir de antes haberlos alimentado con ellos, pero realizaban una labor matemática con una celeridad superior al cerebro humano.
Igual de ignorante que el resto de la ciudadanía de a pié, me hallaba yo a este respecto, pero veía lógico que a no tardar la sociedad derivaría hacia este nuevo mundo informático.
Había pocos técnicos que pudieran manejar estas máquinas colosales. Y se requería mucha preparación y demostrar experiencia para que le admitieran al manejo de estos esperpentos de veinte metros de longitud, lo que permitía obtener buenas retribuciones.

Desde luego lacapacidad de aquellas máquinas a pesar de su colosales dimensiones no llegaba ni a la centésima de cualquiera de los ordenadores personales que se popularizaron cinco años después.

Cuando yo inicié mis estudio de Ingeniero, se propalaba la conveniencia de estudiar la electrónica, “la base del futuro”. En pocos años se divulgó de tal manera que pasó a ser una asignatura más de las que quedaron relegadas a un capítulo. Pues ahora esta Srta, veinte años después venía a decir lo mismo para la informática.

Se lo aconsejé a mi tercer hijo, que aceptó, por lo cual di la conformidad a la captadora visitante, y tres años después ya era mi hijo quien daba clases.

Pues bien Tere que por aquél tiempo era mi secretaria, me anunció la visita de unos jóvenes de nombre desconocido por mí.

-Diles que aguarden que acabo en seguida. Estoy firmando la matriculación de Jordi para informática.

Al entrar al despacho dos jóvenes un chico y una chica, se presentaron como hijos de Carrión.
Aquello era una bomba. ¿De dónde surgían?. ¿Porqué, si era hijos de Carrión, no tuve su conocimiento?. ¿Porqué no usaban su apellido?.

A medida que se explicaron, fui comprendiendo muchas cosas de Carrión. Tenía una doble vida y ya me importaba poco conocer detalles pero las cosas encajaban.

Aquella pareja que tenía ante mí, eran fruto de su matrimonio en Valencia, donde él acudía de vez en cuando y no sé si para sacar dinero, o para dejar. Y la mujer de Tarter era con la que tenía al hijo que conocí. En verdad, o mantenía él a dos familias, o la mujer de Valencia le mantenía a él. Es igual, no lo sabré ni me interesa.

Los hijos frente a mí me anunciaron el fallecimiento de su padre en uno de los viajes de ida a Valencia, por accidente en carretera con el coche que manejaba.
Y ahora como herederos, me ofrecían a buen precio, el resto de la finca de Tarter.

¡Pues, qué bien!. Esto era el regodeo, incluso después de morir.







Parejas Perdurables (Continuación 82 a)


La visita de los hijos de Carrión, se produjo cuando por mi cuenta y riesgo, sin equipo de apoyo, aparte del de los vendedores, tramitaba con FECSA la traída de electricidad a Tarter.


Debía acusar pues la ayuda, de Roano y su segundo, Pelón, pero pocos años después se repitió la historia de los ya numerosos colaboradores que a semejanza del dios Jano, disponían de dos caras.


Mis colaboradores, mostraban la cara de cordero obediente por intereses mutuos. Una vez consolidados en su estatus, sin ambages mostraban la del lobo en arras a su lucro personal.
¡ Y lo lograron!.


Franco había muerto, con lo que la era de la Dictadura Franquista Española se acabó. España iniciaba una nueva etapa : la de un Reino Demócrata, que de inventiva no nos falta.
Asimismo, se acabó la etapa de las Parejas Perdurables citadas, en su faceta de formar un hogar e incrementar familia.
La nueva etapa en que como diáspora la prole formaría sus propios nidos, la trataré en una segunda parte de esta narrativa.


Me tomaré al menos otro año para ello, aunque con menos capítulos, para no cansar. Sin embargo, al menos hoy, haré mención de cómo me sacudí de encima a los hermanos Carrión.


-Justo cuando daba por descontado que tendría que prescindir en la Urbanización de la Hectárea que le resta a su Sr. Padre, por no tener noticias desde años, aparecen Uds.


-Los tres últimos los pasó con nosotros en Valencia la mayor parte del tiempo, por lo cual se desenvolvía laboralmente allí. Los viajes a Barcelona fueron esporádicos, hasta el día macabro.


-Pues su terreno, no integrado en el proyecto de Urbanización, por desestimarlo su Padre, carece de valor, a menos que contribuyan en la parte proporcional para la electrificación que ya sin este incremento de posibles solares, asciende a muchos millones de pesetas. FECSA, me obliga a financiar la traída de 6 Km. de línea en Alta tensión, desde el transformador más cercano hasta el centro de Tarter. Y luego tendré que realizar otra inversión para, distribuir la línea en Baja tensión por todas las calles.


Tal como imaginé, desconocían el origen de su propiedad. Tampoco sabían de la jugarreta final que me hizo, ni los problemas que las parcelas que segregó causaron a sus compradores, perdiendo uno de ellos su inversión al negarse a contribuir con el correspondiente rateo.


Con el rabo entrepiernas salieron de mi despacho. Por lo visto, la herencia que les dejó su padre, fueron deudas y orientados por su madre, esperaban con tal venta, sufragarlas.
Esta vez sí que la aventura Carrión, quedó definitivamente archivada.


Volviendo a mi labor en Tarter, para hacer un poco más confortable la estancia a Tere, ya que estaba de nuevo sin servicio en la urbanización desde la partida de Carrión, adquirí un grupo electrógeno a gasóleo de 50 C.V. trifásico, con lo que me atreví a suministrar un mínimo de potencia de 5 A. a 220 V para a lo sumo, cien viviendas.


El tendido provisional por las calles de los que lo solicitaban, lo realicé a falta de capital para un tendido definitivo, yo mismo con la ayuda de mis hijos mayores. 
Pasamos cables de revestimiento sumergible en agua, una parte por el suelo bajo las aceras y el resto colgado en postes de madera embreados, o creosotados.
Era dinero tirado, ya que una vez se obtuviera la traída eléctrica por parte de FECSA, no serviría lo instalado para nada.


Sin embargo, el que unos veinticinco vecinos pudieran disfrutar de alumbrado, nevera y televisor, era un paso muy eficaz para seguir promocionando ventas.
En eso obtuve todo el apoyo de Roano que incluso se brindó de inspector, para asegurar que los parcelistas no introdujeran aparatos eléctricos de fuerte consumo en sus torres, dada la poca potencia que se les podía suministrar. De no cumplir esta premisa, las averías y cortes de corriente, se hubieran generalizado.


La Burra, como se le llamaba al grupo electrógeno, la instalé a mitad de camino entre la balsa captora del agua del torrente y el Restaurante.
A pesar de hallarse distante y en una vertiente inferior, el ruido era atroz. Le puse un silenciador, y además la aislé cobijándola en una barraca de cuatro por cuatro metros con las tochanas recubiertas de porexpan. Y el tubo de escape, mediante un silencioso, lo enterré, aflorando lo imprescindible.


Con todo, de día no se escuchaba, pero con el silencio de la noche, se oía desde el Restaurante, aunque ya sin molestar.
Por aquellos días, proliferaron y se pusieron de moda con la rapidez de una epidemia, las tiendas de Videos en alquiler.


Se me ocurrió que si los vendedores se hacían cargo, podía traer un televisor de color y semanalmente media docena de vídeos alquilados para amenizar los atardeceres, ya que la instalación eléctrica funcionaba a la perfección.
Durante un verano aquello, resultó buena idea, hasta que la gente tuvo en sus propias torres televisores y videos.
Para seguir dando vida y mientras se buscaba un posible regente del Restaurante, Roano organizó bailes para las verbenas. 


Les permitía alumbrado hasta las doce de media noche, no poniendo en marcha la Burra de nuevo, hasta las nueve de la mañana.
Pero los días de Verbena señalada, les permitía hasta las dos de la madrugada aproximadamente, ya que calculaba la cantidad de gasóleo suministrado hasta esta hora.

Los demás días tenía que bajar a parar el generador, a las doce cosa muy incómoda. El regreso, a oscuras mientras que todo el mundo se había metido en cama cuando disponían de alumbrado.
Esto al llegar los fines de semana invernales, se hizo harto desagradable. Más los días lluviosos. 
Lo solventé con un nuevo tendido de cable para instalar el accionamiento eléctomagnético, que desde mi cama, a las doce lo pulsaba, cerrando el suministro a los inyectores de la Burra.


Otro problema era que al ser ya bastante concurrido el Tarter, me convertí en el pito del sereno. Debía acudir para solventar instalaciones, para dar soluciones de construcción, preparar planos para los que iban a realizar su propia torre, señalar solares en venta, conectar acometidas de agua, enfín, que ocupado por cualquier asunto en un confín de Tarter alguna vez se cortó el suministro de la Burra. Antes no podía dedicar mi atención en su resolución, transcurrían horas.


Manera de seguir apañándome sin contratar personal, una lección a mis hijos.
A excepción de la niña por demasiado pequeña, cité a los seis varones para que acudieran a ver como preparaba y ponía en marcha al generador.


-Fijaros bien que lo voy a realizar lentamente y si hace falta lo repetiré, pero aparte de ser el procedimiento lógico, conviene realizarlo en los veintitrés pasos sin olvidar ninguno, ya que son garantía de funcionamiento sin problemas por muchas horas.


Les indiqué cómo asegurarse de los niveles de agua, aceite, gasóleo, para una previsión de dieciséis horas.
Cómo controlar las revoluciones, la frecuencia, la temperatura, la distribución de las fases ya que todo estaba contemplado mediante indicadores.
Al parecer ya lo entendieron y así les dije:


-Bien ahora cada uno lo pondrá en marcha y lo parará.


El mayor se saltó una operación de las primeras diez.
El segundo, se equivocó en la dieciocho, pero ya vieron todos como aquello se aprendía con rapidez. El tercero al realizar la operación diecinueve, saltó el peque.


-No, no es así. Ahora hay que igualar la tensión de las tres fases.


Pues así era. Me sorprendí, puesto que no pensaba en ningún momento permitirle a él siquiera intentar ponerlo en marcha estando yo presente.


Pues el peque fue quien no erró ni un paso. Con los años, demostró una especial recepción de lo que se le enseñaba. Por poco, su facilidad de comprensión e inteligencia nata, estuvo a punto de costarle un disgusto, en su carrera.
Entendía las explicaciones del profesor, y con ello descuidaba estudiar. Salía bien en los exámenes, hasta que su pertinaz abstención le atrasó respecto sus compañeros. Aquél año, para aprobar tuvo por fin que estudiar.


Una vez Tere inserta en nuestro nuevo hábitat veraniego, reconoció que allí también tendría amigas con quienes podría entablar palique y que la selva ya no lo era tanto.


Y en los años de asistencia a Tarter se desarrolló la segunda etapa de la vida de las parejas de nuestro entorno social. Como dije cada cual con sus particulares circunstancias, vivieron lo básico de forma muy similar.

Saludos de Avicarlos
FIN 1ª Parte.

jueves, 5 de enero de 2012


Parejas Perdurables (Continuación 81 )

Estaba dando vueltas a lo comentado por Carrión, sobre la Urbanización Santa María, relativo a la isla mayor enclavada en Cubera.

Deduje que se procedía allí también a una reparcelación, dividiéndola en dos islas al ser atravesada diagonalmente, con una calle en proyecto. Y no se hablaba de ningún PERI. Era decisión, a dedo.

Como mis problemas en Tarter ya me distraían suficiente, postergué ahondar en este nuevo de Cubera, para cuando me hallara con ánimos suficientes para encararme con el Ayuntamiento.
No se trataba de un Alcalde ahora, pues el que me dio guerra sin cuartel, ya se perdió en el olvido. En todo caso, serían reminiscencias por intereses de alguien para obtener ignorado beneficio.

Así fue, pues años después, al decidir mi intervención renovada, supe la razón y su procedencia. Una aberración, de despropósitos continuados, que colea aún en la actualidad.

Al verme con Carrión en el Tarter, le confesé que tenía mis sospechas de lo que estaba ocurriendo con Santa María, por lo que aguardaría unos años más antes de reemprender acciones.

-Debemos concentrarnos en activar el desarrollo de Tarter. No es suficiente una campaña publicitaria, debemos realizar mejoras ostentosas y ofrecer motivos lúdicos para los posibles clientes.

-El Alcalde, propuso que con los jóvenes colonos de Tarter, formáramos un equipo de fútbol. Los fines de semana, también vendrían para practicar el deporte, los jóvenes de las distintas entidades que formaban el Municipio.

-Sí, no está mal. Un aliciente para las familias que nos visitan, pero aún son muy pocos los jóvenes asiduos en acudir los fines de semana, nos pasamos entre niños, menores, y los ya maduritos en exceso.
-Los vendedores, ya se apuntarían. A ellos les viene de perillas.

Así fue. El equipo de vendedores con su cabecilla Roano y su segundo Pelón, fueron los organizadores de equipos para entreno los fines de semana. Improvisaron una Competición Tarteros- Vecinos, para finalizar al tiempo que se iniciara la temporada de cacería. Prácticamente, serían los mismos componentes, futbolistas  y cazadores.

-      -Tere, los niños ya tendrán mayor aliciente en Tarter. Verás como al final les entusiasmará.

-     - No a mí. Cuando ya teníamos amistades en Santa María y nos desenvolvíamos con verdadero placer disfrutando de juegos, reuniones y un magnífico paisaje marino, nos internamos en un bosque, lleno de peligros y aislados del mundo civilizado.


-   - Hija, no te pases. Ya viste como lo transformé. Aislados no lo estamos. Tienes el coche que te regalé para que puedas sin ninguna dificultad acudir a mercados, o tiendas de los pueblos vecinos. Está avisado el farmacéutico y el médico más cercano. Recibirás el correo a diario durante el verano.

Efectivamente, en aquellos días, ya tenía buen cariz la urbanización. Lo que le faltaba aparte del suministro eléctrico por no haberse inventado aún, eran los teléfonos móviles, o celulares. Claro ahora, con los Ipod, también resultan obsoletos.

Y  la torre que inauguraríamos, estaba verdaderamente enclavada en un entorno de espesura boscosa.
Para su construcción, talé y limpié un mínimo de terreno, imprescindible para formar un jardín y una barbacoa.

Al eliminar considerable cantidad de pinos concentrados, su estado raquítico, no me causaba piedad ni desazón, pero uno, a un metro de los cimientos proyectados, parecía destacar de entre sus hermanos, con un cuerpo visible de pino añoso, y ramaje exuberante.

Hice un cerco a su alrededor, lo podé y procedí a defenderle de inclemencias meteorológicas, supliendo sequía por riego moderado.
Me lo agradeció un par de años, pero al tercero, con el ánimo compungido, no tuve más remedio que proceder lo mismo que anteriormente hice con sus congéneres: Talarlo.

Se convirtió en un hermoso gigante cuya altura doblaba la del tejado de la torre. Sus ramas, de grosor considerable barrían las paredes al movimiento inducido por el viento y deduje que sus raíces no visibles, eran las que resquebrajaron la acera alrededor del chalet, levantándola y amenazando hacer lo mismo con los cimientos.

Aquél invierno, aún preferimos no estrenar el chalet de Tarter. Lo haríamos al final de curso. Los niños invitaron a sus amigos para que les visitaran.
Ya vendí la torre de Pierola y lo más práctico para los fines de semana, resultó alquilar un apartamento en Castelldefels, a dieciséis kilómetros de Barcelona, lo que era un paseo.

La sorpresa inicial de hallar uno a primera línea del mar a tan bajo precio de alquiler, se desvaneció, al segundo día de su ocupación.

-Carlos, es raro que un apartamento en sexto piso de altura dominando el maravilloso panorama Mediterráneo, nos lo alquilen tan barato.

-Lo atribuyo a que le sacarán partido en verano, por eso nos cobra por adelantado dos meses. Seguro que al vencimiento nos pedirá otro precio.

No era exactamente esto. La prueba es que nuestra segunda ocupación, ya que era de fines de semana, fue la última.
Rehusamos reclamar dinero alguno, ya que lo pagado por anticipado, según trato, no admitía devolución.

El primer sábado llegamos a tomar posesión del apartamento, a medio día. Mientras los niños jugueteaban por las inmediaciones, Tere, tomaba posesión de su reino culinario. Le ayudé a preparar algunos canapés mientras ella procedía a cocinar un suculento caldo reconfortante. Era apetecible, dada la humedad fría reinante como era natural en invierno frente al mar.

La tarde la disfrutamos, paseando por una playa sin alma viviente.
Por la tarde, acudimos al único bar que abría en invierno. Charlamos con el dueño, que se lamentaba de la tremenda diferencia entre una temporada invernal y la veraniega. No se atrevía a amplir el negocio, que le comportaba más personal fijo y que no rentaba durante siete meses al año.
Se extrañó que fuéramos inquilinos del edificio de marras. Sin embargo, no hizo comentarios.

Después de ver la tele en la habitación, nos dispusimos a dormir en los tres dormitorios que disponía el apartamento. Nos distribuimos ocupándolos, además del sofá cama del comedor-sala de estar.

De dos en dos, copábamos su capacidad, ya que J.C. iniciaba su prevista emancipación, quedándose en Barcelona, a sus anchas.

Las doce de la media noche, en edificio desocupado, a una altura del suelo de veinte metros, el ulular del viento encogía el alma.

Bueno, también hacía que te agarraras bien a la pareja que brindaba calor y seguridad. Muy bien. A dormir, o lo que sea.

Diez minutos después al ulular del viento, se sumó el tintineo de unos vasos sobre la mesita de noche. Y un ligero temblor, acusado por la lámpara colgante. Y un traqueteo ruidoso, claro procedente del paso de un mercancías por las vías del tren a treinta metros de distancia del edificio por su parte trasera.

-Niños, no tengáis miedo, esto es por retumbar el traqueteo del tren hasta la altura en que nos hallamos. Dormid tranquilos.

Veinte minutos más tarde se repite la función. Nos volvimos a despertar todos. Y siguió una y otra vez.
Contamos once pasos de trenes ascendentes y ocho de descendentes. Los mercancías aprovechaban sus viajes nocturnos por ofrecer menos impedimentos a los trayectos diurnos turísticos.

No resistimos la segunda semana, y preferimos quedarnos en Barcelona, cambiando hábitos.



Parejas Perdurables (Continuación 81 a)

Al restaurar viviendas antiguas al pié del castillo, una higuera estorbaba, impidiendo una necesaria ampliación. La vimos decrépita, aunque con alguna rama llena de vigor y el tronco desde su emerger del suelo con visibles raíces, era corpulento pero parcialmente dañado.

Sabía de la extrema resistencia de este frutal. Y después de lo experimentado con el pino levantando la acera y cimientos de la torre, me temí lo peor.

Procedí a su tala incluso eliminando el tocón a ras, aserrando el máximo de raíces visibles. Como pareciese una extinción total del arcaico árbol, procedí las obras, pensando en que a su término el lugar ocupado por la higuera, sería el garaje de nuestros vehículos y almacén de áperos, herramientas y maquinaria.
Al siguiente año, me llamó la atención el resurgimiento de la higuera. Las raíces se engrosaron y extrañamente revitalizaron a un nuevo brote.

Repetí mi labor “arboricida”, al asesinar a aquel neonato árbol, excavando una profundidad de medio metro eliminando raíces. Sabía que esto era utópico, pues las raíces de una higuera, lo mismo abarcan un recinto de varios metros, como cientos.
Esto lo sabía desde mi tiempo de levantamientos topográficos en fincas rurales. Me contó un lugareño el litigio que tuvo con su vecino por culpa de una higuera cercana a su linde.

Había empleado un capital en la construcción de un pozo en su campo de secano, sin hallar agua. Para que no resultara baldía  la labor realizada, lo utilizó como aljibe, ya que las lluvias eran escasas.
El tercer año, el aljibe perdía agua, por lo que su nivel no subía por más lluvia que lo alimentara. Al reparar las grietas, vio la causa. Una raíz de higuera se metía por las grietas del cemento.
Y no había más higuera en lontananza que la del vecino a más de cien metros del aljibe.

La discusión fue por cuanto las leyes de buena vecindad en predios agrícolas, prohíben mantener arbolado de savia dulce, a menos de veinticinco metros del linde vecinal y aquella higuera, se hallaba a escasos seis.
Sin embargo reconoció que el problema hubiera sido el mismo de cumplir con lo reglamentado, ya que a la higuera, ni cien metros más la hubieran impedido que fuera a beber del manantial apetecido, cuando en su alrededor dominaba la sequedad. Eso sí, quizá hubiera tardado algunos años más en conseguirlo.

Con esta experiencia en mi memoria, una vez descalzadas las raíces  aserré las diversas ramificaciones en esta profundidad.
A continuación, empleé varios litros de ácido sulfúrico, para cicatrizarla y luego, al hoyo de medio metro, le vertí doscientos kilos de concreto.

Una vez fraguado el relleno del hoyo, nivelé el suelo y lo dejé apto para enlosar, cosa que estaba tentado de realizar por mi mano prescindiendo de los albañiles.
Le conté a Tere lo avanzadas que estaban las obras y que a partir del verano ya podíamos ocupar lo que llamé Torre Pairal por haberle habilitado doce dormitorios. Como si de un hotel se tratara.

Pensaba en que los amigos de de nuestros hijos, usualmente invasores del hogar en Barcelona, podrían por invitación, también visitarles en Tarter pasando la noche si se terciaba.

Era curioso como los compañeros colegiales de nuestros hijos eran asiduos también en sus juegos en nuestro hogar. Jamás al revés.
Posiblemente la razón estribaba en que con nosotros, veían una continuidad del colegio más animada, además que de un espacio mayor que el disponible por ellos ellos en sus casas.

-Este sábado, Carrión nos invita a la comida inaugural del Restaurante. Y la paga él. Su mujer hace de cocinera y su hijo de camarero. Carrión, de Barman y maitre. Un acontecimiento.

-¿Pensaste en el destino del Restaurante?. ¿De qué se nutrirá, durante el tiempo que se precise antes no sea conocido y acudan clientes?.

-Carrión, lo administrará mientras yo busco a alguien interesado, al ver su puesta en marcha. Y de ser necesario, le ofrecería al posible regente, la casi gratuidad del local durante diez años, o venta por un valor simbólico. Lo que interesa es dar vida a la Urbanización.

La comida inesperadamente, resultó mucho mejor de lo razonable.
Entre mi familia, la de Carrión y otros catorce comensales desconocidos, nos hallábamos como si de un restaurante normal se tratara, con veintiséis personas ocupándolo, mediante doce mesas.
Y el hecho de haber diseñado el edificio con aseos exteriores y otros interiores, daban prestigio a la Sala Comedor, cuya única conexión con el resto de dependencias, era la barra frente a la entrada.

Felicité a Carrión por haber superado la prueba. Había ubicado en la cocina a otras tres encimeras para proceder a la elaboración del menú. Ayudó a su mujer una cocinera Gallega, esposa de uno de los comensales. Y también me di cuenta del aumento de neveras al lado de la barra. También el menaje, era nuevo.
Total, aquello sería objeto de una factura de la cual Carrión no hizo mención.

-¿Qué te pareció Tere?, ¿No ves futuro al Restaurante?.

-Muy lejano, pero no a manos de esa mujer.

-¿Qué quieres decir?. La cocinera gallega solo era provisional para el evento.

-No. La mujer de Carrión, no me da buenas vibraciones

A mí, ni fú, ni fa. A quien tenía que satisfacer aquella mujer, era a su marido y por lo visto, se entendían a la perfección. El trato yo lo tenía con Carrión, no con su mujer, pero ya Tere me puso la mosca tras la oreja.

Nuestra relación empezó a agriarse, al presentarme dos meses después, en pleno verano y con una incipiente asiduidad de clientela, una factura de material de menaje y aparatos culinarios adquiridos sin consulta alguna.

-Lo menos que podía haber hecho era que pretendía dotar al restaurante de este menaje y aparatos, máxime cuando no son de importe baladí.

-Don Carlos, tenga en cuenta que redunda en el negocio. Al fin y al cabo este material es suyo.

Cuando lo supo Tere, volvió al ataque.

-¿Te sorprende?.Es su mujer que le induce actuar así. Mejor te liberes de ellos.

-Pero, Tere, es que se trata de mi brazo derecho aquí en el Tarter. Si le doy un ultimátum, me expongo a depender directamente del equipo de vendedores. Serían ellos los que se moverían para buscar un regente del Restaurante. Y para ello, no tengo más remedio que ir a declarar la obra nueva Notarialmente y segregarla del resto de finca matriz.

Decidido, me presenté a la Notaría del vecino Pueblo, al que concentraba las operaciones de Tarter.

-Don Carlos, esta redacción de límites ¿es correcta?.

-Pues sí Señoría, le acompaño la escritura de la finca matriz.

-Tendrá que modificar algo de estos datos, pues el Registro de la Propiedad, así, no se lo aceptarán. Son una duplicidad de propiedad.

-¿Cómo?. Si las únicas segregaciones con declaración de obra que llevo realizadas, no son más que las torres de planta baja y lo próximo será un grupo de pareados. ¿A cual duplicidad se refiere?.

-Pues los datos idénticos que un tal Carrión, trajo a favor de su mujer.

¡¡¡ Ya….!!!