miércoles, 9 de febrero de 2011

Parejas perdurables. (Continuación 9ª)

Aquella sentida angustia, ahora a tantos años vista, entiendo que se trataba de un conato de depresión, al que la imagen de Tere y el deseo de crear una familia, disolvió sus perniciosos efectos. Noté que mi orfandad en los últimos años, la paliaba con las frecuentes visitas a los vecinos, que eran sus padres.

Historial de la 1ª Bandera de paracaidistas ROGER DE FLOR referenciado en este relato:

La creación de las Fuerzas Paracaidistas del Ejército de Tierra español se remonta al 17 de octubre de 1953, siendo Ministro de la Guerra el general Muñoz Grandes. Se le encomienda la misión al comandante Tomás Pallás Sierra, que junto a 8 oficiales, 12 suboficiales y 149 de tropa formarán el primer curso de paracaidista, con lo que nace la I Bandera Paracaidista y recibe el nombre de "Roger de Flor", en memoria del famoso caudillo almogávar al servicio de la Corona de Aragón durante el siglo XV.

El 23 de febrero de 1954 se realiza el primer lanzamiento paracaidista desde aviones Junkers y Savoia, utilizando paracaídas modelo T-6, en Alcantarilla (Murcia), siendo esta una fecha que se celebra todos los años.

La Bandera se instala en el Acuartelamiento Lepanto (Alcalá de Henares), antiguo cuartel de Caballería, en 1955.

Actualmente, la I Bandera de Paracaidistas se aloja en la nueva Base "Principe" en el Término Municipal de Paracuellos de Jarama

Fachada del Cuartel, adyacente a La Universidad.

Carro de combate de Caballería, en 1955 . Modelo M24 cedido por EEUU, al ejército Español .

En la última carta que envié a Tere, le pedí notificara mi próximo regreso a la Sra. Agustina, que tuvo la amabilidad (aunque pagada) de mantener la habitación ocupada durante los seis meses con mis pertrechos y el tablero de dibujo con el paralex, (regla graduada ya obsoleta que abarcaba los 1,2 metros desplazándose paralela fija ).

Me daba un mes más de plazo para desocuparla, al obtener un piso idóneo de alquiler. Lo buscaría módico, pero céntrico, ya que se convertiría en mi primera vivienda-despacho.

Le conté como ansiaba volver a verla y saludar a sus padres, (aunque me estaba delatando veladamente). Tenía que resistir mis impulsos y cumplir con mi decisión, de declararme en persona en los bellos jardines de "La Masía". Era una sala de baile de moda, establecida en extrarradios de Barcelona, donde ya había acudido anteriormente, pero no con ella.
Y para no mostrarme más obvio, omití darle los datos del día y medio de locomoción que usaría. Al menos evitar el, por otro lado apetecido, recibimiento a mi llegada en la estación.

Parejas perdurables

Tere lo recuerda así:

Después de rechazar a Juanito, me quedé con la desagradable sensación de haber reaccionado con demasiada brusquedad por la manera que le dije sin contemplaciones que era por su estatura. Claro que si él no hubiera insistido tanto en saber el motivo de mi poco interés en su persona, me lo habría callado.

Cuando recibí la carta de Carlos, esa que iba solo dirigida mí y ver el encabezamiento, noté algo raro, como si alguien me estuviera oprimiendo el estómago acelerando los latidos del corazón

Mientras leía la carta de Carlos, me di cuenta que esa sensación tan nueva, ese corte de respiración, nunca lo había sentido. Era una mezcla de inquietud y de curiosidad por la novedad que me representaba. Con el paso del tiempo supe que vulgarmente se llamaba mariposas en el estómago.

Diecisiete años de aquellos tiempos, corresponden a los trece o catorce de ahora. O sea casi una niña. Sin ningún tipo de experiencia en nada.

Con mi amiga ya hablamos de esa salida que Carlos y sus amigos nos proponían para encontrarnos en la Diagonal, para pasear y conocernos en persona, los que aún no se conocían. Ella sabía mi rechazo hacia Juanito y me preguntó si Carlos me gustaba. Recuerdo que fui bastante evasiva le dije que sí, pero que también me gustaban todos los artistas que tenía en las paredes de mi habitación. Nos reímos mucho cuando me dijo “esos no cuentan, esos nos gustan a todas, y no están a nuestro alcance.”

En realidad tenía razón, eran para soñar despiertas.

Nos enfrascamos en la novedad de esa salida, con los que estaban a punto de regresar a sus casas.

A mi amiga le parecía que después de cartearse durante meses, conocía bastante al “pobre chico”, pero ahora también sentía una sensación nueva. Una cosa era charlar y dar consejos de las películas bonitas, y la otra era conocerse en persona.

Estábamos las dos muy intrigadas, en cómo iría esa primera salida. ¿Tendríamos temas de los que hablar?

Yo estaba menos apurada, porque Carlos no era un desconocido. Pero…si, había ese pero como una espada de Damocles encima nuestro. Igual en persona no congeniábamos las tres parejas que saldríamos.

Comunicarse por carta era una cosa, y otra muy diferente sería hacerlo frente a frente Y así sin darnos cuenta entramos en otra etapa de nuestras vidas. Pasamos de ser unas niñas a ser casi unas mujeres.


domingo, 6 de febrero de 2011


Parejas perdurables (continuación 8ª)

A fines de Julio cancelé mi trato con la oficina de Madrid. Por el calor, el itinerario entre Atocha y Pza. España, se convirtió en un Vía Crucis, de un mínimo de siete cañas de cerveza en otras tantas tascas. Y en la oficina nos esperaba el botijo comunitario con agua anisada.

En estas condiciones el trabajo se hacía pesado y entre el coste del ferrocarril y lo erogado por las tascas, se iba casi todo lo a devengar. Disponía ya de algún dinero y no valía la pena seguir.

Con mis compañeros, el mes de Agosto, último para licenciarnos, en un vergel del río Henares, disfrutábamos del frescor y las zambullidas esporádicas, practicando natación. El lugar no distaba ni un kilómetro de la Plaza Cervantes. Era ideal para zafarnos del bochornoso calor veraniego y contar chascarrillos.

Este lugar años después por desvío del cauce, en atención a la contaminación y a la ampliación de la base de Torrejón de Ardoz, desapareció.
Soportales de la calle donde se albergaban el máximo de tascas de Alcalá, seguidas alegremente por nosotros, al frescor del atardecer.

Un veterano, nos contó un curioso suceso del año anterior con los paracaidistas .
La Mascota de los paracaidistas, era una mona menuda. El equivalente a la cabra de los Legionarios. Y no faltaba en los desfiles con uniforme a su medida. Orgullosos de ella se hallaban hasta tal punto, que no podía faltar en las prácticas semanales de salto desde los aviones. También llevaba un paracaídas a su medida.
Se lanzaba el Cabo primera del grupo, con la mascota a cuestas. A mitad trayecto en el aire, le tiraba de su anilla.
Era la mascota, veterana como la tropa de su unidad y parecía que le divertía este ejercicio. Esto, así fue hasta el día que no se le abrió a tiempo. Horrorizados sus hermanos humanos, vieron como caía dando raros tumbos y emitiendo chillidos, hasta el inevitable encuentro con el suelo.

Se levantó, arrastrando el paquete del paracaídas y fue a abrazarse al primero que aterrizó. Milagrosamente, indemne, parecía consolarse con la tropa, pero ya rehusó posteriores saltos.

Aquello me hizo pensar en el riesgo de los soldados con tal práctica obligatoria entre una y dos veces semanales. La seguridad era alta, pero no absoluta.
Y mi pensamiento agorero, se materializó a la mañana siguiente.

Lo sabría Tere en mi próxima misiva.
Aquella noche, mi sentimiento mezcla de nostalgia por mi pasado familiar y tristeza por la vivencia de unas horas antes, fue la primera vez que encabecé la carta con : “Mi querida amiga Tere”.

Por la mañana acababa mi Servicio de Guardia, sin embargo una orden imprevista me varió los planes de la tarde. Fui asignado como comando de una unidad especial para desfilar acompañando a otras tantas unidades del resto de Armas, por las calles de Alcalá.
Debería presentar en representación del Regimiento de Caballería, los Honores póstumos al paracaidista, ante su féretro en el cementerio.

Ante todo, tuve que ensayar el ritual del saludo con el sable. Fue la primera y última ocasión en que tuve que desenvainarlo. Pasó de ser un mero apéndice colgado del cinto, a un arcaico elemento bélico, desenfundado para lucir en Paradas militares.

Conté a Tere, como a mí me lo contaron, que había fallecido un paracaidista, en acto de servicio.
Por lo visto, un salto mal ejecutado enredó sus cintas, no desprendiéndose a tiempo. Quedó atrapado en el alerón posterior. El piloto al percibirse realizó varias maniobras en círculo a la espera de que otro avión acudiera y con maniobras circenses, lo rescatara en vuelo.

No fue posible por cuanto al ponerse a su altura se dieron cuenta que el desgraciado soldado perdió el conocimiento, no pudiendo colaborar con la intención de rescate.
Se desprendió en una de las maniobras pero con el paracaídas liado. El desenlace fatal, formó parte de las estadísticas luctuosas, según las cuales debía haber sido menor de uno entre 100.000.

Al realizar el protocolario saludo, reflexioné sobre las ironías de la vida:

Unos padres, perdieron a un hijo, al que le estaba rindiendo honores un hijo que perdió a sus padres.

Terminé la carta con lágrimas. Y con la intención de no transferir mi tristeza a Tere, excusé mi breve relato, hablándole de mi ya próximo regreso, en el que quería que ella y sus amigas madrinas, nos reuniéramos por la Diagonal con mis compañeros que así nos conoceríamos todos .
Estado actual de la fachada de la Universidad, en mi tiempo,deteriorada.

Estatua monumento de Quijote, frente la casa natal de Cervantes.

jueves, 3 de febrero de 2011

Parejas perdurables (continua 7ª)

Morán, se distinguía entre mis compañeros por su boyante economía. El hospedaje que eligió en solitario, no era nada barato. Además se permitía el lujo de invitarnos alguna vez a cenar en el “Hostal del Estudiante”. Un restaurante de campanillas al que acudía bastante turismo, ya que en aquellos días la Universidad, de la que era parte adyacente, por obras se mantenía cerrada.
Tampoco habría subsistido tal restorán con aquellos precios si en verdad contara con clientela estudiantil.

Me pidió que en uno de mis viajes a Madrid, le retirara de una joyería, una medalla conmemorativa de las Bodas de Plata de sus padres. La encargó personalmente con un diseño original. De dimensiones notorias y sobre plata una grabación en oro con nombres y fecha.

Me entregó el dinero de su coste, superior a dos pagas del cuartel. Para él las pagas venían a representarle propina.
No tuve inconveniente ya que la joyería se hallaba en el itinerario entre la estación de Atocha, terminal del ferrocarril y la Plaza España, mi destino en el edificio de su mismo nombre.

Al entregársela, comenté lo bonita que resultaba y que era merecedora de exhibirla en una vitrina. Sus padres se sentirían orgullosos de tener un hijo tan considerado.
Por su parte me confesó que estaba tramitando poder darles la sorpresa el día de su celebración. Se presentaría a su hogar para felicitarles y regresaría a la mañana siguiente. Solo le faltaba combinar los horarios de vuelo en Barajas.

Le recordé la inconveniencia de tal proyecto. Yo me la jugaba a diario con mis idas a Madrid, puesto que algún imprevisto algún día podía requerir nuestra asistencia por la tarde al cuartel. Este era un riesgo extremadamente pequeño, puesto que saliendo de “rancho”, el cuartel se libraba de la oficialidad. Los únicos que permanecían eran los de Servicios, de Guardia, de Vigilancia, o los de Semana.

Pero un viaje a Barcelona, merecía otro respeto. De descubrirse podía ser sometido a Consejo de Guerra, por deserción.
Se rió, diciendo:

-Ja,ja, Carlos, no estamos en guerra y yo firmaré mi entrada normalmente. Mi salida del Cuartel la haré cinco minutos después de mi entrada.

-Con todo, este día figurarás como presente en el cuartel, pero a la mañana siguiente, ¿Seguro llegarás a tiempo para firmar?.

-Carlos, eres un pusilánime. Con tantas consideraciones, no llegarás nunca a ningún lado.

Parte de razón tenía él, pero el resto la tuve yo.

El esperado día, Morán con su medalla en el bolsillo, llegaba por la mañana al aeropuerto del Prat (Barcelona). Pensaba en la sorpresa que daría a sus queridos padres, cuando…….¿veo bien?. ¿Qué hacen mis padres aquí?.

Gestionando nerviosos, sus padres entre abrazos y palabras entrecortadas, le conminaron que tomara el pasaje adquirido para su regreso a Madrid, en el vuelo que despegaba en quince minutos.

Entre su salida de la puerta de llegadas y el recorrido para la puerta de salidas, le enteraron de que se esperaba para aquella tarde la visita “imprevista” del Coronel.

Pasaría revista al Regimiento, con todo lo que aquello implicaba. Formar a la tropa. Todas las unidades con sus pertenencias exhibidas como en una parada militar normal. Por descontado la Oficialidad entera, recibiría los partes de sus subordinados y el Teniente Coronel transmitiría la clásica orden:

-Mi Coronel, sin novedad en el Regimiento.

¿Cómo daría tal parte si faltaba Morán?.

Llegó a tiempo, ya que alquiló un taxi de Barajas a Alcalá. Algo cara le salió la sorpresa frustrada, pero eludió el mal mayor. Yo había llamado a sus padres poniéndoles al corriente de la situación.

Desde aquél día, Morán me mostró agradecimiento, que lo materializaría brindándome trabajo en el taller de su padre en Barcelona.

Mi futuro, iba esclareciéndose. Las promesas de mi antiguo Jefe, ahora las de Morán y lo recaudado por mi trabajo. La decisión de declararme a Tere ya era irreversible. Me sentía capaz de sostener un hogar modesto.
Parejas perdurables

Recuerda Tere:

Recibimos la carta en la que nos explicaba a toda la familia de sus andanzas por Madrid.
Todos sabíamos de su manera de organizarse la vida, para poder subsistir. Y ahora resultaba que incluso estando prestando el servicio Militar, también trabajaba incluso sabiendo que le podría repercutir negativamente en su disciplina militar. En casa se comentó que era arriesgado, ya que el cuerpo humano, por joven que fuera, también tenía sus necesidades de descanso.
Cosa que presumiblemente no podría hacer si continuaba con aquel frenético plan de ganar dinero.

Le había parecido buena la idea de buscar “madrinas” para sus compañeros, y lo comenté con mis amigas de siempre, y estuvieron de acuerdo. Yo sólo tuve que poner las direcciones que ellas mismas me dieron permiso para darla, y de esta manera Carlos haciendo de intermediario, se entabló una correspondencia entre sus amigos y mis amigas.

Era divertido. Parecía como si aquello fuera un juego. Cada dos o tres días, se carteaban, explicando las cosas más tontas y más pueriles. Comentaban si habían visto alguna película buena, la recomendaban a los “pobres chicos”, para darles ánimos.

Yo estaba muy al corriente por lo menos de las misivas que mi amiga íntima me explicaba y me dejaba leer las cartas. Me decía que se sentía muy a gusto en su papel de benefactora de aquellos muchachos, lejos de sus casas, y que procuraba animarles todo cuanto podía.

Yo seguí con la rutina del trabajo, las clases de pintura, los conciertos musicales, y sobre todo la radio, que me acaparaba por completo. Siempre que podía acudía a los seriales, que algunos de ellos los daban en directo en los estudios de la emisora. Tanto mi amiga como yo nos desvivíamos por asistir. Por suerte mi padre siempre estaba dispuesto a acompañarnos, ya que se radiaban por la noche, y él, se esperaba abajo en una cafetería. Todo un detalle, porque al pobre esos dramas radiofónicos no le gustaban, por eso nos esperaba pacientemente, a que terminaran y nos llevaba hasta casa.

En la oficina a mi también se me complicaron un poco las cosas. Un día subió el encargado Don José, y muy serio me dijo que quería darme un sabio consejo. Que me hablaba como lo haría un padre con su hija. Por la edad, seguro que podría serlo. Imagino la cara de susto que debí poner. Me recomendó que no entablara ningún tipo de relación que no fuera la estrictamente laboral sobre todo, con los dos muchachos que eran un poco mayores que yo. Que siendo la única fémina del lugar, podría dar opción a discusiones entre ellos.

Ahora con el paso de los años, imagino que él, al estar siempre en contacto con ellos, habría oído algún comentario. Y yo le debí parecer bastante infantil, y muy alejada de la realidad. Me insistió en que era mucho mejor alejarlos si se me insinuaban queriendo salir conmigo.

Y así lo hice. Tal como D. José imaginaba no tardó uno de ellos en querer acompañarme al salir por las tardes. Lo tuve fácil, sin desairarle, le dije que tenía las horas ocupadas en las clases, y que ya iba con muchas prisas para no llegar tarde. O sea que en la oficina, seguro que pasé de ser la niña infantil, a la antipática y engreída Teresa.



martes, 1 de febrero de 2011

Parejas perdurables.(continuación 6ª)

Recuerda Tere:

Recibimos la carta en la que nos explicaba a toda la familia de sus andanzas por Madrid.

Todos sabíamos de su manera de organizarse la vida, para poder subsistir. Y ahora resultaba que incluso estando prestando el servicio Militar, también trabajaba incluso sabiendo que le podría repercutir negativamente en su disciplina militar. En casa se comentó que era arriesgado, ya que el cuerpo humano, por joven que fuera, también tenía sus necesidades de descanso.

Cosa que presumiblemente no podría hacer si continuaba con aquel frenético plan de ganar dinero.

Le había parecido buena la idea de buscar “madrinas” para sus compañeros, y lo comenté con mis amigas de siempre, y estuvieron de acuerdo. Yo sólo tuve que poner las direcciones que ellas mismas me dieron permiso para darla, y de esta manera Carlos haciendo de intermediario, se entabló una correspondencia entre sus amigos y mis amigas.

Era divertido. Parecía como si aquello fuera un juego. Cada dos o tres días, se carteaban, explicando las cosas más tontas y más pueriles. Comentaban si habían visto alguna película buena, la recomendaban a los “pobres chicos”, para darles ánimos.

Yo estaba muy al corriente por lo menos de las misivas que mi amiga íntima me explicaba y me dejaba leer las cartas. Me decía que se sentía muy a gusto en su papel de benefactora de aquellos muchachos, lejos de sus casas, y que procuraba animarles todo cuanto podía.

Yo seguí con la rutina del trabajo, las clases de pintura, los conciertos musicales, y sobre todo la radio, que me acaparaba por completo. Siempre que podía acudía a los seriales, que algunos de ellos los daban en directo en los estudios de la emisora. Tanto mi amiga como yo nos desvivíamos por asistir. Por suerte mi padre siempre estaba dispuesto a acompañarnos, ya que se radiaban por la noche, y él, se esperaba abajo en una cafetería. Todo un detalle, porque al pobre esos dramas radiofónicos no le gustaban, por eso nos esperaba pacientemente, a que terminaran y nos llevaba hasta casa.

En la oficina a mi también se me complicaron un poco las cosas. Un día subió el encargado Don José, y muy serio me dijo que quería darme un sabio consejo. Que me hablaba como lo haría un padre con su hija. Por la edad, seguro que podría serlo. Imagino la cara de susto que debí poner. Me recomendó que no entablara ningún tipo de relación que no fuera la estrictamente laboral sobre todo, con los dos muchachos que eran un poco mayores que yo. Que siendo la única fémina del lugar, podría dar opción a discusiones entre ellos.

Ahora con el paso de los años, imagino que él, al estar siempre en contacto con ellos, habría oído algún comentario. Y yo le debí parecer bastante infantil, y muy alejada de la realidad. Me insistió en que era mucho mejor alejarlos si se me insinuaban queriendo salir conmigo.

Y así lo hice. Tal como D. José imaginaba no tardó uno de ellos en querer acompañarme al salir por las tardes. Lo tuve fácil, sin desairarle, le dije que tenía las horas ocupadas en las clases, y que ya iba con muchas prisas para no llegar tarde. O sea que en la oficina, seguro que pasé de ser la niña infantil, a la antipática y engreída Teresa.

Parejas Perdurables

Dos compañeros, atendieron mi oferta de cartearse con amigas de Tere. Al principio, sus comentarios eran ampliamente discutidos en conciliábulo, pero al poco tiempo, se convirtieron en reservados. Como cada cual gozaba de sus aventuras, las cartas, pasaron a ser asuntos privados, sin comentarios.

Especialmente las de Tere, tomaban un cariz claramente interesado. No se trataba de hablar del tiempo, o de la prohibición Municipal del uso de las bocinas de los vehículos. Explicaba Tere, como el primer día de tal aplicación, amaneció la Ciudad con un silencio fantasmal. Era la impresión por contraste a las sinfonías habituales formadas en los atascos cotidianos.

Ahora expresaba sus sentimientos íntimos, los confesaba a un “amigo”. Se sentía frustrada por no poder acabar los estudios, ya que debía colaborar en el sustento familiar, estrenándose de Secretaria en una imprenta.

Me solicitaba fotos de mis andanzas por el cuartel, a caballo, en las motos (como la de Ernesto), en los Jeeps, y perspectivas de los carros de combate, con la formación del escuadrón a mis órdenes.

En compensación me envió fotos suyas con el grupo de amigas y una en la que mostraba todo su palmito de curvas seductoras y melena suelta asimismo sugestiva.

Era una velada confesión de su incipiente interés por mi persona. Parecía que el anterior habido con el joven, antes de mi partida, se debilitaba. Dudaba ya en confesarle de inmediato mis sentimientos, que podían tener garantía de éxito.

No creí oportuno realizarlo por carta. A su debido tiempo, lo haría en un vis a vis a mi regreso en Barcelona.

lunes, 31 de enero de 2011

continuacion 5ª

Parejas perdurables.

Ernesto, se las daba de donjuán. Vimos como acabó. Faltó a la cotidiana velada, aquella noche. No estaba de parranda. Simplemente en el Cuartel por orden del Capitán recluido en la sala de banderas. Venía a ser para los oficiales, el equivalente del calabozo para la tropa.

Sin permiso expreso, salió por la tarde con la moto-sidecar de su escuadrón, a dar vueltas por Alcalá. Llamó la atención a un Regimental quien le delató, mayormente por la inquina que tenían los Chusqueros a los “niños oficiales de complemento”.

El motivo fue pararse ante cierta casa con motor en marcha provocando acelerones ruidosos, repetidamente.

La razón que nos dio por tal comportamiento, nos pareció surrealista.

Llevaba días intentando camelar al guayabo de aquella casa, que solía exponerse generosamente con las ventanas abiertas, y en paños menores, mientras planchaba su vestido. Durante el paseo del día anterior, contactó con ella y…. “Veni, vidi, vici”.
La citó para aquél malaventurado día. Saldría de servicio del cuartel a media tarde y la recogería con un medio de locomoción para alejarse de Alcalá, lo suficiente para disponer de una intimidad bucólica.
Sin embargo la preciosa joven se lo pensó mejor y temiendo ser vista por conocidos, con un “Polaco”, (así nos llamaban a los Catalanes), no acudió a la cita. Ni siquiera tenía las ventanas abiertas como de costumbre, para alejar sospechas de complicidad."


Conque el donjuán, trasquilado. Le dijimos que puestos a alardear dado que en el Regimiento aparte de caballos y Jeeps también habían tanquetas, con este último vehículo, seguro que la sílfide no se hubiera resistido.

Por suerte, su Capitán se contentó con la reprimenda privada, y no extendió el parte oficial, que le hubiera causado arresto mayor. Desde aquél día Ernesto mantuvo ojeriza al delator que era un simple brigada. Pero nada pudo contra él, dado que no lo tenía a sus órdenes.

Las rondas vespertinas por las tascas, a pesar de costarnos una miseria, a tenor del sueldo idem, se comían los pocos ahorros deseables para no seguir sin blanca al licenciarme.
El servicio en el cuartel, a excepción del día en que nos tocaba “semana” (servicio de armas, o de instrucción y vigilancia), quedaba cumplido a la hora de “fajina” o, “rancho”.

Las tardes libres, tenía que aprovecharlas mejor. Me presenté al Ayuntamiento pidiendo por el Arquitecto Municipal, ofreciendo mis servicios.
Maravillado, le resulté caído del cielo. Necesitaba un topógrafo para acudir a una propiedad de la demarcación donde se ventilaba un litigio de herencia familiar.
Me aclaró que normalmente el Ayuntamiento no precisaba más técnicos, lo cual me daba por advertido que se trataba únicamente de este trabajo esporádico. Sin embargo me recomendaría a unos Ingenieros de Madrid, con los que tenía posibilidades.
Bienvenido para mí era cualquier clase de trabajo, por ello no dudé un instante en aceptar lo que me ofrecía, sin reparos. Por cierto, fue mucho más de lo que esperaba.

El día de marras, o de “autos” en términos legales, me incorporé a una comitiva de dos taxis, un coche particular y una limusina oficial.
No entendí cómo para realizar un levantamiento topográfico, replantear en el terreno unas divisiones de fincas para en el gabinete calcular superficies, hacía falta la procesión de tan numerosa comitiva.
Por el camino me instruyó el Arquitecto, que se trataba de una discusión ya vieja, entre dos hermanos herederos de una finca ya adjudicada judicialmente, pero que restaba dilucidar a quien otorgar la Era de pan trillar.
Me hice un poco a la idea, imaginando una Era de dimensiones más que normales con obras aledañas de granero, pajar, barracón de aperos y quizá también cuadras, pocilgas y a saber.
Una vez allí, no entendí nada. Montaron el teatro judicial, con el Sr. Juez, flanqueado por el Secretario Judicial y el Municipal. Enfrente, dos grupos familiares, cada cual con su abogado.
Algo apartados, se hallaban los taxistas y las personas citadas como testigos.
Inició la sesión el Fiscal, con su perorata. A una indicación del sr. Juez, procedí a tomar medidas de…….¡Una Era de 10 metros de radio!. Ni obras anexas, ni empedrado especial, ni sendas de propiedades ajenas que cruzar. Nada. Sólo situarla en el plano de la finca matriz.
La estupidez humana, aquél día comprendí que no tenía límites. ¿Eran conscientes los hermanos, de lo que les costaría tal litigio?.
A bulto yo imaginé, las costas judiciales, los alquileres de taxis, la factura del Ayuntamiento y los honorarios del Arquitecto y míos. Con creces superaban diez veces el valor de aquél círculo de tierra pavimentada con adobes, de superficie seis áreas.
Por descontado que aquella Era, en pleno descampado rural, jamás habría estado invadida por tanta humanidad como la de aquél día.

Me dio vergüenza cobrar lo estipulado con el Arquitecto. La vencí, pensando en mi futuro con Tere. Estaba decidido a declararme a mi regreso a Barcelona. Para ello, debía consolidar una posición que para nada sería estable si no la iniciaba con un pequeño capital.
La responsabilidad de mi vida, no la podía evitar, pero arriesgar a otra persona, atándola a mi incierto porvenir era temeridad.
Si no disponía de una mínima seguridad para atender a una familia, mejor permanecer soltero.

El Arquitecto, cumplió su promesa y me dirigió al Edificio España en Madrid (el más alto, entonces, con 24 pisos), donde en la planta 16 se hallaba un grupo de Ingenieros, realizando el proyecto de las Bases Aéreas Americanas de Morón de la Frontera y de Torrejón de Ardoz. (Actualmente Españolas).
Fui bienvenido a la oficina, conviniendo un precio por hora, ya que no disponía más que las tardes libres. El destino empezaba a sonreírme. Con los cuatro meses que me quedaban, ahorraría lo impensado.

La Entidad Norteamericana que encargaba tal proyecto, se hallaba en el mismo edificio en la planta 18. Así era frecuente la intromisión de los Ingenieros Americanos en nuestra sala de delineación.
Y aquí por segunda vez fui testigo de la estupidez Humana. En este caso la de los Ingenieros Yanquis.

Los Americanos tenían un trato con el Estado Español, que les otorgaba la construcción de estas dos bases Aéreas en terreno Hispano. Su beneficio Político y Militar, era evidente y al españolito de a pié, ni se le informaba, ni le preocupaba.

La realidad para mis efectos, era la posibilidad de obtener ingresos. Vendrían de perillas para mi inicio laboral post titulación docente.

Nuestros ingenieros, presentaron a los Americanos, ochenta planos tamaño Din A-0 (1 metro cuadrado superficie), en los cuales se detallaba la superficie total de la delimitación de la Base de Torrejón, con las cotas del terreno, los mojones de referencia y las estaciones de medición con la usual precisión en nivel de centímetros altura

Con su aprobación se proyectarían las pistas rodadas niveladas sobre pavimento hormigonado.

Nuestros jefes de sección, alarmados por la amenaza de no admisión de nuestro trabajo, nos convocaron para solicitar veinte voluntarios para labor extra aquella noche.

Se trataba de adjudicar cuatro planos a cada uno y rehacer las cotas grafiadas. El cálculo estimado para tal gestión oscilaba entre tres y cuatro horas. Como excepción, se nos retribuiría con el importe de cuarenta horas, independientemente de lo que tardáramos realmente.

Casi todos entusiasmados aceptamos, yo entre ellos, a pesar de las previsibles consecuencias de una noche sin dormir.

La razón por tal reforma de los planos, “estúpida”. Como la nivelación de las proyectadas pistas rodadas se realizaría con precisión de milímetros, había que homogeneizar los planos topográficos con niveles asimismo en “milímetros”.

No hay que ser ingeniero, para entender que la huella de un zapato en terreno virgen, de realizarla en día húmedo o en seco, puede variar incluso más de un centímetro. La nivelación era pues correcta y nada influía en la obra proyectada de hormigón, cuya lisura y nivelación serían mecanizadas con precisión milimétrica.

Solución Ingeniería Española: Al albur,( a la tun tun), agregar cifras entre cero y nueve a cada cota tras los centímetros. ¿Es posible, que los Americanos, no lo imaginaran?. Daba igual, las órdenes se cumplían y punto. Procedían de Ingeniería del Ejército Norteamericano.

Económicamente, para mí fue un regalo inesperado muy apreciable. A media noche, los voluntarios, finalizamos la labor, con la antelación previsible por trabajar a destajo.

Mi problema emergía. Ya no había trenes de cercanías para Alcalá de Henares. Hasta las siete de la mañana, ¿cómo pasaba las horas?. Tendría que buscar pensión para pernoctar en Madrid, o alquilar un taxi para Alcalá.

Fue más simple, un compañero Madrileño, me ofreció, la habitación de invitados de su hogar. Y eso desbarataba el tópico consabido sobre la relación Madrileños –Catalanes. Se demostraba una vez más la irrealidad de las etiquetas cuando hay que adjudicarlas a nivel personal.

A las ocho de la mañana, ya en Alcalá, desayuné en un bar y acto seguido fui a mudar mi indumentaria civil, por la militar.

La clásica broma de los compañeros, al verme entrar en la habitación:

¿Estaban buenas las Madrileñas?.



viernes, 28 de enero de 2011

Parejas perdurables (continuación 4ª)

Ayudas Providenciales. Fueron las recibidas de mi “jefe”. Los dos años de mi colaboración en levantamientos topográficos, le hicieron olvidar mi estatus de alumno, tomándome gran confianza.

Sabedor de lo oneroso que resultaba la adquisición del uniforme de Gala militar, me solventó buena parte del problema.

El ejército Español, a los reclutas les atendía todas sus necesidades para el cumplimiento del servicio obligatorio, pero a los “Oficiales de Complemento” Universitarios, los trataba como a los de Academia, favorecidos con un sueldo, pero desatendiéndose de su manutención.

Tampoco suministraba gratis los atuendos personales. Había que comprar en “abastos”, el almacén militar suministrador de todo equipamiento destinado a la Infantería, Artillería, Armadas aérea y marítima, o Caballería.

¡Ajá!. Caballería, lo que me tocó en suerte. Económicamente, el uniforme de Gala, resultaba gravoso. Las botas hasta las rodillas, con espuelas cromadas. Los pantalones de dos tipos, los normales de retaguardia y los bombachos para campaña y desfiles. La guerrera, el correaje con y sin cartuchera, y los consabidos cordones distintivos de la procedencia universitaria. El capote, nos lo ahorrábamos, ya que siempre había excedentes en los centros oficiales de los cuarteles.
La gorra de plato, y guantes blancos, a juego con el collarín de plástico blanco sobresaliente del cuello de la guerrera.
Finalmente, un aditamento para colgar del correaje, el SABLE mediante su funda metálica.

Atractivos los uniformes militares debían resultarles a las chicas…….sino, ¿Cómo se entiende que Font, se casara con Victoria, con su uniforme blanco inmaculado de cadete de la Armada?.

De haber realizado tal osadía hoy, habría sido denunciado al Ejército y pagado las consecuencias. Tal uniforme, no podía lucirlo públicamente sin estar en activo.
Más bien creo que para él le resultó una barata manera de figurar ante los papanatas de la estirpe “quiero y no puedo”. Me alegro de no haber sido testigo de tal efeméride, ya que ver transcurrir la comitiva por las calles de Olot en su desfile nupcial, me hubiera provocado terrible vergüenza ajena.

Y en mi caso, la cuestión era que mi jefe, me facilitó a título de préstamo el sable y espuelas con sus complementos que él guardaba de antaño. Y me dirigió a un conocido que lo mismo haría con la guerrera. Total el atuendo faltante a adquirir, resultó más que asequible.

Y preocupado, a pesar de las promesas de mi protector, por mi porvenir una vez acabada la mili, partí hacia la aventura militar.
Mis ahorros eran escasos y tenían que alcanzar hasta la primera paga mensual. Convenimos entre cuatro colegas, alquilar conjuntamente en Alcalá un par de habitaciones a las Hermanas Peñuelas como les llamaban, sin saber el motivo, ya que una era la “Engracia” y la otra la ”Herminia”. Y sus apellidos Gómez.

Nuestro afán ahorrativo, dado que los emolumentos profesionales no daban para más, nos llevó asimismo a adquirir un despertador entre todos, a un relojero que además nos prometió readquirirlo él a mitad de precio, cuando nos licenciáramos.
Era necesario este artilugio. Las consecuencias de llegar tarde a la Diana cuartelera, las hubiéramos pagado con días de reenganche al servicio ya para nosotros odioso.
De esta manera, el despertador, era la Diana particular de nuestro compartido hogar, no muy aplaudido por las hermanas Peñuela.

También el uso de los vales para la cantina del cuartel ayudaba bastante a estirar el sueldo. Las consumiciones eran fiadas hasta el día de la paga, en que la recibíamos tras haberse realizado las deducciones pertinentes. El líquido efectivo, escasamente servía para atender al hospedaje y al chateo en las rondas vespertinas. Francamente, nuestro sueldo era inferior al de los oficiales profesionales. Nosotros , carecíamos de “antigüedad”, que es un grado. Tampoco teníamos prebendas de medallas o méritos de guerra. Total un asco de sueldo.

Las veladas en nuestras habitaciones, casi todas acababan con la nostalgia del hogar y discurrir los planes futuros. Me sentí reticente a hablar de los míos, hasta que una carta de Tere, captada por García al recoger su correspondencia, hizo inevitable que hablara de ella.
Las bromas a partir de aquél día fueron cotidianas. De los cuatro hospedados, era el único que recibía correspondencia de una fémina, lo cual era muy sospechoso.
Y para colmo una de las misivas de Tere, incluía su foto. ¿Alguien era capaz de desmentir a tres feroces compañeros sobre el particular?. Pero si solo nos conocemos………

Parejas perdurables.

Cómo lo recuerda Tere:

Al cabo de poco de haberse ido, nos mandó una misiva dedicada a la familia, explicándonos que todo se le iba resolviendo dentro de una normalidad. Que salía con los amigos todas las tardes, haciendo recorridos por los bares de la pequeña ciudad. Nos hablaba incluso de la plaza dedicada a Miguel de Cervantes, que nació allí.

También nos hacía saber que a pesar de estar bien instalado, añoraba Barcelona, incluso la habitación de su patrona Agustina, que ignoraba si la buena mujer se la guardaría para cuando volviera.
Al final de la carta me pedía a mí personalmente que le buscara entre mis amigas, por si había alguna dispuesta a hacer, lo que se llamaba “madrina” para los pobres muchachos que como él, estaban lejos de sus casas, y se sentían solos.

Esto era algo, que aunque parezca raro, por aquellos años, era bastante normal. Muchachas que sin ninguna aspiración a buscar novio ( ¿o si?), dedicaban unas horas a relacionarse mediante unas cartas, con muchachos que no conocían, con la mejor de las intenciones, que era la de proporcionar un poco de calor hogareño, a los que estaban lejos.

En mi respuesta le dije que lo hablaría con ellas, que seguro que alguna tendría interés, en hacer “una buena obra”. Así se enfocaban estas cosas.
Aunque creo que en mi tercera carta, le dije que mi vida había tomado un rumbo completamente diferente al que yo había soñado.

Surgió la posibilidad de entrar a trabajar como secretaria en una imprenta, muy cerca de mi casa. Mis padres conocían a un amigo del propietario, y no se les ocurrió nada mejor que decirles que yo estaría encantada de formar parte de su plantilla. Sin consultarlo conmigo. Esto también estaba dentro de la normalidad. Debíamos un respeto y sólo nos quedaba acatar las órdenes recibidas, aunque no fuera de nuestro agrado.

No tuve inconveniente en explicárselo a Carlos, segura que me entendería porque él, había pasado por momentos difíciles. Le comenté, que nada más lejos de mis deseos, que dejar los estudios, que estaban basados en una cultura general, bastante amplia, para ponerme a trabajar. Me quedaba un año y medio, para tener la formación mínima que se requería en el colegio donde yo estaba. La escuela pertenecía al Ayuntamiento de la ciudad, y era de lo mejor que había por aquel tiempo. No entraban todas las que querían, yo si lo hice años atrás, fue porque mi padre era Funcionario del Estado, y tenía una preferencia.

Me parece que este fue el primer golpe bajo de la vida.
A pesar del tiempo transcurrido, aún me duele. Creo que es lo único que tengo en contra de mis progenitores. Ya que mi infancia había sido la de una niña feliz y muy querida.
Creo que por primera vez usé a Carlos como desahogo de mi pena, convencida que él, no se reiría de mis sentimientos.

Mis nuevos compañeros de trabajo eran divertidos, eso no lo puedo negar. Un buen día para celebrar el cumpleaños de uno de ellos al salir, nos invitó a todos a tomar unos refrescos, y nos hicimos fotografías, y seguro que alguien dijo algo para hacernos reír a todos, porque yo que estaba en un primer plano, parecía la imagen de la felicidad.
Y no tuve reparos en mandársela a Carlos para que conociera a mis nuevos amigos. Al fin y al cabo él ya conocía a dos de mis amigas íntimas por haberlas visto en mi casa.



Acoto que Alcalá, de Pueblerino en aquél tiempo, con 2000 habitantes autóctonos civiles, y 14.000 militares de las diversas Armas en cuatro cuarteles, sesenta años después se convirtió en una Ciudad de 35.000 civiles y 3000 militares + una penitenciaría en extraradios.
Amén que la Universidad ancestral que en mi tiempo se hallaba en obras, revivió su importancia Histórica.

miércoles, 26 de enero de 2011

Parejas perdurables (continuación 3ª)

Tenía que confesar a Luis, la realidad de la cuestión. Nuestra amistad venía de lejos y entre nosotros no había secretos, pero esto, pertenecía a mi intimidad. ¿Para qué confesar?.

Mientras lo tenía a mi lado paseando por las tantas veces concurrida Diagonal con la “colla”, mi cerebro desarrollaba la película vivida en los últimos cinco años.

Decidí, que al fin y al cabo algún día se sabría. Mejor que lo supiera por mi boca. Y ya que habíamos entrado en materia, era la mejor ocasión de explicárselo en principio a él solo.

Pero,..... ¿Y si al fin y al cabo no me comprometía con Tere?. Nada le había manifestado a ella para que se hiciera ilusiones. ¿ Y si ella me otorgaba las calabazas que jamás coseché durante la carrera?. Sería un riesgo inútil, exponerme al ridículo.

Discurrí como afrontar el tema, ya que las primeras consecuencias sufridas afluían a mi memoria:

“La reprimenda que recibí por parte de mi padre al regreso del primer curso Universitario, deslució totalmente la euforia con la que me presentaba, por los notables en puntuación escolar obtenidos.
Como reguero de pólvora, Tunet , había transmitido por Olot la fábula de Carlos, el “infanticida”.

Desmentir con los compañeros el infundio, era cuestión entre jóvenes, con poca trascendencia, pero que llegara a oídos de mi padre, la cosa tomaba un cariz insospechadamente serio.
Estoicamente, soporté sus consejos de moralidad y el deber de comportarse como ser responsable, demostrar con acciones el provecho de los conocimientos recibidos, que al no asimilarse debidamente, conducían a las personas a semejar animales………..

Sudaba, viendo como se desbordaba la mala interpretación de mi acción caritativa, equiparándola a la monstruosidad de pervertir a una infantil niña. La pobre, ya no podría mirar a la cara a familiar alguno. Abandonada a la p… calle.
Sus padres, deberían emigrar al extranjero para no ser reconocidos ante el oprobio social recibido. Ella, permanecería en la Ciudad de Perversión que era Barcelona. (La moderna Sodoma y Gomorra). Su futuro sería el de las desgraciadas, cayendo seguro en manos de algún chulo.

En cuanto a mi familia, marcada con el dedo de culpabilidad por los ciudadanos de “La Muy Leal Ciudad de Olot”, título rimbombante otorgado por no sé cual administración antigua.
A mis padres se les conocería como progenitores de un desnaturalizado y perverso vástago. Mas le valiera a Carlos, que se le colgara al cuello una rueda de molino y se le lanzara al mar, no fuera a repetir acción semejante. (El escándalo infantil Bíblico).

Una vez aclarado con mi padre la maledicencia de los cotillas, confesó que en realidad, no les había creído una palabra, pero que no estaba de más que hiciera honor a la honradez familiar.”


Sin darme cuenta, mi imaginación rivalizaba con la de Walter Mitty.

De modo que aquello era historia. Anécdota para olvidar, intrascendente. Sin embargo, ahora resucitaba.

Dos años después, primero la abuela que me había criado, como nurse y casi de inmediato mi madre, fallecieron. Mi dolor se convertía en rabia. No era justo que ambas, después de lo que se desvivieron para que alcanzara yo, un puesto en la sociedad, con título universitario tan ansiado por ellas, no vivieran para verlo.
La cosa empeoró, pues sea por la viudedad, o por la dejadez en que cayó mi padre, según un vecino suyo que me envió el fatídico telegrama, mi padre, finalizada la velada con él, faltó al trabajo, a la mañana siguiente, por no haber despertado.
Tomando el primer tren que de Barcelona enlazaba con el autocar de Ripoll, acudí al sepelio, ya organizado por los vecinos, atendiendo a mi inusitada situación.
Se nos conocía por familia numerosa desde nuestra residencia adquirida antes de la guerra Civil.
Se redujo paulatinamente nuestro número, por enlaces de los parientes jóvenes y óbitos de los abuelos. El fallecimiento de mi padre, culminó la desaparición total familiar.

Lloré esta última pérdida, pero además, a mi edad sin estudios terminados, un negro nubarrón ocultaba las posibilidades inciertas de mi futuro.

Dios aprieta, pero no ahoga. Otro refrán sabio.

El catedrático de Construcción y Topografía, necesitaba ayudante de Campo para levantamientos topográficos, al licenciarse el que tuvo. En atención a mi particular situación, accedió a tomarme como su sustituto. Detestaba en principio mi procedencia del alumnado, por las posibles implicaciones que pudieran reportar. Le agradecí la excepción que hacía conmigo.

Esto me permitió incrementar ingresos, los justos para paliar la nula ayuda familiar, dada su inexistencia. Pero más aún, especializarme en tales disciplinas y con ello, atraer trabajo suplementario desarrollable en el bendito tablero heredado de Juan.

Y precisamente ahora, que se cumplía esta etapa de mi formación, vi a la niña de antaño con un grupo de amigos y amigas, riendo por chascarrillos comentados y programando excursiones para las vacaciones.
Por primera vez, me di cuenta que la apariencia de Tere, era la de un “guayabo”, como llamábamos entonces a las chicas estupendas. Ni su indumentaria, ni sus proporciones antropológicas, tenían que ver con el recuerdo de su primera apariencia. Y su sonrisa, me cautivó.

¿Había que hablarle?. No. En principio, seguía yo sin estar situado. Y ahora, la mili me llamaba. ¿Qué hacer?.

Esto era pues lo que confesaría a Luis. Que se trataba de la niña de antaño de la cual Olot entero tuvo noticias. Ya no serían jocosas las reacciones. Se otorgaría veracidad a lo propalado por Tunet. Mi amigo, lo entendería.
Como la cuestión ya no permitía demora, le expuse a Luis tal cual la situación. Mientras él asentía, ya que me comprendía perfectamente, iba creciendo mi determinación de postergar el compromiso.

-Mira Luis, creo que lo más conveniente será hacer mutis por el foro, pero dejando la puerta abierta.
No estoy aún en condiciones de incrementar responsabilidades. Me despediré de los vecinos y de ella, sin mencionar mis sentimientos. Si cuando vuelva lo veo todo más claro y ella sigue disponible, actuaré en consecuencia.
Y ya está bien de hablar tanto de mí. Cuéntame lo tuyo con Nuria, ya que ella en ningún momento quiere vivir en Barcelona. Nuestra camarilla, en un mes se habrá disuelto. Ella regresará a Olot. ¿Tú que harás?.

-Tal como has dicho, a nuestro regreso de la Mili, lo hablaremos también.

Otro de nuestros colegas era Antonio. Sin ambages, se había liado con Raquel, vecina de Olot como lo éramos Luis, Nuria y yo. Y ella también detestaba el modus vivendi al que obligaba la Gran Ciudad.

Aquello resultaba chusco. Se trataba del caso inverso al mío. Yo procedente de Olot, definitivamente me convertiría en un Urbanita. Antonio con toda su familia Urbanita, se convertiría en pueblerino. Hay que ver la atracción femenina, como deriva nuestro destino.

Tres de las amigas de la camarilla, ya dejaron de acudir a los paseos vespertinos diarios. Una por haberse comprometido con un desconocido y las otras dos, me temo por haberse olido que su pesca fracasó. Luego las redes las lanzarían a otros caladeros.

Algo que era tan evidente por ellas, a los chicos nos pasaba desapercibido. Con razón en su cotilleo, nos llamaban tontos del bote. Nuestra picardía era al menos tres grados inferior a la de ellas. Prácticamente, hasta los treinta años, nosotros no alcanzábamos la perspicacia natural que ellas poseían a los dieciocho. Claro que esta distancia se ha reducido en la actualidad, aunque perdura un tanto a favor de ellas.
Nosotros a ellas las llamábamos "estrechas", cuando no nos eran asequibles. Por su parte ellas nos llamaban “panolis”, por no ser atrevidos. ¿Cómo se come esto?.

Con todo, de las siete compañeras con las que compartimos los asuetos durante los tres últimos años, dos de ellas se comprometieron con los colegas. Restaban pues otras dos cuya pesca se hallaba aún indeterminada. Y tal como se veían venir los acontecimientos, de no cobrar pieza con urgencia, deberían asimismo, seguir el camino de las que ya se despidieron. A buscar otros caladeros.

Llegado el día de tomar el embarque para el servicio militar, envié mi bagaje por correo con destino al Cuartel del Regimiento de Caballería en Alcalá de Henares y acto seguido, pasé a despedirme de los vecinos.

Llamando a Tere aparte, le insinué que dada mi carencia de familia, me complacería recibir al menos una carta al mes de alguna persona, para hacer llevadera la estancia en “Tierras inhóspitas”, en las que naufragaría durante seis meses. Y que se me ocurría que podía ser ella quien me socorriera.
Estaba convencido, al ver que aceptaba de buen grado, que no le era indiferente. Sentí verdaderas ganas de hablarle con sinceridad del motivo, pero me contuve, por todo lo razonado sobre mi responsabilidad. Las enseñanzas paternas, afloraban y a ellas correspondía.

Parejas perdurables

Tere lo recuerda así:

Había quedado muy atrás el día que me acompañó a buscar mi ansiado autógrafo. Reconozco que él, físicamente no había cambiado demasiado, pero yo sí. Y lo noté porque siempre tenía algún moscón de buscaba mi compañía. Uno de ellos lo hacía de la manera en que se hacían entonces estas cosas, solapadamente, como quien no da importancia, eran encuentros fortuitos, pero Juanito parecía que me perseguía a todas horas. Al salir del trabajo invariablemente lo encontraba por allí “de casualidad” según me decía él. Charlábamos me imagino que de tonterías, ya que no recuerdo ni una conversación que se me haya quedado grabada. Pero sí que recuerdo que tenía unos ojos verdes muy bonitos. Era agradable en su trato, pero…yo le encontraba un defecto. No era alto. Era casi de mi misma estatura. Yo me he considerado siempre bajita, y en una mujer tiene un pase pero para mí, no lo tenía en un muchacho.

Carlos se fue a cumplir con la Patria, y vino a despedirse de mi familia, prometió que nos mandaría alguna postal del lugar que lo habían destinado

Cuando yo llegaba a mi casa preguntaba distraídamente, si se había recibido alguna postal del Campamento Militar. Era cierto que la esperaba, pero si he de ser sincera tampoco me preocupaba demasiado no tener noticias. Al fin y al cabo él tenía su grupo de amigos y amigas con las que hacían fiestas y organizaban bailes. Pero muy dentro de mí, estaba la ilusión de recibir alguna noticia de él. Le admiraba porque conocía todos los malos ratos que había pasado, sabía de su tenacidad tanto en los estudios, teniéndolos que compaginar con el trabajo para su sustento. Este detalle hacía que lo viera como una persona seria, alguien que de buen seguro en un momento dado sabría salir adelante con todo lo que se le presentara en contra. Lo había demostrado en los años anteriores.

¿Gustarme? Creo que todavía no. Pero bueno su 1,84 de estatura me hacía verle benévolamente, no como a Juanito. Él continuaba siendo para mí, el vecino de enfrente de casa, larguirucho, que cuando venía a pasar un rato con mis padres, me dedicaba una sonrisa y un saludo y poco más.

De momento sólo sentía por él, una mezcla de pena y de admiración al saber que había mantenido una lucha feroz en su entorno para seguir con sus estudios. Durante estos años había pasado más de una tarde en mi casa, charlando con mis padres. Le oía hablar, aunque yo no estuviera en el comedor con ellos. En su momento su historia me conmovió. Perder a su familia en tan poco tiempo, imaginaba que tenía que marcarle para siempre.

Mi habitación era un verdadero caos de fotografías de artistas de cine y de radio. A pesar de los años transcurridos mis aficiones no habían variado lo más mínimo. Disfrutaba con todo ello.

Y luego estaban las matinales en el Palacio de la Música Catalana, donde los domingos ofrecían un variado programa de música clásica, a un precio muy asequible. Iba con mi queridísima amiga, esa con la que compartíamos todos nuestros secretos, desde los siete años. Ella se empeñaba en ponerse en la primera fila de butacas, para ver más de cerca al primer violín. Decía que le gustaba. Y entre las tonterías propias de la adolescencia, nos reíamos porque yo le decía que por la edad podría ser su padre … Pero luego los acordes musicales, nos hacían enmudecer por completo, y gozábamos de la buena música.



sábado, 22 de enero de 2011

Parejas perdurables (continuación 2ª)

-Bueno Carlos, a la “colla” (grupo de colegas peripatéticos por la Diagonal), nos gustará conocer a tu Beatriz, dantesca. Jajaja
En serio, si no es aún oportuno, al menos al regreso de la “Mili”, al celebrar el despido de nuestra etapa estudiantil, nos la podrías presentar.

La gracia de Luis, podía completarla con : Carlos Dante, y su Beatriz tomante, pero no llegó a tanto.

Los recuerdos seguían bullendo en mi cerebro, máximo por lo sorprendido que yo mismo me sentía. En el lustro transcurrido desde el primer contacto visual con Tere, la transformación día a día, imperceptible de aquella niña, ya llegó a su culminación.
Al llamar a la puerta de mi prevista residencia, me sorprendió que en lugar de atenderme Doña Agustina, la casera, una niña pequeña peinada con un par de trenzas, y provista de unas antiestéticas gafas de montura plástica color negro, me preguntaba:

-¿Por quién pide?.

Vaya pregunta absurda. Aquella niña, que con su atuendo, parecía mucho menor de lo que en realidad era, abre la puerta a un desconocido, como si fuera ella la titular de la vivienda. ¿Por quien se interesaría un desconocido? Lo lógico, por la persona responsable del hogar.
Es que hay cosas que ponen de los nervios…. Mal empezamos.

-La Sra. Agustina ¿no está?.

-Sí señor, un momento.

Al menos educada sí parecía ya que en aquél tiempo a las personas mayores se les debía el tratamiento de Sr., Sra., Don, Doña, y más modismos de superficialidad. Claro que tales respetos, la mayoría de las veces eran retóricos, incluso hipócritas. Pero nada, privaba lo Versallesco.

Apareció la casera, pidió disculpas por la intromisión de la chiquilla que era la hija de su vecina haciéndole compañía.

Se cerró el trato. Recibí las llaves del piso, junto a las de la cancela y me dispuse a traer mis pertenencias. Tomé posesión del habitáculo que sería mi mundo íntimo durante los años venideros.

Sin novedad transcurrió el primer curso, adaptado perfectamente a la vida urbana de gran Ciudad. Lo que me diferenciaba de los colegas era la sempiterna sensación de ocupar un lugar superior al que mi estatus permitía.
Para no ser tanta carga a mis padres, me ofrecí a los compañeros a realizarles los ejercicios de dibujo, con una remuneración aprovechando mi providencial Tablero.
Y pensaba asimismo en cómo recompensar a mis progenitores una vez lograda la carrera.

Los vecinos seguro que por referencias de Tere respecto a mí, me consideraban un estudiante serio y responsable. Ello hacía que poco a poco en las coincidencias en el ascensor con sus padres, los esperpénticos diálogos sobre la meteorología, se volvieran más sustanciosos preguntando por los estudios y por las ilusiones futuras.
Así, un buen día, me llamó la madre de Tere, pidiéndome un favor. ¿Qué?, si no nos conocemos.

Asombrado, me pedía que acompañara a su hija mayor a ver la última reposición de un espectáculo en el que intervenía un artista del que la pobre era fan. Se le había prometido su asistencia, pero precisamente hoy, su hermana pequeña, estaba con 39º de fiebre y no podía abandonarla sola.

-Pues no faltaría más.

¿Era posible mi desfachatez?. ¿Qué admitiera salir con aquella chiquilla, de acompañante a un espectáculo, sin recurrir a ningún subterfugio?.
Que vergüenza, si mis compañeros me vieran por la calle con tal compañía.
El caso era que me apetecía asistir no al espectáculo musical, con la intervención del ídolo de la niña, sino de la película que me la ponderaron y que se representaba a continuación.

El local, era uno de los tantos Cinemas, en que con un avance de escenario, ante la pantalla, lo utilizaban ambivalente, para proyección de filmes y para actuaciones de “Varietés”.
Normalmente eran de sesión continua y si uno quería ver el espectáculo completo, incluida la película, se pasaba en el local cuatro horas.

Aquél día era el último que se proyectaba la que me recomendaron.
” La Vida Secreta De Walter Mitty”, con el cómico Dany Kaye como protagonista y unas cuantas vedettes que enseñaban lo máximo permitido en aquél tiempo.

Mis compañeros comentaban repetidamente, los sueños de Walter, en los que además de bellas señoritas, no faltaba algún objeto que sonara “paqueta-paquete, paqueta-paquete” y se desternillaban.

Yo aquello no me lo podía perder. Entraría por la tarde a las cuatro, pero si no enlazaba bien el turno de la película, no saldría de allí hasta ver todos los "paqueta-paquete, paqueta-paquete”.

Parejas perdurables

Cómo cuenta Tere el recuerdo de aquél día:

Era cierto que me apetecía ver esta película, y en aquellos tiempos una chica no estaba bien visto que fuera sola al cine. Y por una de esas casualidades, no tenía ninguna de mis amistades disponibles.
Luego con el paso de los años he pensado que nada sucede en la vida sin un motivo justificado.
Ya hacía por lo menos un año que conocía a Carlos. Era el huésped que estaba en casa de Agustina. Yo seguía pasando muchas horas en aquella casa. Me avenía bastante con la sobrina a pesar de ser bastante mayor que yo. Inevitablemente, la mayoría de las veces, estaba el huésped por allí, y entonces la gente parecíamos más humanos que ahora (quizás lo éramos), existía una convivencia vecinal que hoy no la hay.
Carlos en más de una ocasión también había pasado a mi casa, para charlar con mis padres, que por las tardes para ayudar a la manutención de la casa, trabajaban los dos para una imprenta. Unas veces se trataba de poner en orden unos folios. Otras eran pegar por un lado unos cartoncitos, que luego servían como cajetillas para poner las hojas de afeitar.
Carlos estaba siempre dispuesto a hacer algo más que estudiar, para tener algún beneficio extra. Por lo tanto las charlas además de ser amenas, a él, le reportaban algún beneficio.

Yo, a Carlos al principio le miraba sin verle. No tenía aún edad para fijarme en ningún chico. Mis trenzas, unos años después desaparecieron dejando paso a una media melena, y las gafas, completamente antiestéticas, deje de usarlas poco después, ya que solo las necesitaba para leer. Pero los chicos aún no me interesaban. Eso sí, a los actores de la radio, por aquel entonces muy en boga, hacía verdaderos sacrificios, para ir a verlos actuar.

Aquel sábado como cosa extraordinaria, actuaba un galán de la radio que hacía mis delicias cuando radiaban una serie policiaca.
Otra de mis aficiones era el cine. Creo recordar que me gustaban un montón de actores y actrices, y mi madre nunca se opuso a que empapelara prácticamente mi habitación con sus fotografías. (He de reconocer, que en este aspecto estaba muy adelantada). Hoy es normal que la juventud tenga posters en sus dormitorios. Entonces no.
Y que mi hermana se pusiera con tanta fiebre, me hizo sentir muy mal. Tiraba por el suelo toda la ilusión que tenía puesta de poder ver en directo a uno de mis actores de radio preferidos. Luego a la salida iría a pedirle un autógrafo. Todo se iba al traste con la inoportuna gripe de mi hermana. Ni la vecina podía esta vez echarme una mano, ya que tenía sus compromisos.
Por lo que cuando, se hizo la propuesta que Carlos me acompañara, no dejaba de ser una solución. Aunque de verdad que nunca imaginé que él, se aviniera.
Él ya salía con chicas de su edad. Yo todavía llevaba calcetines blancos como las escolares.
Pero aceptó, creo que más que nada para no desairar a mis padres. Y yo encantada porque de verdad, poder hablar de tú a tú, cuando le pidiera el autógrafo con ese hombre de una voz maravillosa, era lo que más deseaba. Desde siempre me he fijado en las voces de los actores. Han sido mi debilidad. (Aún lo son).
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Aquella tarde, dando la mano a la “niña”, andaba, observando por el rabillo de los ojos, a derecha e izquierda, con el temor de cruzarme con algún compañero, lo que motivaría un montón de explicaciones, para mitigar el pábulo malintencionado que a no dudar provocaría ante la Comunidad Estudiantil Barcelonesa. Jajaja. Me asombro ahora de mis infantiles prejuicios.

Llegamos al Cine, justo a tiempo para permaneciendo de pié, extender los brazos como el resto del público, a los sones del Himno Nacional, finalizado con la indefectible expresión del monitor de turno de “Arriba España”, “Viva Franco”, con la consabida respuesta del público “Viva”. Y ya por fin, podíamos bajar el brazo y sentarnos.

No acababa aquí la euforia Patria. A continuación había que enterarse de los sucesos de actualidad, suministrados por el NO+DO reportaje grafico de noticias Nacional. Básicamente, inauguraciones de Pantanos en el suelo Patrio. También algunos sucesos curiosos, dentro de un ambiente feliz en nuestra Península, por contraste con las maldades acaecidas en el Extranjero. ¿Cómo no nos dábamos cuenta de la bondad del Espíritu Nacional?.

Siguió la proyección de la película, disfrutada a carcajada limpia por mí y mi acompañante. Al encenderse las luces para las actuaciones de las Varietés, volví a sentirme incómodo. Por si acaso, no me dirigí en ningún momento a Tere, siquiera para responder a sus preguntas. Fingía absorción por el espectáculo, como si la butaca de mi vera, aleatoriamente la ocupara una desconocida.
Al finalizar, la actuación, de buena gana hubiera tomado las de Villadiego a toda prisa. No procedía. Había que aguardar a que la niña, tras sumergirse entre una avalancha de fans de los artistas, le llegara el turno de acceder a su ídolo para obtener un autógrafo.
La verdad que en la antesala del Cine, estuvimos más tiempo del que era de esperar. Vi con desespero, que se pasaba la hora límite para acceder al comedor Estudiantil. Mal menor. Total, un día sin cenar.
Lo peor:

-Hola Carlos, qué casualidad. Tú por aquí. ¿Cómo van los estudios?.

¡Tierra, trágame!, Jaime, el cotilla, el mayor de los nueve hermanos Tunet de Olot.
Temblé al pensar en los dimes y diretes que se propagarían por todos los corros de mi lugar.
Como mínimo, acababa de adquirir la etiqueta de pedófilo.

-Hola, Jaime. Pues sí que es coincidencia, ya que no suelo salir por lo que me ocupa el estudiar….,

No veía como abordar el tema, pues la familia Tunet eran de los que llevaban la religiosidad a extremos de fanatismo. La presencia a las 9 de la noche de una chiquilla acompañante, (en aquél tiempo, las ocho era la máxima decente para niñas en la calle), venía a ser un infanticidio.

Tuve que perjurar que no había cometido ningún secuestro, que eran coincidencias, que su hermana con fiebre….
Total que me liaba, hasta que por fin el cotilla me interrumpió para enterarme de los acontecimientos habidos en el último trimestre, por Olot.

-¿Sabes quien se casa?. Alberto Font. Y ¿sabes con quién?. Con Victoria.

-¿Eh?. ¿Cuál Victoria?. ¿La compañera de Bachillerato?. Pero …. Si esto es imposible…..

Ya me olvidé de mi propia incomodidad ante la situación, para mentalmente intentar explicarme el notición.
Alberto Font, cuatro años mayor que yo, había sido un colega instructor de sus experiencias ante los estudiantes de cursos inferiores. Se pavoneaba de su táctica para camelar a las chicas. Contaba con pelos y señales lo que les decía y les sonsacaba. Como colofón, llegó a contar como a Victoria, le sacó un beso.

¿Eh?. Pero si estaba harto de echarle pestes. Se burlaba de su pelo, de su nariz respingona, de sus pecas. De su voz de caña resquebrajada. De su ingenuidad, al tragarse todo lo que le contaba.
Claro, su alto grado de sexapil, le permitía ensayar con ella, para llegado el momento, embaucar a quien a él le apeteciera.

Así, que se enredó en su propia red. ¿Supo ella, que era el hazmerreir de todos?. ¿Que las burlas de Alberto eran de dominio público?.

Me despedí de Jaime, apesadumbrado por las consecuencias imaginables que las comidillas a mis expensas hallaría al regresar a Olot por vacaciones.
Y a devolver a sus padres a la niña lo más rápido posible, con su trofeo de autógrafo de no sé cual actor. No fuera que también con los vecinos fuera yo a perder su confianza, regresando a tan extremas horas de la tarde.

Parejas perdurables

Parejas perdurables

En la playa solitaria, diviso a una Caracola marina. Un aporte del oleaje reciente.
Bonita, la observo e inconscientemente, la acerco a mi oreja.
Entre los sones de mar embravecido, creo entender clara petición de exponer mis vivencias en pro de la formación de futuras parejas de larga estabilidad.

Recapacito y a pesar de la tentación en obedecer, me resisto por evidenciar que lo acaecido a una pareja en particular, no es extrapolable a ninguna otra.

Es verdad que rememorando mi vida a través de 53 años junto a Tere, la considero como muy satisfactoria.
Mi entorno Social, es variado en tipos de familias, sus estatus, sus culturas, su nivel económico y más conceptos.

Algunas de estas familias, al menos en apariencia exterior son envidiables en general. Otras por contra son deporables, pero se soportan. Y por suerte, únicamente por referencias lejanas a este entorno Social mío, nefastas relaciones entre parejas rotas, acabadas con necrológicas.

Analizo por tal experiencia, qué lleva a las parejas permutar sus actitudes supuestas originalmente de amor, por las de odio.

Sin pretender sentar cátedra, creo que algunos principios son determinantes, como:

A)- La mayor o menor estabilidad habida en la familia de las futuras parejas.
B)-El mayor o menor equilibrio entre nivel económico familiar y el del entorno inmediato, o vecinal.
C)-El nivel cultural propio, entre un mínimo y un máximo aceptable, por la futura pareja.
D)-La docencia recibida desde la infancia.
E)- Las mayores o menores dificultades familiares habidas en los años de formación, para el sostenimiento del estatus asumido.
F)- Las relaciones con la comunidad, en ámbito apacible o bélico.
G)-Listón autoimpuesto por cada cual, en alcanzar su nivel Social.
H)- Herencia genética.
I)-Carácter compatible, entre autoritario o de sumisión.
J)- Circunstancias del entorno, la Sociedad, la época, la moda y de todo tipo.
K)- La suerte.

La relación podría incrementarse hasta lo indecible. La suma de todas las variantes en sus diferentes grados queda claro que determina una formación moral individual, distinta en cada caso. Y luego que sean compatibles las de los individuos a emparejar.

Veré si hallo recuerdos vividos que puedan considerarse ejemplos de tales situaciones.

Comenzando el enredo

Luis, me conoce desde los años esrtudiantiles. Hoy paseando por la Diagonal Barcelonesa, interrumpe mis pensamientos.

- Carlos, estás ausente. ¿Qué te preocupa?. Acabamos la carrera. Y en seis meses, habremos cumplido con el Servicio Militar. Ya nada nos impedirá ejercer la profesión que elegimos.

-No Luis. Es aquí, donde nuestros destinos tomar rutas distintas. Tú si ejercerás la profesión, ya que será una continuidad de la de tu padre. En su bufete podrás permanecer el tiempo que estimes conveniente hasta que te atrevas a establecerte por tu cuenta. En realidad tienes la vida solucionada.

-Bien es cierto, pero no veo problema alguno en que te adscribas en alguna industria. A los técnicos hoy día se os valora.

-Mira Luis. Conoces mi situación. Mis padres se sacrificaron para que pudiera estudiar. Ahora que quedé huérfano, he de autoabastecer mis necesidades y sin ellos, no me resultará fácil lograrlo.
A los recién salidos de la Universidad, las Empresas, no les pagan más que lo mínimo estipulado oficialmente. Esto ya lo sé por colegas de cursos superiores, que no alcanzaron sueldos respetables hasta el tercer año de empleados.
Y lo que puedo lograr yo antes de este tiempo, no me da ni para pagar la pensión en Barcelona. Y no puedo regresar a Olot, dado que allí no hay Industria de mi especialidad.

-No te preocupes tanto, Carlos. Entre todos nuestros amigos, seguro que hallaremos una vez licenciados del servicio Patrio, un hueco adecuado para bien situarte.

-Te agradezco tu buena intención, pero la cuestión es más complicada aún.

-¿Ah, sí? ¿Cual complicación?.

-¡Que me enamoré!.

-¿De quien?. Si no te decidiste con ninguna de nuestras amigas en estos dos últimos años.

-No, no es ninguna de ellas. Y eso que me temo que al ser " niñas bien", las invitaciones a los "guateques" y salidas a bailar, no eran del todo inocentes. Aunque no entiendo bien que podían esperar de mí, cuando a las claras veían mi nulo nivel económico.
Esto me cohibía. Y aparte de la mera atracción sexual, ninguna me gustaba como para enamorame.

-Pues si que es mala suerte. Tres de ellas, hijas de industriales pudientes, podían solucionarte tu problema con creces por partida doble. El yerno, futuro Dueño de su Industria.

-Ya, ya, pero a pesar de ello, es que no me seducen. Sin embargo, es de Tere, de quien me enamoré. No la conoces. Y su padre es un funcionario por lo cual, ningúna posibilidad económica por su parte, ni oferta de empleo para mi profesión.

-Pues tampoco es tan grave el problema. Inicias el noviazgo al regreso de la mili. Al cabo de un par de años te declaras, si aún sigues enamorado, y con otros dos años más si aún seguís acarmelados, os casais. Ya ves como mínimo tu problema se demora cinco años.

- Que fáciles son las resoluciones de problemas ajenos. Hasta ahora, solo han habido insinuaciones entre nosotros. Ella sabe que tengo amigos y amigas con las que salgo los fines de semana. Como ella es bastante menor que yo, hasta hoy no me dí cuenta que también ella tiene amistades y concretamente la de un chico que le hace tilín.
Francamente, se está poniendo "guay" con una buena defensa muy sugestiva. Ha sido el acicate que me faltaba, ya que su trato siempre me había sido muy agradable. Su inocencia me cautivó y llevo un par de meses pensando en si el sentimiento aflorado es el del verdadero amor y no solo sexual. Al menos es completamente distinto del que me producen nuestras amigas comunes y adineradas.


Mientras mantenía conversación con el amigo Luis, mi mente rememoraba el día en que conocí a Tere:

Juan, un colega de Gerona (actual Girona), cumplía su último curso de carrera. Yo, seis años menor, la iniciaba. Mi incursión a la Ciudad Condal, resultaba una lluvia de emociones. El contraste de una Metrópolis de más de un millón de habitantes, con el lugar de mi procedencia de unos diez mil, amilanaba.

Con los escasos medios que mis padres me enviaban, no podía abonarme a hotel alguno. Tampoco tuve suerte en inscribirme en la Residencia Estudiantil, por sus plazas limitadas, no ocupables por novatos, en tanto no se liberaran de los bisoños.

Lo que sí podía, era adquirir vales del comedor Estudiantil con un precio reducido de verdad, con la simple acreditación de estudiante (en aquél tiempo del SEU). Sin embargo debía como la mayoría de los colegas, alquilar una habitación cercana al recinto escolar.

Ello fue lo que me propuso Juan, ya que al siguiente curso, finalizada la carrera él se retiaba de la Ciudad. Podía contratar la habitación que le sirvió y que me invitaba a verla.

Era una habitación amplia a la cual le habilitó un tablero de dibujo ad hoc, para la realización de dibujo lineal, croquización y proyectos industriales.
La casera, a pesar de concertarle un módico alquiler le permitió este inusual amueblamiento, con la condición de retirarlo al anular el contrato.

Esto, a él le representaba un pequeño inconveniente, ya que tendría que avisar a un trapero para llevarse el Tablero ya inservible para él. Propuso, que me lo quedara y seguir las mismas condiciones establecidas.

Me entusiasmó todo. El lugar, el precio, la amplitud de la habitación y....¡cómo no!. Un tablero profesional, que de maravilla resultaría para los ejercicios escolares.

Me advirtió Juan, que la casera, vivía con una sobrina, que más que persona era una fiera.
Ya imaginé un mostruo. Pero no: se refería a un caracter endemoniado. Intratable, vamos.
Que él lo solucionaba, al llegar, darle los buenos días si se la encontraba y sin más encerrarse en la habitación.
Me dijo asimismo que contrariamente a la violencia de carácter mostrada con los estudiantes visitantes, era la mar de simpática con una niña del vecino.
Cosa rara, debía sentirse una especie de hermana mayor protectora. Pues la relación con su tía, era también feroz como la administrada a los estudiantes. Lo dicho, una fiera.

Asumidas las condiciones, decidí a la semana siguiente tratar con la casera el próximo cambio de inquilino, avalado por Juan.

Aquél día por primera vez, Tere apareció ante mis ojos.

viernes, 7 de enero de 2011


Leyenda del croquis anterior

Gráfico simplificado de la compresión y dilatación de las ondas emitidas por el foco emisor en movimiento.

Se muestra a la emisión del color amarillo, que pasa a azul frontalmente en sentido de avance en tanto que aroja en el sentido de alejamiento.

El valor de la constante de Planck, es precisamente siempre el mismo en todas las ondas. Lo que varía es la frecuencia que aquí se reduce para comprensión a grupos de 10^14 cuantos que al final de un segundo nos dan la longitud de onda.

Al emitirse con el electrón emisor en movimiento, y no pudiendo sobrepasar la velocidad C, lo que ocurre es que se agolpan los emitidos en menor longitud hacia adelante mientras se dilatan en mayor longitud hacia atrás.

En el gráfico inferior, cómo se desplazan las ondas a velocidad C, creando ráfagas de frentes de ondas.
Los frentes de ondas contienen la cantidad emitida por los electrones en el tiempo de 10^-19 segundos.

Las ondas del frente, con su propia longitud, correspondiente a su energía nominal, se van distanciando unas de otras, por un valor
X+l = 2 pí R / Hz
l, es la longitud de onda.

Las ondas en sus frentes contienen los fotones citados que a su vez están constituidos por la cantidad de energías Planck, h separadas entre sí la distancia 10^-19 cm.
Y la separación de las ráfagas entre sí es la de 10^-9 cm.

Por ejemplo, aplicando valores a esta fórmula, resulta que la emisión de fotones por un electrón, al cabo de un segundo en que se hallarán a la distancia de 300.000 km del foco, la separación entre los fotones esparcidos en su perímetro, es la de 3,2 *10^-4 cm.

Al cabo de una hora, se habrán separado 1,15 cm. pero se habrán distanciado del foco 1.080.000 Km.

Esto explica que los Astrónomos, para obtener imágenes detalladas de los objetos del Cosmos profundo, requieran mantener una exposición de horas, para captar los fotones desperdigados.

En tanto que la fórmula también nos indica que a las distancias comunes como las de 1m en que realizamos fotos, la separación X entre onda y onda, es la de
X = -8,9*10^-6 cm lo que significa que prácticamente no se separan de la propia onda, o sea que las ondas salen superpuestas. He aquí la intensidad con la que se captan los fotones.





martes, 4 de enero de 2011


Hubble, vs Doppler

Como veo que muchos confunden el desplazamiento al rojo motivado por el efecto Doppler de aplicación a móviles con v <> con el desplazamiento al rojo por el efecto de la Expansión Cósmica , al que se aplica para su cálculo la constante de Hubble, expongo la diferencia entre estos dos efectos.

DOPPLER
Con el efecto Doppler, constatamos que la energía emitida en direcciones diferentes al sentido del móvil emisor varía según el ángulo en que se observa.

El resultado está entre la suma de energías del foco emisor y la de la velocidad del móvil, hasta la diferencia entre ellas, pasando por los intermedios en los que la energía del móvil, viene multiplicada por el coseno del ángulo en que se mueve.

En resumen, el móvil según la posición del observador, verá desde que está quieto a que se mueve, enrojecerse o azulearse.
En este caso Doppler, no contempla la Expansión Cósmica, ya que en la referencia en que se trabaja con tal fórmula, tal valor es despreciable.

HUBBLE
Con La constante Hubble, nos hallamos en un caso muy similar, pero aplicado a distancias de años luz, con lo cual la Expansión Cósmica, es relevante.

La Expansión, no es en una sola dirección y sentido como el móvil anterior, sino que se realiza en todas direcciones espaciales. Luego el objeto móvil, se verá enrojecer sin necesidad del coseno alfa, ya que abarca todos los planos de expansión. Desde cualquier punto espacial, al observador le llegará la misma energía. Y no se azuleará en ningún momento por esta simple causa que solo expande.

Un caso completo, será aquel en que tengamos en cuenta a Hubble por la Expansión más el Doppler por el movimiento de las galaxias en su rotación, acrecándose o alejándose. Será más dificil analizar la parte de modificación de las ondas que corresponde a cual efecto.

Pero algo sí podemos saber. Por el efecto Hubble, se alcanzan velocidades incluso superiores a C. Por Doppler, los incrementos siempre serán inferiores a C.