jueves, 13 de octubre de 2011


Parejas perdurables  (continuación  66  )

Me doy cuenta de que este relato,  puede dar la sensación de que en mi entorno social, se hallaba gran cantidad de indeseables. Quiero sacar de error a quienes así lo tomasen. Puedo haber contactado entre varios miles de conocidos, amigos, parientes, o vecindario, con aproximadamente ochocientos de ellos mediante conatos comerciales. 

De entre estos ochocientos, no llegó al centenar que intentaran aprovecharse de mi candidez y que recuerde, no excedieron la cuarentena quienes lograron embaucarme.

A pesar de ello, los ardides empleados, en ocasiones, infantiles, no llegaron a los extremos que personajes famosos por su estatus de poder, fueron posteriormente conocidos.
Un ejemplo apareció en la prensa, en el tiempo que ya acusaba mis problemas con la construcción de los Bungalowes.


Se trataba de Reace, una empresa que merced a los componentes del elenco directivo, administrativo, consejeril, de alto nivel de poder, lograron hacer desaparecer en 1972, cuatro mil toneladas de aceite de oliva, de entre doce mil almacenadas propiedad del estado, en Redondela. Claro, este afer, sí fue gordo. Como intervenía Nicolás Franco, el mismo que se adjudicó el beneficio gubernamental para explotación agraria, de la Zona Franca, casi la totalidad destinada a Cataluña, no se obtuvo ningún resultado aclaratorio del destino de tal cantidad de aceite , a pesar de entrar gente a la cárcel.

El Presidente de la empresa, misteriosamente murió en la cárcel mientras se duchaba. Se dijo que por una fuga de gas. Claro, él conocía lo de la fuga de aceite.

A un denunciante, una angina de pecho, no le permitió contar lo que sabía.

Otro directivo, fue cesado incomprensiblemente. Otro dimitió. Y un tercero apareció muerto en Sevilla en su domicilio junto a los cadáveres de su mujer e hija.
 A un taxista lo asesinaron, sin hallar pista alguna del asesino.

Los Jueces no pudieron sacar ninguna conclusión de las diligencias expuestas en cinco mil folios, dado que desapareció el expediente del Juzgado, por unas obras de reforma habidas, muy oportunas.
El Tribunal, acalló a los fiscales. Pío Cabanillas, ministro de Información, prohibió sacar el tema en periódicos, u otro tipo de medios para notificar al público.

Las películas de espías y organizaciones al estilo James Bond, pueden haber intentado emular a tales organizaciones para el quehacer REACE, pero ni mucho menos alcanzaron este grado de perfección.

Este caso me llamó la atención ya que uno de los protagonistas que no apareció ni tan solo citado para declarar  fue Nicolás, al que tuve que conocer cuando pretendía subvención para mis manzanos en Santa María. Para más detalles de REACE, ver el enlace.

Simplemente es una constancia de que el nivel económico del objeto a alcanzar, es proporcional al grado de maldad de los que lo ambicionan.
Mis enemigos, operaban por cantidades de cinco cifras, mientras los verdaderos enemigos públicos lo hacían por once.
Para cinco, los aprendices a delincuente, se atrevían a causar malestar, incomodidades, e incluso rasguños a sus presas, con maledicencias. 
Los de once, no se arredraban por dar trabajo a las funerarias y sepultureros.

Tal noticia, no hizo más que seguir reafirmando mi interés en cancelar negocios, aunque ya tenía la visión del desenlace fatal al que conducía la actitud del constructor Hnos. Domenech.
Según Rodriguez, no podía desatender las letras cursadas a través de financieras, a menos que fuera yo mismo a rescatarlas y darme por satisfecho con lo poco avanzada que se hallaba la obra.
Esto era ya imposible. No disponía de suficiente efectivo, y menos para continuar las obras que me costarían el doble de lo tratado, entre lo ya abonado y las letras en curso del siguiente trimestre.
A pesar de todo, mis problemas los conocía yo y Rodriguez, pero nadie más. Ni siquiera Tere.
Por ello, no me extrañó la visita de un ex empleado del Banco Popular.

-Don Carlos, supongo me recordará de cuando operaba en el Popular. Ahora pertenezco al equipo de promoción del Banco de Fomento. Dado que conocemos su trayectoria, creo que es la persona que merece beneficiarse de las ofertas que hacemos a los elegidos.

Esto, me recordó a Marcé, de Girona. No su aciago final, sino la labor que le tocaba en suerte. Los Bancos para crecer, precisan un máximo de clientes que les hagan fuertes depósitos, a la par que fuertes movimientos de capital. Estudian las posibilidades de sus clientes y dan créditos millonarios a quienes según sus informes, son acreedores de ello.
Pensé que en mal momento venía. Mi pensamiento estaba fijo en cancelar cuentas, no en abrir.

-Estamos en expansión y sabemos lo de su construcción en Santa María.

¿Qué sabían qué?. Rodriguez como profesional, no podía esparcir mi temor al fracaso por culpa de los Hnos. Domenech. Ni que estaba pasando un mal trago para deshacerme del contrato, que legalmente me unía aún durante un año más.

-Mi Banco, está dispuesto a financiar todas las obras que realice en su Urbanización. De entrada, le otorgaremos veinticuatro millones destinados a ellas.

¡¡¡Eh!!!. Me pellizcan y no lo noto. Otra vez me sentía obnubilizado por este anuncio. Estaba sentado, cosa que facilitó, disimular mi tembleque y respondí pausadamente.

-Me halaga que pensara en mí, pero en principio, no tengo previsto realizar más obras. He de terminar las que están en curso, promover su venta y ceder luego el seguimiento, a subcontratistas.

El empleado me tuvo media hora explicando el interés en captarme como cliente y que verdaderamente la oferta era excepcional, con el interés, no Bancario, sino interbancario. 

Es que ya vi como los veinticuatro millones que me ofrecía Fomento, automáticamente, a ellos les daba la oportunidad de crecer y ofrecer a más clientes, hasta doscientos cuarenta millones. Era pura competencia entre bancos.

Pero a mí, pensar en acarrear tal cifra sobre mis hombros cuando se me avecinaba una tormenta con los Bungalowes, me hacía dudar, a pesar de la tentación.
Disimulando, le indiqué que me pilló por sorpresa y tenía que pensar bien el aceptar tal oferta. Consultaría con mis socios la conveniencia de realizar nuevos proyectos. Así, no dije ni que sí, ni que no. Ya le llamaría.

Nada menos, que Prat, me adquiría  millón y medio de palmos cuadrados  equivalentes a cinco mil seiscientos metros cuadrados de la manzana de Cubera. Con su importe, sumado a la inversión del Notario, en la manzana de Nova, podía arreglármelas sin necesidad de recurrir a más créditos.
Pero tampoco esto estaba claro. Prat adquiría el terreno, a nombre de Santiga. Tenía que aguardar a que su legalización notarial, fuera operativa con su constancia en el registro mercantil. Podían pasar un par de meses.

Sin convencimiento, acepté los millones del Banco de Fomento, pensando que mientras no veía las cosas con mejor perspectiva, mejor dinero en cuenta corriente, que promesa futura volatilizable.
De resolver mi problema sin tal capital, no había dificultad alguna en cancelar tal nueva cuenta.
De no resolverse, otra opción, era la temeraria huida hacia adelante.  Ésta, seguro minaría mi salud y teniendo aún los niños en edad escolar, mi obligación era mantenerme en plenas facultades para seguir luchando en defensa de su educación. Debía prepararles para defenderse del mundo de lobos en el que me hallaba inmerso.



Parejas perdurables  (continuación  66 a )
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Pasé varias noches dando vueltas en la cama, imaginando posibles soluciones para el cúmulo de problemas.
Los veinticuatro millones aceptados, me quemaban. Una vez ingresados en mi cuenta del Banco de Fomento, fui consciente de que me ataban más de lo previsto.

No se trataba de una póliza, por la que pagas intereses solo por las cantidades utilizadas. Podías disponer de una póliza de crédito por más de un año, no usarla y sólo devengaba el banco la tarifa por la cuenta, que solía ser un tanto por mil de lo nominal.
La cuenta aceptada no era así, devengaba intereses de los 24 millones desde el primer día, usados o no. Y por aquellas fechas el interés bancario se establecía al nueve por ciento y el interbancario, que me ofrecieron a mí el cuatro y medio.

Si desistía en emprender más obras, aquello era un lujo bastante imbécil. Pagar por figurar una cifra respetable en una cuenta.
Con un cálculo mental, entre lo recaudado por la venta al padre de Jacinto y lo que cobraría de Prat, al escriturar a favor de su nueva Sociedad, y lo disponible en mis cuentas de los diez bancos que aún ostentaba, eliminaría la cuenta de Fomento, pero para ello, habría que aguardar un trimestre.
Y en este trimestre las nóminas no perdonaban, de manera que había que acelerar más ventas.

Las ventas de solares tal como estaba avanzada la Urbanización, no podía realizarlas por debajo de un elevado precio. Se sentirían estafados los propietarios habidos con anterioridad. Y al precio que le correspondía, ya no fluían compradores como antes.
Se esperaba disfrazar el valor del terreno, con el de las construcciones a realizar. Si decidía pues tal como deseaba el Banco de Fomento construir por etapas grupos de chalets, me saldría la obra relativamente barata, mientras su venta alcanzaría valores más que doblados.

Pero, no. Los Hnos Domenech, me habían estafado y no podía hacer nada contra ellos. Me tocaría pagar las letras firmadas descapitalizándome y luego afrontar gastos Judiciales contra ellos, que en el mejor de los casos no habría sentencia hasta varios años después de haberse demostrado su estafa. Y mientras estaría ahogado aún obteniendo beneficios por nuevas obras. Calculé que para superar la estafa en ciernes, perdería los futuros beneficios.

Solución: En los planos del proyecto de los Bungalowes, señalé a los seis que estaban cubiertas aguas, los diez que tenían las paredes casi a punto de envigar y los ochos que tenían las paredes a media altura. Los demás prácticamente, apenas se levantaban de sus cimientos.
Con ellos a la vista, redacté su segregación individual y pasé los datos a Jacinto. Se trataba de declarar la obra nueva. Jacinto me llamó la atención.

-Carlos esto te saldrá muy caro. Mejor segregues los solares y declares la obra nueva, a medida que los vendas. Hacienda no se anda con chiquitas. Te cobrará lo mismo acabadas que a medio terminar.

Lo consideré, pero al menos podía intentar con las segregaciones realizadas, emprender nuevas ofertas a clientes que aceptaran terminar las obras por su cuenta. Al final viendo el coste por su legalización, incrementé el número a declarar hasta treinta y seis, que eran los que tenían frente a la Avenida proyectada ajardinada. Los veinte restantes se hallaban en el interior de la manzana y solo eran cimientos.
Gasté una parte del crédito en esta legalización y en las devoluciones de los anteriores compradores.

A Picot, le expliqué mi propuesta, que era a mi modo de ver más interesante que la de los apartamentos Gemini. En esta ocasión, me envió como primer cliente a su cuñado. Me levantó la moral, pues disponía al menos de seis meses para realizar las ventas suficientes que paliaran el perjuicio de Hnos. Domenech.

Y resultó peor de lo esperado. Mi prevención, no llegó a tanto. Al término del contrato, no habiendo colocado ni un tocho más, en las obras, ya no fue posible dar con su domicilio. Supe que abandonaron el despacho sin abonar el alquiler del último semestre, por lo que los iban a desahuciar. Y los peones sin cobrar los jornales de la ultima quincena, pues los Hnos. se fugaron hacia algún País Sudamericano.

Luego, se me presentaron los industriales suministradores del material para las obras. Sus facturas, me las reclamaban a mí. Y aquél material en todo caso fue transportado a otras obras, no a las mías. Ya tuve discusiones con varios de ellos por no querer entrar en razón.

Más trabajo para Rodriguez. Por mi parte envié cartas a todos los proveedores conocidos, para que no sirvieran material a ninguna de mis obras paralizadas.
Como el de los sanitarios, no quería atender, le fui a ver personalmente.

-Oiga. Las obras están paralizadas por motivo de abandono del constructor. Mejor no sirva ningún pedido, que tendría luego que retirarlo de nuevo.

-De ningún modo, el camión con los sanitarios para seis Bungalowes, ya se envió. Y obedecen a un pedido aceptado por lo que la factura le llegará próximamente.

-Le digo, que no voy a recepcionar los sanitarios. Me basta con el que ya acabamos como piloto. Las obras tendrán un retraso de al menos un año.

No quiso atender. Me llamó al día siguiente, indicando que tenía el albarán de recepción firmado por mi capataz.
Aquello, se salía de madre. ¿Qué capataz?. Pues el albañil que estaría por la obra, por su cuenta, admitió el material y se lo llevó al patio de su casa.

Los fuegos, me venían por todos lados. ¿Es que tenía que usar el crédito de Fomento, para organizar demandas al por mayor?. Unos por proveedores que se resistían a dejar de serlo, otros por servidores desleales que robaban en su beneficio exclusivo y los empleados despedidos, por reclamar indemnizaciones.
Mayor razón para abandonar negocios. Me propuse venderlo todo.

El cabecilla de un grupo de vendedores inmobiliarios a comisión, me vino a proponer la compra por un cliente que se quedaría con una manzana íntegra de Santa María.
Me venía al dedo. Estaba dispuesto ya, a desarmar el castillo de mis negocios.

-Dispongo de un cliente que puede abonarle al contado el importe de una manzana, si se lo deja al 45% de su valor, renunciando yo al 5% de comisión, por lo que sería como si accediera a vender a mitad de precio, pero de contado.

-Tengo la manzana que se refiere Ud. escriturada como aportación a la sociedad Complejos 7V2 S.A. Si se la vendo, ¿Qué hago con la sociedad descapitalizada y sin patrimonio?.

-No es problema tenemos demandas de sociedades del ramo inmobiliario que estén disponibles para realizar operaciones inmediatas. Se la podríamos comprar por el simple costo de creación y los gastos que hubieren hasta su traspaso.

Con ello, daba al traste a mi proyecto para el futuro económico familiar. Como el mayor de mis hijos solo había cumplido los catorce años, me quedaban al menos cinco años para salir del atolladero y rehacer lo que restara de Usamasa, Los Congelados y los Trofeos deportivos. Sería labor más ligera, habiendo liquidado el de Coches de alquiler, Revista discográfica y Gabinete Técnico.
Realicé la operación, sin saber quien era el comprador del terreno y quien el de la Sociedad. En aquél momento no presté atención, ya que no me incumbía, pero un año después tuve que enterarme del maquiavélico plan del comprador, al aparecer en el Registro de la Propiedad, como titular, el Banesto.





viernes, 7 de octubre de 2011


Parejas perdurables  (continuación  65  )

 Jamás mi cerebro, se vio sometido a tanta presión. Estaba con un dilema crucial. Mi decisión de abandonar negocios, predominaba. Salir de tantas responsabilidades ajenas a la familia, como eran los empleados, los clientes y los colaboradores. Cualquier paso que diera atrás, un montón de familias saldría perjudicada.

El bienestar familiar actual y futuro, requería meterme en más responsabilidades. ¿Qué procedía?.

El piso que disponíamos era ya algo mejor que el tipo medio usual. Teníamos tres dormitorios y la del tálamo nupcial, así como dos baños y un aseo.

Al tener ocupado un dormitorio por la doméstica, tuvimos que amueblar con cuatro literas a uno, destinado a los cuatro vástagos menores y a los dos mayores en el otro, donde le pusimos además la cuna de la niña. Solo hacía seis meses que la retiramos de nuestra habitación.

Por delante teníamos un futuro de al menos catorce años, ocupando el hogar diez personas, sufriendo el hacinamiento.
Cada vez las despedidas nocturnas en el dormitorio de los cuatro menores, se dilataban por el jolgorio, al principio jocoso.
Se notaba que las incomodidades iban variando su humor y el jolgorio se convertía en discusiones. Extrapolando, de no disponer de un piso con mayor capacidad vital, las risas de ahora, serían riñas diarias.

Muy fuerte era pues el deseo de Tere y mío, de adquirir un piso como el que ahora sin esperarlo, se nos ofrecía.
Los cinco dormitorios, permitirían ser distribuidos, mejorando sensiblemente el panorama. Uno para la sirvienta, otro para el primogénito con una mesa para estudiar,  otro para la niña, y los otros dos, ya solo necesitaban literas de tres y dos.
Para acabar, dispondríamos de la magnífica alcoba matrimonial con sus amplios armarios empotrados.  Además los tres pasillos con techo útil para ubicar tres altillos en los que venía de perillas inquibir la cantidad de objetos personales, u obsoletos. Entre ropa interior de los niños, ropa de verano y ropa de invierno, ya se ocupó uno de ellos. 
Y merced a los armarios que poseíamos y que cabían en cada habitación de los niños, nos quedarían otros dos altillos, para ocupar por lo que se avecinara.

Mentalmente, discurrí que rescatando capital de los bancos a los que poco a poco cancelaría, obtendría los quince millones para la compra que pedía la Sra. propietaria, más las ochocientas mil pesetas previstas por gastos notariales y de Hacienda.

Sí. Hacienda podía resultar un problema. El mío, era que tenía demasiadas propiedades a mi nombre. El edificio de San Juan de Malta, el piso actual, ocho apartamentos aún no vendidos, el chalet Niu Blau, el despacho antiguo y menos mal que no figuraba el de Jacinto, que era de él.

¿Para qué sirve la suegra, aparte de ayudarnos atendiendo a los nietos?. Claro, mi suegro había expresado cuando le ofrecí el apartamento Gemini, que le ilusionaba tener una esposa propietaria.
Y a ella, ni fu, ni fa, pero le hizo gracia ir a la Notaría, incluso parecía rejuvenecer ante el acontecimiento. Luego, era una candidata perfecta para intitularla propietaria del piso nuevo.

Ella, carecería de gravámenes por patrimonio, cosa que distaba de lo que le sucedía a la Sra. vendedora.
Esta debía ser la razón por la que se desprendía de una propiedad a tan bajo precio.
Por lo visto sabía que el valor mínimo a vender sin que le causara problemas era el del valor catastral, que en Barcelona era dos veces y media inferior, al comercial medio catalogado.

Por otro lado, para venderlo, debía declarar todas las propiedades heredadas de su marido. Lo heredado se hallaría al límite del valor en que cambiaba el baremo del impuesto por transmisiones patrimoniales.

Un millón más declarado en su venta, a ella podía costarle pasar del baremo bajo, al superior de Hacienda. Tal vez hasta le costaría treinta millones más.
Según recuerdo, los porcentajes oscilaban entre un treinta y un cincuenta y seis por ciento del total valorado. Y prefirió, rebajar el piso al mínimo legal, favoreciendo al comprador.

Lo discutimos Tere y yo, dado que dar la titularidad a su madre, podía traer otras consecuencias futuras. Como me sentía yo, tan hijo de ella, como Tere misma lo era y no habiendo más familia que nos pudiera obstacularizar la disposición de un bien familiar, lo dimos por factible. Salió a colación, que su hermana algo tendría que decir, puesto que también era familia. Afortunadamente, la cuñada estaba tan bien unida a Tere, como a sus padres y reconoció que caso de óbito de sus padres, ella renunciaba a su parte de herencia por esta procedencia.

Tomada pues la resolución la puse en práctica. Entregué los dos millones prometidos a la mañana siguiente, firmando documento para la elevación próxima a escritura de venta.
No tuve ninguna dificultad con los bancos en Barcelona. Lo gordo sería cómo presentarme a los tres bancos de Girona para retirar trece millones y medio en metálico.

El Banco Industrial, en Girona, fue el primero al que comuniqué mi retirada a la mañana siguiente siete millones en metálico. De no avisar con antelación, tales cifras en metálico, no las atienden por ventanilla.

Al presentarme, me atendió el director, que se extrañaba de mi actitud. Quería entregarme talón conformado para poder usarlo en cualquier entidad, como si de metálico se tratara.
Le comenté que debía realizar una compleja operación y necesitaba el metálico para su distribución.
Contraofertó  el entregarme tantos cheques fraccionados como le requiriera.

La cosa al final debería confesarla en su cruda realidad. Pensaba cancelar la cuenta en cuanto el riesgo de mi póliza venciera, cosa que preveía en la siguiente quincena.
Que la operación a realizar, se debía a cancelaciones de cuentas y adquisiciones patrimoniales en metálico. Se dio cuenta de mi firme decisión, me entregó personalmente el dinero y ya no insistió más.

Los siete millones para despistar, envueltos en papel de periódico, fueron siete fajos de mil billetes de mil pesetas. Siete kilogramos de peso total. Los repartí entre una cartera de mano y una bolsa.

Mi próxima entrevista con el director, fue ya vencido el plazo de riesgo de la póliza. La usé durante tres años para el desarrollo de la empresa de Congelados.
Seguía con mi plan de cancelaciones, ya que reducí capital bancario con tal importe convertido en propiedad ajena. Era titular la suegra.

El director se resistía a mi cancelación.

-Don Carlos, ¿es que le hemos fallado en algo?. Si tiene otros bancos que le hayan hecho oferta, estoy dispuesto a mejorarla.

-No tengo ninguna prevención contra Uds. Para crear la Empresa me solicitaron garantías y se las aporté, luego con ello trabajé con su póliza crediticia, la usé y ahora doy por conclusa la misión. Congelados ya no me necesita.

-Pero Ud. se llevó siete millones para ingresarlos al Banco Hispano. Un empleado nuestro le siguió desde aquí, como protección por ir solo por la calle con tanto dinero.

Quedé sorprendido, máxime cuando la discreción de mi protector debió ser extrema. No advertí ningún seguimiento, ni anormalidad en el breve trayecto peatonal de doscientos metros, hasta el Banco Hispano.

-Pues se equivoca Ud. Al Banco Hispano, no le ingresé nada. Le retiré tres millones, también para cancelar cuenta y después entré en el Banco Central, que ya sabe, es colindante, y por lo mismo rescaté el saldo de un millón y medio más.
Este capital, sirvió junto con más cantidades de cuentas barcelonesas, para tal como le dije, distribuirlo en inversión inmobiliaria.

Ya solo me quedaba organizar un revuelo con las dieciocho cuentas que aún disponía en Barcelona y conminar a los compradores de solares por contrato aplazado a que lo hicieran público.
Y estaba dispuesto a escriturales incluso a los que les faltara más de un año su cumplimiento, con el simple reconocimiento de la deuda pendiente, en su escritura.


Y algo en principio intrascendente, hizo que me enterara de lo poco fiables que resultan a veces los segundos de a bordo y lo estúpidos que son ciertos asesores legales al aconsejar a sus clientes.






Parejas perdurables  (continuación  65 a  )


A Beltri, que con los años se convirtió en el “segundo de a bordo”, le conocí al regresar de su temporal búsqueda de trabajo por Francia.

Su padre viudo, era uno de tantos emigrados, que se estableció en Ivry, París. Tuvo la suerte de obtener la confianza de un potentado que le nombró portero de una de sus mansiones posteriormente habilitada como Hotel.

Beltri, llevaba dos años de casado sin conseguir puesto destacado en el Banco Español de Crédito (Banesto), por lo que intentaba abrirse camino con otras perspectivas.
Le concedieron una excedencia de tres años, por lo que si hubiera obtenido algo mejor en Francia, aprovechando posible convivencia con su padre, allí hubiera residido con su mujer definitivamente. No fue así, ya que a pesar de la ayuda de su padre, apenas subsistía con lo que ganaba de solador en una empresa constructora.

Coincidió su ausencia con mi traslado al primer piso de propiedad que obtuve, al cesar en Minas de Suria.
Mi primer piso, sin teléfono resultaba un hándicap para reemprender labor técnica y de promoción inmobiliaria. Un teléfono fijo, en edificios nuevos, requería que la Telefónica, hubiera hecho llegar hasta allí su red.
 Este impedimento, sin embargo, era menor que el de la avalancha de solicitudes de toda la Ciudad, motivando retrasos de conexión incluso superiores al año.

Acaba de abrir el Gabinete Técnico con Orpí, cuyo despacho se hallaba a siete kilómetros, lo que hacía de primera necesidad una comunicación telefónica.

Tere en pocos días hizo amistad con una vecina, la mujer de Beltri,  del edificio contiguo de construcción anterior, que sí, disponía de teléfono. Y apenas lo utilizaba. Incluso pensaba en darlo de baja, ya que lo que recibía de su marido Beltri desde Francia, le obligaba a reducir gastos.

Me la presentó y aproveché proponerle que me permitiera por las tardes durante un par de horas, usar su teléfono y me haría cargo yo de las facturas de Telefónica. Ella me hacía un favor a mí y seguiría disponible su teléfono para cuando regresara su esposo.

En realidad la ayuda era mutua, pero mayor provecho saqué yo.
Justo cuando obtuve mi conexión telefónica tan esperada, por lo que  ya no acudiría más al teléfono de la vecina, regresó de Francia Beltri.

Vino a verme para agradecer la ayuda a su mujer y ofrecerse de contable, ya que disfrutaba de dos años aún de excedencia al banco.
En principio no me pareció mal. Me hallaba predispuesto a emplearle, por agradecimiento. Le puse al tanto de la misión a cumplir, la cual le conllevaría más tiempo en atender el teléfono por anuncios, que por la incipiente contabilidad que requería el despacho.

Al funcionar mas bien que mal, el Gabinete, obtenía mayores ingresos por operaciones de venta terrenos, que por proyectos técnicos.
Fue desenvolviéndose el negocio, por lo que tomé confianza a Beltri, y le otorgué facultades amplias para atender clientes y preparlos para negociar, primero conmigo y un tiempo después con él mismo.

Los contratos de compra-venta aplazada, los imprimí para facilitar la diligencia mediante un simple relleno de datos del comprador, precio pactado, plazos con relación de letras aceptadas y los datos del solar a adquirir.
Se entregaba pues por duplicado a firmar por el comprador. Uno se lo llevaba él y el otro, pasaba al archivo de ventas.

Con las letras aceptadas se hacía un recorrido de reparto por las cuentas bancarias habidas, para proceder al principio a su descuento y tiempo después solo al cobro.
Todas esta funciones, Beltri estaba más que capacitado para realizarlas, así que su trabajo se veía de gran utilidad.
La confianza llegó a que realizara muchas gestiones bancarias y visitas a clientes, obteniendo también compradores provinentes de su círculo de amistades.
De contable pues, pasó a “segundo de a bordo”, tomando como contable a un nuevo empleado, asimismo recomendado por él. Era otro padre de familia también vecino suyo, necesitado de mejorar su situación al haber entrado en fallida la empresa que le empleó. Y que ya conté como me salió rana con la compra-si-pagar de mi 2 Caballos Renault.

Mis ausencias por trabajos de campo, hacían ya imprescindible una plantilla de empleados administrativos, como si de una Entidad importante se tratara. Dos contables, la secretaria, la telefonista, los cinco delineantes, y por toda ayuda al reparto de responsabilidades, el arquitecto Orpí.

Al principio me sorprendió la meteórica creación de empresa,  luego me hizo sentir importante, pero al final, afloró mi innato miedo al fracaso ante el cúmulo de responsabilidades que iba adquiriendo.

Dos años después Beltri se despidió, pasando de nuevo al Banesto, con una posición respetable, pues los años de excedencia le valían también como antigüedad.
Seguimos viéndonos, sin embargo, ya que sus tardes libres, las aprovechaba para finiquitar contratos antiguos, algunos de los cuales eran de él mismo, por haberme adquirido una manzana entera y seguía usando mis contratos impresos para gestionar también los suyos.

El contrato que realizó por venta de uno de los mayores solares, era a favor de su padre.
Me lo entregó, con las letras sin aceptar. Se trataba de simplicar trámites legales y su padre no pasaría por Barcelona hasta su jubilación, justo vencidas las letras de la operación.
Las domiciliaría a su nombre en una cuenta que administraba Beltri, en el propio Banesto donde ahora era un apoderado. No convenía pues tener que dar explicaciones a sus superiores sobre este arreglo.
De este modo, se limitaba a retirar las letras por su cuenta a cada vencimiento.
No me pareció tampoco problema. Y además le pedí que se presentara en mi nombre al despacho de Prat, que estaba en proceso del traspaso de su empresa, por crear la de Santiga. Ir unas cuantas tardes a resolverle asuntos bancarios, le reportaría un sobresueldo.

Y ahí se acabaron las buenas relaciones con quien fue mi segundo de a bordo.
Mi decisión de cancelar asuntos para reducir negocios, motivó citar al Notario a todos los que en aquél año les vencía el contrato de venta.
Uno de los clientes, no estuvo de acuerdo con la redacción que ofrecía la escritura.

-Oiga, su contrato cita un valor del solar, pero está denunciando otro distinto. - Constató el Notario.

El cliente, miró la copia de contrato que presentaba yo para su redacción.

-Mi contrato, no es este. Y mi firma tampoco, pero sí lo es la de las letras, que tampoco son la cantidad que dice. Yo pagué tres más como puede ver las que le enseño.

¡!!!!! Otra ducha fría. ¿Cómo que no era el contrato de copia mío, igual que el de él?.
Pues así era. Se declaraba el precio de venta un diez por ciento más caro en el contrato del cliente, que en el mío. Y faltaban tres letras no relacionadas que sí pagó el cliente a Beltri al contratar.

Y esto ya se fue repitiendo con los demás clientes citados para escriturar. El Notario, estaba dispuesto a que desistiera de la venta, pero esto no era posible ya que ellos atendieron lo contratado por la persona que oficialmente me representaba en mi despacho y no se trataba que ahora les reclamara importe alguno.
La estafa me la había realizado Beltri, al darme a mí contratos con firma falsificada, señalando un menor importe de venta, lucrándose él de la diferencia.
Las letras eran auténticas, por lo cual los bancos las atendieron estos cinco años de  aplazamiento. No habiendo devoluciones, imposible sospechar anomalía alguna.

A mí no me resultaba oneroso, declarar como cantidad confesada a la que se suponía había cobrado yo, por lo que simulé que había un error por parte de la copia firmando la venta notarial sin más problema. Al recuperar del cliente las letras pagadas y el contrato privado, tenía en mi poder el cuerpo del delito.
Más trabajo para Rodriguez. Bueno no, que aquí, no acabó la cosa.





Parejas perdurables  (continuación  65 b  )


Llamé a Prat. Le puse al corriente de lo descubierto sobre Beltri.

-Pues conmigo no va a hallar donde agarrarse. Hasta ahora, me ha sido diligente por cuestiones bancarias y saldos de cuentas clientes. Dispongo de la mitad del personal, ya que son los que trasladaré a Santiga. Y Beltri, allí no vendrá.

Estaba pensando en traer la documentación falsa recogida de la Notaría a Rodriguez. Que se la estudiara y obrar en consecuencia.

Tenía en mis manos el contrato de la venta a su padre. Ahora con conocimiento de su ardid, imaginé que habría gato encerrado.
Pedí al servicio de telefónica, si podían hallar el teléfono de Mesier Beltri en Ivry, París.
Pues claro que lo hallaron. Nada menos el de la portería de un edificio de pupilaje.

-Sr. Beltri, soy el promotor de Santa María, dónde según contrato firmado por su hijo, le vencen las tres últimas letras para cancelar la compra de su solar. Si pudiera Ud. pasar por Barcelona pronto, realizaría la escritura, aún sin haber vencido, puesto que estoy liquidando operaciones.

-¿Cómo dice?. Creo que no entendí bien, ¿Qué faltan liquidar tres letras?, ¿qué letras?. Yo lo adquirí de contado y que demoraría la adquisición en escritura pública, para mi próxima jubilación.

Ya nada me extrañaba. Entendí con ello, que su hijo se habría quedado el dinero. Me excusé y que ya le volvería a llamar después de unas comprobaciones.
Llamé al banco. Las letras estaban descontadas, pero el jefe de la sección de riesgos dio orden de retenerlas, ya que serían devueltas por orden del librado.
Ya no me faltaban más datos para ofrecer a Rodriguez y así lo hice.
Mi secretaria le trajo un dosier explicando el caso y con todas las letras de los cinco contratos irregulares, ya escriturados y lo averiguado telefónicamente de la venta a su padre.

Dos días después, vino Rodriguez con el caso estudiado.

-Este contable, te la metió, hasta el fondo. Te cuento la película de los hechos.

La secretaria, nos interrumpió, ya que tenía una llamada de París.
Se trataba del Sr. Beltri. Trató a su hijo de pillastre. Y que acudiría tal como le pedí, a pesar de no tenerlo previsto. Su hijo, manejaba una cuenta bancaria, a su nombre, dejándola sin fondos. No se trataba pues de que hubieran letras falsas, sino que le había robado el capital que enviaba desde Francia para disponer de él en la Jubilación.
Rodriguez, me miraba con ojos de mochuelo. Su asombro lo dirigía hacia mí.

-No me cuentes más Carlos. Este individuo es un solemne prestidigitador, a parte de pillastre como le llama su padre. El que me asombra más eres tú. ¿Cómo te las apañas para rodearte de tales genios?.

Me daba los preliminares de la actuación judicial, si decidía actuar.

-Te advierto que hay que presentarlo como retracción de menor cuantía, que no llega a inculparse como estafa.

Se consideraba que los cinco solares a razón del diez por ciento estafado correspondía al valor de medio solar, pero no al actual sino al que figuraba en contrato y no alcanzaba las cien mil pesetas.
Lo que sí ordenaría el Juez es el despido procedente de un empleado abusando de su puesto de trabajo. Pero esta sentencia me importaba un comino. Un despido de una persona que no figuraba en mi nómina ni ahora, ni nunca. Era un empleado del Banesto, no de Usamasa.

-Pero, ¿Cómo no te enteraste hasta cuatro años después?. Por lo que he visto este pillo, te la debió jugar desde el inicio. Según cuentas había realizado un centenar de ventas atendidas por él. Pues le reportarían diez solares a su favor, que serían los que te adquirió con el dinero que te había estafado.

- Ahora que lo dices, entiendo que las últimas visitas por las tardes que hacía, no eran para ordenar los contratos y poner cuentas al día. Lo que realizaba era el canje de los contratos archivados falsos, por los verdaderos.

-Claro, al ir al Notario, con contratos verdaderos no te enterabas, pero por lo visto, no le diste tiempo a que canjeara los cinco últimos y al fin te enteraste.
Ten pues en cuenta, que al juzgado solo podremos reclamar cien mil pesetas, mas las costas judiciales que irán a su cargo. Mis honorarios, van a subir aproximadamente lo mismo y van a tu cargo. Igual que los modelitos que reclamaste, lo comido por lo servido. Tu decides.

-Ya veo como se burlan de mí. Y mi derecho al pataleo no me satisface. Lo que lamento es que se embolsó, el equivalente a un millón trescientas mil pesetas con su ardid, aparte que le pagaba su salario, mientras de estas ventas, a mí me quedaban netas menos de la mitad de lo que robaba él. Gana más un contable de esta calaña que el mismo propietario.

Imposible contarlo a Tere. Tampoco a nadie en el despacho. Opté por llamar a Beltri en el Banesto para solventarlo discretamente. Me propuso vernos un día, ya que estaba ocupado con la mudanza de su hogar a un barrio señorial.
Que había realizado una operación fuerte y en todo caso me firmaría letras.

¡ Ah !. Esto era una solución. Me firmaría letras……. No había suficiente con haberme robado durante dos años, ahora le tocaba burlarse de mí.

Pero sabiendo que ya no veríamos más por nuestro barrio, ni a él, ni a su mujer, con la que la mía estaba compenetrada, desistí de toda venganza y procuré olvidarme de él.

Como queda patente, no lo conseguí. Cuarenta años después, aún lo recuerdo.

Y otro tipo de amenaza nos sorprendió aquella noche. La policía llamaba a todo el vecindario, para abandonar  de inmediato, el edificio, por amenaza de bomba.
Mujeres a medio vestir, niños en pijama, ancianos socorridos para aligerar el abandono del hogar.
Un centenar de personas nos reunimos al bar-restaurante de enfrente. Algunos traían mantas para cubrirse y a tres mujeres les dio un ataque de histeria.

¿Hasta cuando debíamos permanecer en aquellas condiciones?. Era la media noche. Al dueño del bar, no le importaba cobijar gente hasta las tres de la madrugada. Si tan seria era la cuestión, también él permanecería con nosotros hasta averiguar si aquello era falsa alarma.

Lo fue. Inspeccionada la imprenta del Brusi, comprobaron que el paquete anunciado era de recortes de periódico. En esta ocasión los terroristas tuvieron conciencia y no pusieron una bomba de verdad, sabiendo que treinta y seis familias del edificio, no tenían nada que ver con la política del periódico y podían salir lesionados.
A las dos de la madrugada, la policía nos liberó de la angustia, pudiendo regresar a nuestro hogar, sin embargo, más de la mitad de vecinos aún permanecieron discutiendo la jugada una hora más con la pinta de indumentaria que mostraban, tan apropiada para un revellón.