jueves, 14 de julio de 2011

Parejas Perdurables (continuación 49)

Regresar a Barcelona después de un fin de semana de recreo, era complicado en aquél tiempo y sigue siéndolo en el día de hoy a pesar de las mejoras en la red viaria, ampliaciones en las calzadas, creación de autopistas, eliminación de pasos a nivel y nuevos túneles en montañas.

Todo inútil puesto que el parque móvil, fue creciendo a la par.

Viendo cómo se dificultaba la salida de Santa María para ingresar a la carretera general, decidí repostar en Sitges, ya que a su entrada se ubicaba una gasolinera con muchos surtidores y haría la espera ágil, contra lo que sucedería si pretendía ir en sentido contrario para hacerlo en la gasolinera de Cubera, que luego otra vez hubiera tenido dificultad de nueva incorporación.

El Dodge, andaba con la reserva de gasolina, pero no tenía que circular más que dieciséis kilómetros.

Claro que consumía veintiún litros a los cien, por lo que con cuatro litros que quedaran a la reserva, era suficiente.

Primer error. La reserva no daba idea de si iniciaba, o llevaba así bastantes kilómetros.

Segundo error. El motor consume gasolina incluso parado el coche, pero en ralentí.

Tercer error. El consumo de arranque, es superior al de mantenimiento a velocidad de régimen.

Cuarto error. La batería, permitía un número limitado de arranques cuando se realizaban sin reposición por la marcha del vehículo.

Cada uno de estos considerandos, me eran conocidos. No era ningún conductor novato. Pero inimaginable me fue que una ver incorporado en la caravana, tuviera que permanecer un tiempo parado.

A la que los vehículos adelantaban, avanzaba los pocos metros que permitían y de nuevo a esperar.

Esta operación la realicé tantas veces a motor parado como a ralentí, pues según lo que parecía cada momento la espera podía prolongarse mucho, por el contrario otras se acortaba.

No comprendía el porqué. Sin embargo al ver de lejos la gasolinera, también vi el motivo de las alternancias.

El paso a nivel del tren tenía la barrera cerrando el paso. Allí pasaban todo tipo de trenes. Los expresos, los de mercancías, los de rodalías y los de intercambios.

Esto vi y entendí las consecuencias en la caravana de la que participaba. Pero también noté el horror, al no lograr arrancar el coche de nuevo. A base de usar el demarré, avancé algo intentando salir de la comitiva en una breve ampliación de la calzada. Casi lo logré, pero a unos diez metros la mole de dos toneladas de “Poder”, ya no pudo con el “Dodge”. Se acabó la gasolina y la batería.

Me apeé. Hice señas a los vehículos que me seguían. Me entendieron y ayudaron a ganar el trecho que faltaba para salir de la caravana.

Como el peso era considerable, se apeó toda la familia y empujando los desconocidos conductores, con la buena voluntad también de Tere, conduje al arcén el que a partir de aquél momento, consideré como el “maldito Dodge”.

Llegué a la gasolinera, pedí la lata más grande que tuvieran a disposición llenándola de gasolina y un carrito, para conducir una batería para recargar la mía. Tuve dificultad para esta operación de regreso al coche. La caravana era densa. Tuve que sortear vehículo a vehículo, antes no llegué al ensanchamiento del arcén. Y además, recibir improperios de los conductores que creían que era el causante del atasco. No se calmaban hasta que por sus propios ojos, divisaban la barrera del ferrocarril.

Resuelto el problema, tuve que seguir el calvario de reincorporación, llegada a la gasolinera, devolver la batería y llenar a tope el tanque de gasolina.

Al cruzar las vías del tren vinieron los recuerdos de cuando allí mismo, con mi ayudante unos años atrás, nos dormimos.

También era un incordio la barrera, aunque no con la exageración de este lunes fatal. Habíamos realizado un trabajo de campo muy original en Hospitalet el Infante. En lo que llamaban Miami Beach. Lo que lo hacía famoso, más que el nombre era el condenado viento intempestivo, constante.

http://www.youtube.com/watch?v=WeIOhL2cn_8

Con la esperanza de realizar nuestro trabajo en condiciones, dado que se trataba de fincas del interior, estuvimos más de una hora perdiendo el tiempo. Era inútil. El viento soplaba igual racheado. El taquímetro, a causa de la resistencia ofrecida por el trípode al viento, se mantenía vibrante.

Imposible realizar lecturas. Estuvimos a punto de marcharnos y volver otro día.

Un lugareño, se jactaba que daba lo mismo. Allí el viento soplaba aunque hubiera calma chicha por las inmediaciones, desde enero a Diciembre.

Al fin decidimos prescindir del taquímetro y realizamos el trabajo de medición con cinta métrica, nos ocupó cinco horas.

Era tardísimo cuando agotados y con apetito, regresamos al despacho. Pero evitamos tener que volver en otra ocasión con la duda de encontrarnos en las mismas condiciones adversas.

La barrera del ferrocarril nos pilló justo en el momento en que íbamos a cruzar las vías. Nos quedamos allí aguardando. Incomprensiblemente tardaba en levantarse sin cruzar tren alguno. Mal cálculo, o exceso de prudencia. La realidad fue que nos dormimos los dos.

Unos estridentes bocinazos, nos rescataron de los brazos de Morfeo y excusándonos, seguimos sin más novedad.

El mal trago proporcionado por el Dodge, con su extraordinario consumo para otorgarle el calificativo de Poder, acabó con la poca simpatía que me proporcionaba circular con vehículos espectaculares solo útiles para satisfacer la vanidad de los pretenciosos.

Devolví a Gómez el coche, encareciéndole que para las próximas remesas de renovación de los vehículos para alquiler, se ciñera a coches de mejor rendimiento económico. Al fin y al cabo eran los comerciales de mayor demanda.

Por mi parte la experiencia de devolver y recoger una y otra vez los vehículos cuando los precisaba, me resultaba cargante.

Mi cambio de opinión se efectuó por asimismo un cambio de circunstancias. Antes de mi accidente en Garraf, llevaba mucho tiempo, en que sólo lo necesitaba algún día que otro entre semana y los fines, pero precisamente mientras opté por prescindir del fijo en propiedad, lo necesité a diario y preví que con los trabajos acumulados en cartera, esta circunstancia sería de larga duración.

Al cominicárselo a Gómez, me hizo una propuesta, que reunía unas características que de entrada parecían inmejorables. Entrando en detalles, tuve que sospesar la parte legal.


Parejas Perdurables (continuación 49 a )

Según Gómez, se veía obligado a cobrarse de un antiguo cliente, presunto futuro socio, mediante la adquisición de un Mercedes matriculado en Andorra, donde él residía. Las promesas de aporte capital fallaron y al final, se salió del negocio de coches de alquiler, con fuerte cantidad debida al negocio.

Gómez, asimismo sin capital para seguir, me propuso intervenir en el negocio, como así lo hice y tampoco disponía del líquido necesario, para finiquitar el precio del Mercedes en Andorra, ni mucho menos para legalizar la entrada del vehículo a España.
En aquél tiempo, los vehículos de procedencia extranjera, pasaban unos rigurosos controles, que aparte de ser buen negocio para la Aduana, dotaban a los usuarios propietarios de tales vehículos de gran prestigio a los ojos de quienes no podían permitírselo.

Se trataba de un mercedes rojo, para mejor pasar desapercibido y de dimensiones también modestas como las que permitían traslados de camillas, además de seis ocupantes pasajeros y un subpiso con capacidad de equipaje superior al antiguo Seat 1500. Y al ser Diesel, un consumo mínimo. Con tanque que permitía autonomía 500 Km.

Las características mecánicas eran ideales para una familia como la mía. No lo eran según mi criterio por lo ostentosas, que harían (y así ocurrió siempre), dar la sensación de pertenecer a un potentado.
Gómez estaba dispuesto a renunciar a su parte contributiva, poniéndola a mi disposición, en atención a que le salvé el negocio sustituyendo al deudor.

Muy tentadora era la oferta y me puse en contacto con agencias de importación. No acabaron de aclararme ni el costo total de la operación por entrada del coche a España y matriculación a mi nombre, ni el tiempo que en ello invertirían.
Sin embargo, a todas luces sería menor que la mitad del precio que se pagaba por los Mercedes similares que circulaban recientemente por Barcelona.
Y para que no desistiera de la operación, el agente de importación, soltó lo que para él debía ser razón definitiva para tal adquisición.
Los vehículos así importados, eran INEMBARGABLES.

¿Es que era premonitorio?. Por mis conocimientos la cantidad de Empresas constructoras o Urbanizadoras que se iban al garete, superaban lo racional.
Los promotores de los que tuve noticias, dentro de sus peculiaridades, acabaron con suicidio, con ingreso a la cárcel, con desaparición del mercado, con absorción por otras sociedades, y….con embargo de sus bienes.

De todo lo conocido, lo único que temía yo, era fracasar en la culminación del proceso urbanístico de Santa María y perder todo lo ganado con mi trabajo y organización.
Claro, ésto sería lo que agoraba mi agente importador.
Adelantándome a los acontecimientos a este respecto, recuerdo una de las consecuencias de haber optado por quedarme con el Mercedes.

-La documentación, por favor.

Un guardia civil, nos paró antes de entrar en el área de peaje. Otro, le secundaba metralleta en mano, y otro se dirigía a más coches, invitándoles asimismo a someterse a control.
Entregué mi DNI y el de propiedad del Mercedes.

-Los DNI de sus acompañantes, también.

-¿Ha ocurrido algo especial para que inspeccionen tan a fondo?

-Nada, es un control rutinario.

¡Seguro!. Lo máximo que llegué a comprender era que aquél guardia civil, únicamente conocía la acepción de “rutinaria”, por realizarse en la ruta de los viajeros. Pues otra cosa, no sería. No estaba acostumbrado a que en mis ya miles de viajes aparecieran guardias con metralleta en ristre.
Esto se pasaba de castaño oscuro. Íbamos como siempre a primera hora de la mañana dirigiéndonos hacia nuestro destino habitual. Sin embargo era la primera vez que una inspección de estas dimensiones alteraba nuestro itinerario.
Nos fijamos que seleccionaban coches. Sólo paraban a los de color rojo. ¡ Vaya coincidencia!.

-Carlos, pon la radio. Si ocurrió algo siniestro lo comentarán.

Hice caso a mi ayudante. Tras breves instantes de acabar con un anuncio publicitario, el locutor dio la noticia.
A primera hora de la mañana, unos atracadores asaltaron la furgoneta que traía monedas fraccionarias, para cambios de los cajeros en los mercados de Grandes superficies.
Se llevaron a punta de pistola, catorce sacas de cincuenta kilos cada uno, conteniendo lo que debían ser monedas entre cinco, diez, y veinticinco céntimos de peseta. Calculaban que ascenderían a cinco millones de pesetas.

Una vez liberados del encierro en el propio Hipermercado del Prat de Llobregat, los empleados del transporte del dinero, denunciaron que cuatro individuos a cara descubierta, les intimidaron cargando las catorce sacas en un vehículo rojo.
¡Ajá!. Entendido todo. El atraco se perpetró, apenas una hora antes de pasar por este control.

No fue solo este percance que tuve por tan llamativo coche, pero en los catorce años que lo conservé, realizó una labor que no la habría conseguido con otros vehículos. Su rendimiento por economía en consumo y por utilidad variada manifiesta, compensaba con creces los inconvenientes.

Sí visto ahora, resultó más un acierto que un error dar conformidad al gestor para iniciar los trámites. El coste del trámite ascendió a cinco veces lo normal para un vehículo Nacional, o extranjero pero de segunda mano y matriculado en España.
Y eso era una minucia. Lo retuvieron en la frontera, durante el trámite que duró cinco meses. Luego el garage donde se ubicaba estos cinco meses, me cobró pupilaje.
Y la puesta a punto tras tanto tiempo de hibernación, me la cobró un taller de Barcelona a precio de millonario.
Cualquier cantidad que hubiera requerido Gómez como acreedor del antiguo socio, hubiera representado la anulación total del beneficio por precio bajo como resultaba en Andorra.

En fin, para compensar tal insignificante beneficio monetario en la adquisición, Gómez, me propuso un paliativo. Adquirir antes de embargar un edificio de cuatro plantas y local industrial en San Juan de Malta, afectado por el plan de remodelación de la zona, ya que estaba a punto de prolongarse la Diagonal de Barcelona para su llegada al Mar.

Pues esto resultó otro afer. Y ya estaba por demás dar detalles a Tere. Más bien llevaba tiempo en que se desentendía de los negocios. Estaba concentrada en el hogar y la atención de nuestros hijos.


Parejas Perdurables (continuación 49 b )

Según contó Gómez, invirtió su dinero en la hipoteca del edificio de la calle San Juan de Malta. En él vivían en cuatro pisos, inquilinos todos mayores, rayando a ancianos, más el piso principal, en el que residía la madre de un cliente, viuda y propietaria del inmueble.

La planta baja, estaba alquilada a una industria de recubrimientos metálicos. Disponía de un permiso para la galvanotecnia y electrólisis, pronto a caducar que el Ayuntamiento al estar el edificio afectado, ya no lo prorrogaría.

El alquiler era para el industrial, extraordinariamente bajo, aunque ascendiera a tres veces lo que pagaba el resto de inquilinos juntos. Por ello, no mostraba disposición alguna en abandonar el local, aunque se hallara en precario.

Los demás inquilinos, iban desapareciendo por extinción de contrato, o por óbito, dada su avanzada edad.

Aguardando la disponibilidad del edificio, el hijo de la anciana propietaria, un manirroto, se fue hipotecando, mientras no podía vender el edificio.

Recién fallecida la propietaria, su hijo pródigo desesperado, iba a gastar su último cartucho para obtener dinero.

Con tal de eximirse de los gastos de herencia, estaba dispuesto a ceder el edificio por un millón de pesetas netas. Significaba que entre la cancelación de la hipoteca existente y las deudas al fisco, así como las de cambio de titularidad, el nuevo adquirente apechugaría junto a lo que pretendía cobrar, ascendería la inversión a una cifra cercana a los tres millones.

Consulté los valores del Catastro y en que punto se hallaba el proyecto de reparcelación urbano en el Ayuntamiento. A pesar de que en un próximo año, no determinado aún, se procediera a su derribo, el simple valor del solar superaba con creces esta inversión.

Pero ello no se lograría antes de que el edificio, se hallara totalmente desocupado. Mientras disponía de los ingresos procedentes del inquilinato.

Pareció interesante invertir en este inmueble, y pasé la orden a mi gestor para ultimar los requisitos de su adquisición.

El día previsto para la transacción en la Notaría, llenamos el despacho del Sr. Notario, entre su secretario, el vendedor, yo como adquirente, el gestor, Gómez, el contable de Usama y un desconocido, acompañante del vendedor.

No me pareció oportuno preguntar por aquella intromisión en un acto privado, ya que también a mí me acompañaban el gestor y el contable de Usama, que poco tenían que ver con el vendedor. Mi interés en asegurar que la operación, era la de que no se desviara mi compra por derroteros imprevisibles. El edificio pasaría a nombre de Usama, pero yo particularmente, lo gravaba con nueva hipoteca asimismo de un millón. Era la manera de no descapitalizarme.

El gestor, estaba en contacto con un dependiente suyo, desplazado al Registro de la Propiedad. Su misión era que en cuanto la función protocolaria de la compra-venta llegara al punto de la firma, desde el Registro el empleado, daría su visto bueno, al cotejar los gravámenes existentes en esta propiedad.

De aparecer algo no declarado por el vendedor, desistiríamos en la operación.

Todo correcto, a las doce y pocos minutos, firmamos y el sr. Notario, procedió a encargar una copia auténtica, para rápidamente, acudir al Registro de la Propiedad, ya que a las trece horas cerraban la admisión de documentos, hasta la mañana siguiente.

La escritura, en la Notaría, llevó su tiempo en protocolizar. La transacción era compleja. Se requería un precio de venta, que se abonaba al vendedor, mediante el millón en metálico, y el resto, cancelando hipoteca existente, mas gastos por embargos Municipales.

Y una segunda escritura, se efectuó en la que para extinguir cargas, hipotecaba por un millón a la propiedad de Usama.

Total, a pesar de salir el contable con las escrituras de la Notaría y tomar un taxi, llegó al Registro a punto de cerrar.

Comentó que le atendieron merced a que cuando llegó él al mostrador, estaban ultimando una nota del cliente que le precedió. De no darse esta circunstancia, no le hubieran admitido los documentos, hasta el lunes siguiente.

Mi gestor y yo, nos tranquilizamos por el éxito habido, ya que tantas precauciones tomamos. Pues no. Al atender los gastos Notariales quince días después, se descubrió el pastel.

domingo, 3 de julio de 2011

Parejas perdurables (continuación 48 )

Como se lo prometí a los niños, aproveché otro domingo que nos quedamos en Barcelona, para subir al monumento de Colón.
Tere prefirió atender al quinto vástago y organizar los trabajos caseros. Me fui pues con la misma ilusión de mis hijos, pensando ver desde lo alto del monumento, a la Ciudad a nuestros pies incluso la isla de Mallorca, si el cielo era diáfano. En los treinta años que llevaba residiendo en Barcelona, no tuve ocasión de subir al ascensor apto para una docena de turistas, a la vez.

Pues, sigo en las mismas después de otros treinta años, ya que aquél día se hallaba el acceso barrado.
El día anterior, los turistas de turno, pasaron unas horas angustiosas, al quedarse atrapadas en la cabina a media altura, por avería en el ascensor.
Fueron rescatados por los bomberos y no se reabriría el acceso, hasta haber modernizado el aparato, que ya pedía su renovación a gritos. Que recuerde, desde mi pasado estudiantil, seguía siendo el original.

Para no mantenerles con la frustración, subimos a las Golondrinas, la embarcación turística que nos llevaba hasta la salida de Puerto y nos apeamos en la antesala del Transbordador teleférico.
El transbordador, quizá causaba mayor impresión que la tranquila subida al ascensor, incluso con el posible accidente de su avería. Puesto a imaginar desgracias, una rotura del cable de traslación de la cabina del Teleférico desde el rompeolas hasta Montjuich, nos hubiera permitido darnos un baño sin bañador.
Con el consecuente desespero que procedería de Tere, al presentarnos los cinco caballeros de su hogar, con la ropa chorreando.
En el bien entendido, que no era para tomarlo a broma, puesto que si tal accidente sucediera, entre contusiones por la caída, e inmersión en las aguas del puerto, más de una persona se ahogaría.
Nada de esto sucedió, ni jamás hasta hoy, o no lo contaría.

http://www.telefericodebarcelona.com/

Les satisfizo la permuta de ascensor por teleférico, así como a mí mismo. En Montjuich, tomamos una horchata de chufa como colofón al trayecto no programado, pero acertado.
Años después esta aventura, la repetirían mis hijos, para con mis nietos.

Mientras regresábamos, mi mente barruntaba la manera de contar a Tere la inversión a CONSEAR. Procuraba no darle importancia. Se trataba de adquirir un local, a plazos. Y estos plazos, se pagaban con las letras del propio negocio.
Y nada de aventurar riesgos. Incluso si el negocio iba mal, el local tenía un valor al alza. ¡ Qué ingenuo!. Para tener mejor y más amplia visión de la vida, me faltaba aún la experiencia de los Empresarios maduros.

No hizo Tere comentario alguno. En el aire se mascaba el significado de su silencio. No me atreví a florear la cuestión, pues comprendí que ella, le gustara o no, se daba cuenta que me encontraba bajo fuertes tensiones.
Abandonar negocios cuando nuestros gastos familiares a pesar de ser modestos, ascendían a más de cinco veces lo que un empleado medio podía percibir, no era lo más inteligente.

Estábamos en el barco, y había que navegar. El número de empleados a mi cargo, pesaba mucho y no podía fallarles, del mismo modo que no podía fallarle a Tere, por las promesas que le dí cuando nos declaramos el amor eterno.

El lunes me dirigí a Santa María, por dos motivos agradables. Cerrar la venta del resto de la propiedad de Orpí con un nuevo capitalista, y verificar la restitución de la línea del alumbrado.
Felipe, sería el peón futuro Guarda, al que le prometimos entrar en nómina, en cuanto dispusiéramos del habitáculo asignado como vivienda para él, su esposa e hijo.

La mañana resultó húmeda. Cerca de la curva cerrada peligrosa de Garraf, el firme asfáltico, se tornó resbaladizo. Recordé cómo la humedad, convertía al polvillo de la Cementera que allí obraba, en una viscosa materia, que rellenaba el ranurado de los neumáticos, perdiendo su capacidad directriz.
Lo recordé, por cuanto en anteriores viajes allí en el hueco de la ladera en la convexidad de la carretera, vi a coches como el mío.
En un instante, pasé de mis recuerdos, a la contemplación de una película.

No iba conmigo, pues la pantalla, que era el amplio parabrisas, venía a ser la del televisor. Contemplaba como algún vehículo serpenteaba. El del protagonista, obligado a evitar a los demás, primero frenaba quitando gas. Sin resultado. Luego intentó pisar el freno, peor. Luego, casi rozando al inmediato precursor, un bandazo le llevó directo al centro de la curva, que disponiendo de una cuesta abajo pronunciada, hacía de imán, atrayendo a aquél vehículo osado.
En pantalla, se divisaba el monte. Luego, cabeceaba. El techo rozaba los matorrales de la oquedad. Giraba y el morro se clavaba al fondo del hueco.

Pero, ¿en qué pensaba?. La película la estaba viviendo yo. Y como no tenía al coche acondicionado con los clásicos cinturones de seguridad, todo lo que pude hacer fue apretar los pies al suelo, el culo al asiento, una mano al tablier y otra al techo. Tenía que inmovilizarme con fuerza, resistiendo el choque final que a no dudar sería duro, e inmediato.
Detenido el coche, panza arriba, quedé desorientado, pero estaba oyendo murmullos de gente desde la carretera. Me entretuve en sacar la documentación de la guantera y acto seguido, con cierto esfuerzo, logré bajar el cristal de la puerta del conductor y arrastrándome, cuando ya tenía medio cuerpo fuera, escuché aleluyas de los transeúntes desde arriba la carretera:
-Ya sale, ya sale. Parece que está bien.

-Sí. No se preocupen. No me lastimé. Voy a subir.

Me incorporé sobre la zaga de mi coche, y me orienté descubriendo un acceso fácil a base de gatear.
Una ver en la carretera una docena de viajeros detenidos por el espectáculo, me ofrecían ayuda.
Uno me invitó a subir en su coche que me traería hasta Cubera. Y sacó un botellín de bolsillo (una petaca) de coñac, para reanimarme.
A pesar de no precisarlo, obedecí ante su insistencia. Estaban obrando con altruismo y no debía mostrarme desagradecido.
Me acompañaron hasta el bar de Cubera, junto a la gasolinera, para poder hacer las pertinentes llamadas a la Cía. aseguradora, y preparar un parte para la Guardia Civil.

En aquél instante, se me ocurrió, que mejor no aparecieran. Seguro que me atribuirían el accidente por conducir bebido.
Lo comenté y allí mismo se inició, otra aventura comercial, de un desconocido atento a mi relato. Pero lo inminente era verme con el Capitalista adquirente de la finca de Orpí.
Así lo expuse al Sr. Gómez, quien por una razón que en aquél momento yo ignoraba, estaba dispuesto, no solo aguardarme en el bar hasta mi regreso, sino que me acompañaría en su coche, hasta Barcelona.

¿Telefoneo a Tere?. ¡Que va!. Por más que perjurara que no me lastimé, lo único que conseguiría era preocuparla. Lo mejor era contárselo, en persona, la forma evidente de demostrar la carencia de importancia del accidente.
Cerrado el trato con el capitalista y comprobado el funcionamiento del alumbrado, me excusé de los vendedores sin siquiera haberles notificado el motivo de mi breve presencia.

El sr. Gómez, disponía de una docena de coches de alquiler. En principio, me ofrecíó uno mientras permanecía el mío en el taller, pero poco a poco, comprendí sus intenciones. El viaje de regreso a Barcelona, resultaba aparentemente muy interesante.

Parejas perdurables (continuación 48 a )

Nos intercambiamos tarjetas, ya que en principio para mí era ineludible disponer de inmediato un vehículo de automoción.

Comenté a Tere, que un resbalón por Garraf, motivó un topetazo con el resultado de coche inservible. Procuré no alarmar y quitando hierro, le comenté lo bien que resultó la venta de Orpí. Tenía alas para afrontar el nuevo negocio de Confección.

Aquél día la cuestión se mantuvo al límite prudencial. No fue lo mismo, el día que el agente de Seguros se nos presentó de improviso, alarmado.

Traía la foto del SEAT accidentado, y un parte para que lo signara en conformidad. Lo daban por siniestro total. Tere, presente, quiso ver el estado en que quedó, pues creía que unos rasguños, no serían motivo para tal decisión de la Aseguradora.

La foto, realizada desde varios ángulos, mostraba el techo, no solo abollado, sino deformado.

Y con los faros apastados, seguía otra foto de los bajos dislocados. Una rueda delantera renqueando. Las puertas desvencijadas. Resultaba más barato para la Cía. abonarme un coche nuevo, que atender el presupuesto del taller.

-Carlos, me explicarás esto.

Tere no salía de su sorpresa. ¿Cómo explicarle que aquello era el resultado de una ilusión?. ¿No le bastaba con haber comprobado que mi persona no había sufrido ni un rasguño?.

La mecánica, no era su fuerte y no entendería que el trabajo enorme de deformación realizado en magullar el coche, absorbió el impacto, por lo que al ocupante del vehículo, no le llegaba ya esfuerzo alguno.

-Mujer, que un coche, dispone de chasis resistente y además la envoltura de la carrocería, ofrece una seguridad muy distinta a la de las motos.

Le cité las motos, por cuanto recordaría ella misma cuando de novios tuvimos el accidente por las vías del tranvía y allí a pesar de mesar el suelo unos cuantos metros deslizando, tampoco sufrimos daños físicos, en tanto que la moto, tuvimos que traerla al planchista.

Para evitar el recuerdo de este accidente, cada vez que en nuestros desplazamientos a Santa María pasábamos por el enclave nefasto, daba un giro a la conversación recurriendo a algún acontecimiento interesante.

Esta táctica, me sirvió, hasta que decidí revelar toda la realidad. Ello fue un año después. Obras Públicas, al fin, hizo caso a las múltiples quejas por el punto negro con su embudo fatal en Garraf. El hueco fue rellenado, a la par que ensanchada la calzada, suavizada la pendiente y aumentado algo el radio de la curva.

Como quien no quiere la cosa, viendo la transformación, perdida la impresión de curva con barranco siniestro, le comenté:

Ah!, mira Tere, se ve que al fin se habrán acabado los accidentes en esta curva.

-¿Qué quieres decir?

-Nada, que como yo, aquí fueron muchos los que patinaron.

Y seguí procurando desviar su atención, puesto que a poco que se esforzara, recordaría las condiciones en que estaba el trazado, antes de la modificación.

Y ahora, llevábamos un año, conduciendo distinto coche en cada viaje. Gómez me hizo ver lo que ahorraba tomando los vehículos de alquiler, sin necesidad de apechugar con los costes de la aseguradora, de la plaza de Parking, del impuesto Municipal, de las revisiones técnicas, del mantenimiento, neumáticos, batería, lavado periódico y demás inconvenientes a soportar el mero propietario de un vehículo fijo.

En primer lugar, con el dinero ofertado por la seguradora, sumado a una pequeña parte de lo recibido por la venta de Orpí, financié el nuevo parque móvil de Goysa, como le llamó a la ampliación de la empresa de alquiler de coches. Fue una adquisición de 14 nuevos coches, cuya duración mediante Leassing, la establecían en un año. La empresa cada año, canjeaba sus vehículos viejos por otra tanda de nuevos.

Aquello, representaba negocio, para los fabricantes de automóviles, para el concesionario, para la financiera del Leassing, para la aseguradora, para Gómez y se supone que también para mí.

En principio estaba satisfecho el quitarme la preocupación de los cuidados de mi herramienta locomotriz y también por disponer vehículos para mis subordinados cuando los precisaran en su cometido laboral.

A Robino, le pareció una magnífica idea. Él, para presentarse ante los clientes, recogía el vehículo más espectacular que estuviera libre.

Hasta el día que se incendió su transporte, por ignorada causa. Se hallaba en la Autopista, un caluroso día de verano, atrapado en un atasco a la entrada de la Ciudad.

Para apagar el incendio, no bastó el extintor propio, sino que le ayudaron los conductores de los vehículos próximos, ante el temor de invadirles a ellos también las llamas.

No quedó claro el motivo del incendio, por lo que Gómez ya no quiso dejarle más coches a él.

También Orpí, estuvo una temporada usando los alquilados, contribuyendo al progreso del negocio Goysa. Por lo menos a éste negocio, le estaba sacando jugo inmediato.

Y Robino, aparte de adquirir uno definitivo para consigo, sin rencor, siguió publicitando a los coches de alquiler Goysa.

La publicidad a favor de mis negocios, se estaba incrementando notoriamente. El gabinete de Orpí, la constructora USAMASA, los solares de Urbanización Santa María, los coches Goysa y…..claro, las confecciones CONSEAR.

Tuve la suerte de hallar en lugar céntrico un local idóneo para la Sra. Batlle. Y verdad sea dicha, supo decorar bien la zona útil para las pasarelas públicas, en tanto que el obrador lo ordenó como una fábrica de confección en serie, de lo más moderna.

A las claras, la producción de modelitos, se convertía en industrial y podríamos servir a España entera.

Inmediatamente, me asaltó la duda. ¿Dispondría de personal eficiente para control de los negocios?. Me fié de un contable persona mayor, pronto a jubilarse y lo destiné a las órdenes de la Sra. Conchita. Ella le propondría la facturación y programación financiera. Me la traería cada fin de semana y yo decidiría el destino, si a descuento bancario, o a acopio para cobro a su vencimiento.

Como nada es eterno, esto funcionó tres años, en los que el relajamiento del control, se fue distendiendo y tuve que aceptar un nuevo contable propuesto por la Sra. Batlle, al sustituir al jubilado.

Pero antes, tuve estos tres años ajetreo con el negocio de trofeos deportivos que me encasquetó, el recomendado por el director del Banco Exterior.

Parejas Perdurables (continuación 48 b)

Aunque tuviera gran dependencia bancaria, en realidad mi economía marchaba bien. Lo deseable era algo ideal. En lugar de disponer de activo muy superior al pasivo, pero sin liquidez, hubiese preferido disponer de activo rebajado con pasivo casi nulo y liquidez total.
Atendiendo que según lo conocido de mi entorno, esta situación era la normal, incluso para Empresas de renombre, al menos por la festividad de Reyes de aquél año, me esforcé en hacer caso omiso a este sentimiento de dependencia.

Conocía a Margets, de cuando le mensuraba sus múltiples fincas del Prat de Llobregat, afectadas por el Canal de la Infanta, para regantes y en virtud a que me proporcionó buenos ingresos por algunos años, ahora que había inaugurado una Comercializadora de electrodomésticos, juguetes y muebles, COESA, iba a convertirme en cliente agradecido.

Los muebles y electrodomésticos me servirían como así fue para habilitar los Apartamentos y las construcciones piloto de Santa María. Y los juguetes en esta ocasión para cumplir con las demandas de los cinco hijos a los Magos de Oriente.
Para comportarnos Tere y yo, como Reyes eficientes sin quitar la ilusión de los niños, por la tarde fuimos a la Cabalgata. Llegaban por el Puerto, en adornadas barcazas. Allí mismo les aguardaban las carrozas y el numeroso séquito, de los tres Magos. Se les unieron bandas de música, la Guardia Urbana, y los motoristas de apertura del desfile y las ambulancias y personal sanitario cerrando la comitiva.
El desfile, cruzó buena parte de la Ciudad, durando más de tres horas. Después, a cenar y a acostar a los niños.

Este era el cometido de Tere, el mío fue ir a media noche a COESA, dado que la festividad permitía tener abierto hasta la madrugada.
Allí seleccioné lo que faltaba para los niños, además adquirí enseres de cocina que pedía Tere y un tocadiscos última generación, que pensé regalarle sorprendiéndola.
Al llegar a las tantas al hogar, aparqué el coche enfrente, recogí los paquetes, todos, a excepción del tocadiscos, que lo recogería una vez ella agotada tras organizar la ubicación de los regalos, como el escalectric, se hubiera acostado.

-Tere, voy a traer el coche al garaje y vuelvo enseguida.

Mi intención era recoger el tocadiscos para que no lo viera y dejar el coche en la calle, así por la mañana ya lo teníamos disponible a la misma salida de casa.
Pero……¿qué ocurre?. ¿Dónde está el tocadiscos?. Puse las manos para palpar el asiento trasero, dando el mismo resultado que la visión de mis ojos. ¡No había nada!. Y ¿a los pies?.
Tampoco. Y ¿al lado del conductor?. Tampoco. No hacía falta mirar el portaequipajes, allí no metí nada. Todo estaba a punto para recoger y subir al piso. ¿Por qué pues, faltaba el tocadiscos?.

Tragando bilis, al fin, admití que lo robaron. A altas horas de la noche, mejor dicho primeras de la madrugada, algún avisado vio una ocasión de las que pintan calvas. Un paquete de regalo visible en un coche de facilísima técnica para su apertura. Transeúntes escasos, o nulos y seguridad del vehículo, ausente.
¿Cómo podía subir a decirle a Tere que se esfumó mi sorpresa?. Nos dicen y es verdad, que todo lo que puede solucionarse con dinero, carece de importancia.

Pues con el vehículo a punto, otra vez a COESA. Segunda adquisición, que al saber Margets lo acontecido, me lo ofreció a mitad de precio, o sea sin beneficio para su empresa.
No pensaba comentarlo, pero Tere me aguardaba despierta.

-¿Éste es tu concepto de enseguida?. ¿Dónde fuiste a estas horas?.

No vi escapatoria, cualquier mentira piadosa hubiera acarreado mayor confusión, de manera que lo inevitable fue ponerla en conocimiento del afer de los cacos.

-Y ¿eso no te lo esperabas, en noche de Reyes?. ¿Cuántas veces se avisa de no dejar en los vehículos nada a la vista?.

Aguantar el chaparrón ya que su razón era aplastante, aparte que yo mismo la propalaba para con los conductores amigos novatos. Y se estaba constatando una y otra vez, que mentirijillas a mi mujer, no servían jamás a la larga.

Por lo menos el tocadiscos fue de su agrado y nos mantuvo en la nostalgia de nuestros años célibes, con la asistencia a los guateques privados, hasta el nuevo cambio de aparatos fónicos y sus grabaciones en L.P. con carga automática. Se programaba una carga de 10 L.P. y tenías tres horas de música sin necesidad de acudir al aparato.

En el despacho, siguiendo asimismo la moda, instalé el “hilo musical”, abonado a telefónica. Era agradable programar el tipo de música apetecida y durante todo el día no se emitía más que la música, sin locutores que interrumpieran, ni para el título, ni para vida y milagros del compositor.

Esto también lo propuso Conchita, para el salón de la pasarela, dando más expectación y lujo a la presentación de los modelitos.
Como la producción parecía seguir a buen ritmo, no tuve inconveniente en asumir este nuevo gasto añadido a los generales del negocio.

Los niños crecían en muy buen ambiente. El colegio, al cual iban asistiendo todos en los cursos 1º, el 3º, el 5º y el 7º que ya correspondía a J.C.
Se dio la casualidad que este Instituto pertenecía al Obispado, entidad propietaria de la Iglesia en que nos casamos Tere y yo. Inició la docencia el mismo año de nuestro enlace, solo para la primaria y a partir de entonces fue incrementando un curso cada año, para que los alumnos que se iniciaran allí pudieran terminar la secundaria sin abandonar el centro. De allí salían preparados para ingresar a la Universidad.

Y así fue como con los años, nuestros siete hijos se encontraron todos ellos escolarizados en el mismo centro. Tal rareza, no fue exclusiva nuestra pues algo semejante, sucedió con la familia Baranges. Eran seis hermanos y cada uno tenía su colega homónimo con nuestros hijos.
El mayor de los Baranges, resultó una lumbrera, alcanzando siempre los sobresalientes. Lo citaban como ejemplo a seguir. Incluso en deportes destacó pensando la dirección del instituto si sería apropiado entrenarle para poder actuar en las Olimpíadas.

Mis hijos se hicieron muy amigos con esta familia hasta el punto que nos relacionamos también los padres.
Cuando de repente, a mediados del último curso previo a la iniciación para seguir con los estudios superiores, el mayor de los Baranges, se comportaba extrañamente. Ya no era puntual. Se olvidaba de tareas escolares. Su carácter jovial y alegre, se estaba agriando. Incluso tuvo altercados con desconocidos.

Lo comentamos con J.C. ya que eran los compañeros más unidos. Nos reveló algo que nos dejó pasmados. Su amigo se había iniciado con la droga.
En mis años estudiantiles tuve una ligera noción de que en los Países avanzados, la juventud menos moderada, era promiscua y drogadicta. Al menos eso se veía en películas americanas, pero con gran discreción. Luego ya en los años de noviazgo, llegaron a mis oídos que la moda se iniciaba en España, aunque no conocía a nadie de mi entorno que pasara de fumar tabaco, o beber alguna copa alcohólica, en festejos.
Al sentir que la ola ya alcanzaba nuestro entorno, Tere y yo, nos sentimos alarmados. ¿Lo sabía la madre de Baranges?. Por lo visto, nadie se atrevía a siquiera comentar la cuestión como de cosa ajena y de poca importancia.

Tere muy discretamente, la abordó a la mañana siguiente, solo para sondear lo que podía saber. No fue posible comentarle nada. La Sra. Baranges, seguía idolatrando a su hijo, atribuyendo que los dimes y diretes obedecían a envidia por ser el primero en todo. Y que su hijo se hallaba agotado por el esfuerzo de los estudios. No había forma de que escuchara.

Cuando la cosa fue creciendo y ya los suspensos ganados en los estudios, no podían esconderse, la cuestión se difundió por todo el centro, los padres, los alumnos y la guardia urbana, avisada de que en la puerta del centro por las mañanas aparecían camellos.

Baranges, siguió en sus trece de que eran los compañeros y los profesores que la tenían con su hijo. Cortó con todas las comadres, considerándolas difamadoras de su hijo.
Y cuando, ingresado en urgencias su hijo, entrado en coma, y fallecido en tres días, le dieron el resultado de las investigaciones, no soportó su ceguera mantenida hasta este desenlace.

Sacó del centro a sus hijos, y con su marido se ausentaron a otra ciudad en la que no vieran a nada, ni a nadie que le recordaran la ilusa vida que llevó durante los dos últimos años.

Ya no tuvimos más noticias de esta desgraciada familia. Sobretodo, Tere lo sintió, ya que habían pasado años de amistad estrecha.
Pero antes de llegar a estos años en que también a mí se me cayó la venda que me mantuvo en la inopia de tal ola, seguíamos pasando muchos fines de semana en Santa María y casi exclusivamente las vacaciones de verano y las Pascuales.

Ya que nos estábamos convirtiendo en verdaderos Cuberenses, pasamos la Semana Santa en la Urbanización con el Dodge “Poder”, tal como se anunciaba por la tele este vehículo rayano a una limusina y que tenía en su stock, Gómez. A mí me importaba muy poco su posesión, como muchos apetecían para creerse que con cacharros así, su ego se crecía. Se suponía que causarían envidia a los conocidos y desconocidos, pero lo que era a mí, solo me interesaba por la amplia cabida destinada a los siete pasajeros que éramos y su gran capacidad de portaequipajes, sin necesitar baca.

Acudimos toda la familia a la Iglesia de Cubera, con palmas y palmones que nuestros hijos, se esforzaban en restregar con fuertes golpes. Era lo tradicional, pero a mí me parecía una forma de desgraciar los palmones tan decorativos, aunque pasado el acto, ya solo servirían para quemarlos y guardar sus cenizas. Sí, para el Miércoles de ceniza, si mal no recuerdo.

La indiferencia que me causan aún hoy, los automóviles, pronto varió a odio contra el “Dodge Poder”, y eso por culpa de un atasco y una barrera de ferrocarril.



domingo, 26 de junio de 2011


Parejas perdurables ( continuación 47 b)

El Director de la Electra de alumbrado, había sido colega de estudios por lo que nos unía buena amistad.

Ante el drama de repetir la instalación para las farolas de Santa María, tuvimos que esforzarnos ambos en mantener la calma.

Su Empresa había cumplido escrupulosamente y con eficiencia. La prueba era el resultado. Funcionó la instalación dentro del plazo establecido correctamente. Y precisamente al agotar el tiempo de pruebas y dar por finiquitado el contrato resultó que “ROBARON” los cables de cobre de toda la línea.

La facilidad que tuvieron los rateros para tal acción, nos dimos cuenta que obedecía a nuestra falta de experiencia y al cúmulo de coincidencias.

Recientemente una disposición oficial, obligaba a un sobredimensionado de los tubos de plástico de protección de los cables eléctricos que se debían introducir para instalaciones subterráneas. Y los tramos entre las iluminarias resultaban de una longitud muy manejable.

Otro elemento a favor de los cacos, era que desde el momento en que se interrumpe al sensor fotoeléctrico, la línea quedaba automáticamente desconectada.

Otro factor, el que en la Urbanización, no había ningún guarda. Hasta este día no me conciencié que era necesario. Otro gasto y otro empleado, en nómina.

Y el tope para favorecer a la misión delictiva, que en el extremo de la urbanización, donde tenía la plantación de manzanos, quedaba una choza de pastor que jamás le vi la necesidad de asolarla.

Se trataba de un refugio que antiguamente los pastores usaban para cuando les pillaba una inclemencia meteorológica. Era una pequeña construcción semejante a un iglú, solo que en lugar de bloques de hielo, el material de paredes y techo abovedado, eran piedras y barro.

Con todas estas facilidades a disposición de los ladrones, no tenían más que cualquier día entre lunes y jueves, en que por las noches nadie había el la Urbanización, solo tenían que ir cortando los tramos entre farolas con gran comodidad, ya que tirarían los cables deslizantes de las tuberías desde el mismo suelo.

Los llevarían a la choza y una vez concluida la labor sin que nadie les entorpeciera, en plena noche, quemarían el par de kilómetros de cobre recubierto de plástico, en el interior de la misma.

Nadie vería ni el fuego ni el humo al ser de noche. Luego, lo cargarían en una furgoneta y si te vi, no me acuerdo.

Como este supuesto, quedó demostrado como de hecho real, las sospechas recaían a dos sectores de personal apto para tal proeza. Ambos sectores debían ser conocedores de las circunstancias y haber pisado muchas veces Santa María.

Un sector podía provenir de mis peones de las obras ya diseminadas. El otro, del personal de mi colega. Todo, no siendo descabellado, resultaba demasiado aventurado para atribuir a nadie la fechoría.

Recurrí al seguro que mientras no obraba definitivamente la instalación del alumbrado finiquitada, le correspondería a al Instaladora.

Pero tampoco coló, ya que la recepción sí la realicé dando el visto bueno, por lo que la responsabilidad de la aseguradora, se desvanecía.

Al final, como buenos amigos, quedamos que yo abonaría el material a restituir y a su cargo correría la reinstalización.

Antes de proceder a tomar un vigilante, lo traté con mi gestor para saber hasta qué punto era conveniente declararlo y en concepto de qué.

Al estar levantando las paredes de los Apartamentos, me sugirió que podía utilizarlo como empleado fijo, a cambio de permitirle una vivienda provisional. Con ello disponía de personas que morando fijos, hacían la función de guardas diurnos y nocturnos.

Esto no tuve más remedio que acatarlo, pero inició mi miedo a un futuro descalabro. Estaba la prensa plagada de publicidades de urbanizaciones.

Desde mis inicios para los trabajos del Sr. Castillo, que no veía claro como un País que en aquél tiempo disponía de una población no superior a los cinco millones de habitantes, formando un millón de familias, de las cuales como mucho doscientas mil, podían permitirse el lujo de tener dos viviendas, la habitual mas la de recreo.

A pesar de haber desarrollado Santa María, con penurias, hasta aquél momento me mantuvo el afán de vender casi todo, liquidar bancos y empleados, para ofrecerme a empresas que tardíamente me requerían.

En lugar de mis pasos dirigirse a esta ideal salida, me llevaban por caminos más complejos.

Mis anuncios ya formaban parte de otros similares ocupando páginas enteras de la prensa más acreditada “La Vanguardia”. Y a pesar de ocuparse Robino de las campañas publicitarias, como a fin de cuentas lo pagaba yo, me entró el pánico. La cosa empeoró al ver las campañas de Sofico por la Tele que tenían un costo superior a la venta de un apartamento diario. Inexplicable. Mejor dicho sí me lo explicaba, lo que no me explicaba cómo podían existir tantos incautos. Y el surgir la nueva Venecia Catalana. Se trataba de los anuncios de Ampuriabrava, en la Costa Brava. Algo para millonarios, chales con entrada por motoras o veleros en sus canales o por coche en la parte de terreno firme.


http://www.ampuriabrava.com/

Total si yo durante los diez últimos años intervine en ciento cuarenta con una media de 500 parcelas y existían más de doscientas que me eran desconocidas pero que a ciencia cierta, dominaban las de mil parcelas, significaba que este negocio estaba saturado.

Este miedo repentino influyó en dejarme camelar por Batlle, al reavivar su interés por el negocio de su mujer. Trajo tres vestidos muy monos salidos de la manos de su Sra. y que los obsequiaba a Tere.

En principio, creí oportuno mostrale mi buena voluntad, pero……..


Parejas perdurables (continuación 47 b )

A la tercera va la vencida. Así fue. Tuve otra visita de Batlle. Me propuso ocuparme de la construcción de su torre en el solar de Santa María, que adquirió de contado. Y con ello, adujo que era una lástima, pero él no disponía de suficiente capital para el lanzamiento del negocio de su mujer.

-Conchita, mi mujer, tiene buena mano para la confección de prendas femeninas. Dos veces al año acude a las pasarelas de París y de Roma, para estar al tanto de la moda. Se forma una idea y luego lo plasma en tejidos originales y con variantes en los diseños. Dispone de dos viajantes que recorren uno el litoral cántabro y otro el mediterráneo. Sería oportuno, emplear a otro para la ruta central.
Este año, con los pedidos actuales tiene el taller a tope. Y es de suponer que si los viajantes aportan más clientes, no tendrá más remedio que cancelar los nuevos pedidos.
Esto que en principio resultaba óptimo para el negocio, de no atenderse, será un fracaso. Los clientes, desconfían de las empresas que incumplen con los pedidos en cantidad, o en fecha de entrega. No digamos de un incumplimiento de ambas cosas. Y ahora ya es conocida la marca de CONSEAR (confecciones selectas artesanas).

-¿Porqué, no invierte Ud. en el negocio, mediante la aportación de un local de dimensiones apropiadas a las necesidades presentes y futuras?. La instalación en mesas y maquinaria, es muy simple. Y la mano de obra que se nos ofrece, es mayor de la requerida.
Sería la forma de no solo perseverar en el negocio, sino ya una ampliación apta para servir a toda España.

-¿De qué cifras hablamos?.

-De un local de trescientos metros cuadrados, la mitad para taller y la otra para exposición al público. Actualmente tiene seis modistas, que pasarían a ser las mentoras de una docena de principiantas nuevas.
Y el local no tiene porqué valer más que lo recaudado en tres ejercicios.

-¿Y esto en números?

-Doce millones.

-Si Ud. invierte lo que le costará la torre en la ampliación de CONSEAR, ya tiene la mitad resuelta.

-Con la mitad no resolvemos nada y además dejamos fenecer la ilusión de nuestra soñada torre de recreo.

Le expuse que era bastante dinero y no me convenía rebajar cifras en el banco. Pero insistió, que ellos mensualmente producían cantidades respetables de papel comercial dimanantes de los pedidos servidos.

Lo clásico en aquél tiempo, eran las letras sin aceptar giradas a 30, 60 y 90 días, que al emitirse un mes después del acuse de recepción del género y el margen de otro mes para la liquidación bancaria, casi se trataba de medio año financiado con el riesgo consabido.
Podía entregar al descuento bancario este papel y de nuevo, me liaba, y los bancos se crecían, por obtención de un cliente muy rentable.

La idea empezó a calar en mi mente. Poner capital en un negocio dispar del de la construcción. Formaba lo que se llama diversificación de riesgos. Y lo podía usar también para rentabilizar la revista de los grupos musicales.

Se destinaba principalmente, para la juventud, a las que les llegaba la revista gratuita. Y precisamente era esa juventud, la más proclive clientela de modelitos de pret a porter. Anuncios en ella, redundarían al progreso de la nueva empresa de Modas.
Había una pega. ¿Lo cuento a Tere?. Si no le gustó que me mezclara con la juventud disquetequera, menos le gustaría saber que meto con la juventud sedienta de última moda.

Pero en verdad, que no veía solución a lo de cumplir con los compromisos que me abrumaban para acabar la Urbanización y entregar a los Municipios los viales e instalaciones, al llegar a su término.

Vislumbraba la necesidad de crear una Comisión Urbanística de Santa María. Provisionalmente, sería el órgano jurídico para seguir las directrices Municipales y de Urbanismo. Todo ello escapaba de mis manos. No podía atender tal diversidad de temas. Y a los segundos de a bordo, aunque los temía, se me hacían imprescindibles.

Y vaya que me ahogaba en un vaso de agua, pues tres años después, la llamada de Luis, rememorando nuestros años de soltería, acabó con mis pequeños embrollos para enzarzarme en otro de tamaño natural.

De momento, aparte de buscar seguridad diversificando los riesgos, era evidente que Santa María ya necesitaba un Restaurante, que además de su negocio por sí mismo, sería reclamo para los parcelistas actuales y futuros. Orpí había proyectado los bloques de dos Apartamentos Gemini, con la total previsión que uno de ellos albergaría al restaurante de la Urbanización.

Cuando reflexionaba en el berenjenal en que me metí, me entraba el pánico. Orpí, había sido una ayuda para el Gabinete y para la Urbanización. Ahora carecería de su apoyo. Robino, más que apoyo para mí era un lastre. Perdía mucho tiempo para controlar el negocio, o la mala inversión de la revista discográfica.

Y el gestor, se desentendía de cualquier decisión, que obviamente a mí me correspondía. Como colofón, Rodriguez en su calidad de abogado, solo me servía cuando los bollos estaban armados, pues en mi despacho acudía diversidad de personajes con asuntos variopintos y agobiando para dar soluciones a los problemas, o para aceptar sus ofertas.

Entre los últimos, apareció otro que tal……..

Ramón se dio a conocer recomendado por el Director del banco Exterior y su propuesta según él era irrechazable, se trataba del comercio en el ámbito de los Deportes.
Pero…..si yo estaba fuera de este mundo del deporte, que básicamente se circunscribía al fútbol, desde mi regreso de la mili…..

Saludos de Avicarlos.

lunes, 20 de junio de 2011

Parejas perdurables ( continuación 47 )
Fue aquél un malogrado día. Comida vulgar, cansancio de carretera y habitación de fulanas. En la barra al despedirnos, sin mencionar el safari nocturno, tomamos un café con leche y un croissan. ¿Tenía importancia quejarnos de la suciedad? Ya que el precio no daba para más, quizá si citamos la aventura de las hormigas, la srta. barmaid nos cobra el espectáculo.
Molesta por este aciago día, Tere me pidió, que no más aventuras. Nos saltaríamos todo lo que hubiere por el trayecto y a Alcocebre, faltaba gente.
Me lo recomendaron ya varios conocidos y creí oportuna la ocasión. Esta vez acertamos tal como nos prometieron los amigos.
Incluyo aquí este enlace que muestra en vídeos el estatus actual, que nada tiene que ver con el paraíso que nosotros pisamos medio siglo ha.
Por lo visto iniciaban la promoción de un motel, en plena naturaleza del litoral Castellonense.
Nos costó hallar el indicador que partiendo de la carretera general (nada que ver tampoco con las autopistas actuales existentes), que anunciaba un camino hacia la playa de Alcocebre. Casi que era un simulacro de carretera, ya que recordaba la del inicio para recorrer la Ruidera. Ambos lados vírgenes con tramos de arbolado y otros desiertos.
Quince kilómetros en estas condiciones, que parecían alejarse del mundo civilizado, concluyeron con la vista de una frondosa pineda, y mirando al sur, contemplamos una cuarentena de bungalowes de planta elevada y a mitad de su camino, lo que claramente era el Hotel custodia de los bungalowes.
La brisa, nos trajo además el olor a sal marina. Contemplamos una cala a la que aportaron gran cantidad de elementos de hormigón con formas estrelladas, a efectos de iniciar un espigón protector de la cala, e incrementar la superficie de playa.
Muy buena impresión nos llevamos ya de entrada.
El recepcionista nos mostró las instalaciones del edificio matriz, que disponía de una gran sala de fiestas y otra sala comedor. Mientras que un anexo, era para la venta de souvenirs y todo tipo de mercancía propia de las instalaciones turísticas.
También había una salita para material sanitario y botiquín de urgencias. Nos entregó las llaves del apartamento ocupable por un máximo de seis personas, aun cuando era recomendable elegir el de dos, ya que era más barato y casi idénticos todos. El de dos no tenía aparcamiento bajo el piso como tenía el de seis personas.
Nos complació que tuvieran tal deferencia pero nos quedamos con el de seis. “Ande o no ande, Caballo grande”.
Así al llegar al número alquilado, aparcamos el coche dentro del recinto abierto a cuatro vientos bajo el techo de la vivienda.
Disponía de un pequeño jardín muy bien cuidado. Nos estábamos ilusionando.
Arriba habían tres habitaciones, de justas dimensiones, pero la de la sala, era como las tres juntas. Disponía de un pequeño habitáculo en el que quedaba escondida una cocina con menaje suficiente, para calentarse comida o preparase el desayuno si no apetecía recurrir al restaurante.
Lo mejor, para Tere, resultó la terraza balconera. Con unas tumbonas, apetecía desde allí mirar el cielo, o ¡El Mar!. Lo más deseado por Tere. Y para postre si bajaba la mirada, contemplaba nuestro jardincito y el de los bungalowes vecinos.
Una vez aposentados, Fuimos a recepción, para antes de cenar, llamar a nuestra familia. Había que conocer novedades y notificarles nuestra próxima llegada por la tarde de la mañana siguiente.
Ningún inconveniente, ni siquiera por parte de Orpí, que prefirió comentar eventualidades a mi regreso.
Total una noche deliciosa compensación por las frustadas dos anteriores. Y el paseo por la playa sin rastros de nada de la urbanización en ciernes, resultaba un vergel rodeada de la pineda hasta la misma arena. Aguas cristalinas como no contemplamos en ninguna playa turística.
Nos prometimos traer a nuestros hijos en la próxima escapatoria de ocio, cosa que logramos pronto y que a saber si hubiésemos tardado mucho, cuán distinto hubiese sido lo percibido.
Desgraciadamente, actualmente, siendo una Urbanización bonita, carece del encanto primero.
Existen cuatro hoteles un gran Camping, cientos de torres, varios kilómetros de playas seguidas, etc. Una de las tantas urbanizaciones modernas, con la belleza artificial creada y las instalaciones pertinentes que transformaron al Natural paisaje que gozamos.
Trayéndoles aquí a nuestros cuatro hijos mayores en próximo viaje, lo disfrutamos todos, aparte de un susto procedente del menor de los cuatro.

Parejas perdurables ( continuación 47 a)

Sí, pues en la próxima Semana Santa, aprovechando las vacaciones, trajimos a los cuatro mayores a Alcocebre. Como era de esperar, estuvieron encantados y ya después de cenar se enzarzaron en juegos moviditos en el piso del bungalow, teniendo que llamarles la atención.

Disponían de dos días más para corretear al aire libre. Lo mejor que podían hacer era acostarse y guardar energías para la mañana siguiente.

Fueron los primeros en levantarse, pedir el desayuno y salir a la espesura de la selva que teníamos a menos de cien metros.

Les recomendé que no tardaran más de una hora, ya que haríamos una excursión por las calas vecinas a la de los bungalowes.

Media hora después Dani, alarmado:

-¡Papa, papá!, Beto se perdió.

-¿Qué quieres decir con que se perdió?.

-Es que jugamos al escondite en la pineda y él no aparece.

-¿Le habéis llamado?.

Tal como venía alarmado era cuestión de hacerle caso, e indagar después. Salimos tere y yo, siguiendo a Dani, que nos trajo ante J.C. y Jordi.

Se adentraron bastante por la espesura, llamando a gritos de vez en cuando a Beto. Después de situarnos en el lugar donde le vieron por última vez antes de retirarse para esconderse del mayor, que le tocó en suerte hacer de base del juego, procedimos a separanos una distancia prudencial entre nosotros e ir avanzando mientras seguíamos llamándole.

El bosque, virgen, tenía mucho ramaje bajo y además un sotobosque que impedía avanzar en línea recta. Constantemente , debíamos sortearlo, o romper ramas para pasar.

Entendí que en estas condiciones Beto, al alejarse, perdería orientación. Llevábamos en esta función más de diez minutos sin vislumbrar nada que pudiera dar pista por donde pasó.

La alarma cundió, para todos y Tere me la contagió. Desde donde estábamos en medio de una frondosa pineda, no divisábamos más que unos veinte metros a nuestro alrededor y nos habíamos internado más de trescientos metros.

Ordené regresar, para ir a pedir ayuda al Hotel. Cuando ya desesperábamos por gritar su nombre, y casi finalizado el regreso, Beto se da a conocer.

-Papá, mamá, estoy aquí.

¿Cómo era posible?, Beto surgía de la playa.

J. C. y Dani, le avistaron por última vez adentrándose por el bosque, no era lógico que saliera de la Playa.

Llegaron las recriminaciones de Tere dirigidas a Beto por ser tan atrevido y a mí por dejar abandonados a los niños en una Selva Amazónica, llena de peligros con fieras salvajes, y a saber si también con Jíbaros, o antropófagos.

-Pero ¿de dónde sales?. ¿No jugabais en el bosque?.

-Es que me perdí. No sabía regresar pero estuve callado para no dar pista a que me encontraran hasta que me asusté y decidí que lo mejor para salir del bosque sería ir siempre cuesta abajo que así llegaría al mar.

-Buen juicio Beto, y suerte tuviste de no haberte metido en una hondonada. ¿Qué hubieras hecho si todo el terreno de tu alrededor se convertía en cuesta arriba?.

Esto no lo pensó, pero lo que sí demostró era capacidad de raciocinio y a su edad me pareció digna de un genio.

Beto era el mismo que ya había protagonizado otras travesuras con menos acierto que la de este día.

Nos lo cuenta Tere:

Podría narrar una anécdota ocurrida poco antes que naciera el sexto, ya que fue algo que verdaderamente es digna de mención. Estaba ya muy avanzada en mi estado (no puedo decir “nuevo”, al contrario, en aquel tiempo me parece que tenía más meses de embarazo que de los normales), ya me sentaba con dificultad.

Estábamos todos en el comedor poco antes de la comida, haciendo un poco de aperitivo, encima de la mesita pequeña, estaban en diferentes platos, varias cosas para ir picando, almendras, avellanas, patatas fritas, etc etc Y de repente el cuarto hijo empezó a llorar a pleno pulmón. Realmente algo le pasaba, una madre sabe cuándo lloran por marranería, o cuando ocurre algo. Se tocaba la nariz pero no decía nada, yo vi que la tenía abultada, y supuse igual que su padre, que se había metido una avellana y no se la podía quitar…intenté presionar la nariz para que con un masaje suave, saliera el fruto seco.

Pero cuando me acerqué… el niño se ponía histérico llorando con más fuerza.

Le hablé tratando que comprendiera, que aquello tenía que salir de su cuerpo cuanto antes mejor, el niño debería tener unos 5 años o sea que me entendía perfectamente lo que le pedía, pero no había manera de que nos acercáramos a él. Verdaderamente estaba fuera de sí.

Yo comprendí que aquella actitud no era normal.

Finalmente, con buenas palabras le convencí, y lo puse entre mis piernas, haciendo tijera para inmovilizarlo y boca abajo, (con dificultades, porque mi barriga estaba ya enorme), diciéndole que yo no le tocaría la nariz, pero que él, tenía que ayudar, y hacer mucha fuerza, como si quisiera sonarse muy fuerte. Nada de hacer lo que pretendía el padre, de presionar la nariz, ya que por lo visto era lo que el niño más temía.

Vaya…nos quedamos todos como atontados, lo que salió de su pequeña nariz, no era una avellana, fue una chincheta, evidentemente envuelta en sangre y mucosidad!!!

Con razón, no quería que hiciéramos presión. Él sabía muy bien que si oprimíamos, se le clavaría aún más.

Esto ha salido en más de una ocasión en las reuniones familiares, todos nos acordamos muy bien.

De este tipo de anécdotas tengo un montón para ir contando, porque las familias numerosas tenemos muchos de estos momentos que luego al recordarlos, te hacen pesar, en lo que podría haber sucedido entonces…

Efectivamente Beto nos obsequió durante su infancia, un montón de anécdotas.La de mostrarnos al permitirle por primera vez saltar a la pequeña piscina de once metros de nuestro Chalet “Niu Blau” resultó premonitoria.

Dijo:

-Observadme para atravesar la piscina como lo hago y me decís si está bien.

Se lanzó de cabeza y buceando dando patadas a diestro y siniestro con verdadero desespero adelantaba al máximo los brazos hasta que tocó el borde de la piscina.

Se puso en pié y preguntó:

- Pero ¿Cuándo se respira?.

Evidentemente, esto explicaba el patear con desespero.

Y años después, formó parte del equipo de buceadores de la Marina, siendo testigo de la actuación de un Capitán descerebrado. Esto es otra historia, para narrar más adelante.

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Después de comer en el Hotel, emprendimos el viaje de regreso a Barcelona, en la plena confianza de haber salido todo a pedir de boca. Así fue pero me intrigaba lo que tuviera que contarme Orpí.

Pronto lo sabría y ya seguiría liándome en redes ignotas.

Parejas perdurables ( continuación 47 a)

Lo que planteó Orpí, para mí resultaba un descalabro. En cambio él consideraba que me hacía un regalo.
Me propuso que me quedara su participación en la Sociedad USAMA junto a su último aporte del proyecto y dirección de los dos primeros bloques de Apartamentos.
Les llamamos Gemini, para ser originales. Teníamos la documentación en regla, pero los cambios de nombre debían legalizarse y esto representaba mucho dinero para Hacienda, Notaría y Gestoría.

Y , Orpí necesitaba el dinero tocante y sonante en cuestión de un mes. Le dí varias vueltas al tema, que en verdad representaba un incremento importante de patrimonio, para Tere y para mí, como únicos socios acreditores de USAMA. Sin embargo el problema era siempre el mismo . El patrimonio crecía a buen ritmo, pero la liquidez se esfumaba.

De nuevo entregar papel comercial a los Bancos, usar las pólizas, e incluso ampliar hipotecas.
No me hacía gracia que lo obtenido en cinco años, que casi me permitía prescindir de los Bancos, tuviera una vez más que sacrificarlo y atarme como cualquier otro comerciante.
Encargué una campaña publicitaria a Robino, para reducir al máximo las hectáreas de Orpí. Entraría dinero y reduciría gastos para el cambio de nombre del resto.

Pero esto no era cosa de un mes, la venta incluso queriéndola poner a precio reventado, ascendía a bastantes millones y los capitalistas, no sueltan prenda sin antes tomar gran cantidad de precauciones .
No es óbice para quien quiere estafarles, ya que son los que les siguen la corriente a sus pretensiones . Luego les salen con la carta en la manga y adiós precauciones. No era mi caso. No podía desaparecer con la cantidad de bienes raíces que estaba aflorando.

Y a Hacienda, le importa poco que un propietario regale, o venda barato. La tasa para sus deducciones fiscales correspondía al valor Catastral y los impuestos se aplican a este valor.
Tenía pues que hacer oferta por encima del valor catastral, de lo contrario de negocio, pasaba a perjuicio.

Orpí, había sido socio leal. Todos sus emolumentos los aportó a la Sociedad. Ahora quería dedicarse exclusivamente a presentar a organismos Oficiales Proyectos Faraónicos. Sabía que la competencia era dura y costosa. Los proyectos presentados por los concursantes, pasaban por la criba política, que por lo visto son permeables a distintas seducciones.

La ideal sería la de sopesar el trabajo mejor concebido, por su fácil y menor costo en su desarrollo, su originalidad, menor tiempo en ejecución y adaptado a la perfección a su destino.
Pero no siempre gana lo ideal, de modo que más bien para un concursante lograr una adjudicación de su proyecto, puede haber concursado hasta cinco veces con otros tantos proyectos, que iban a la basura.

El coste del mismo, el Arquitecto tenía que afrontarlo de su bolsillo mientras duraba su trabajo sin haberse aceptado. Es lo que previó Orpí y se arriesgaba a permanecer hasta tres años sin percibir un óbolo.
Con el dinero que recibiría de USAMA, y seguir con el Gabinete, con el personal ya veterano, podría permitírselo.

No le dije nada a Tere, pero confiando en poder vender pronto las fincas de Orpí y alguna que otra mía, reuniría el capital suficiente para pagar a Orpí y a Hacienda.
Mientras esto no acaecía, cargué la maleta con letras y las endosé a varios Bancos. Los directores se alegraron que por fin les diera negocio sustancioso, pero imagino, que si en lugar de repartirlo a varios lo hubiera entregado todo a uno solo, el resultado hubiera sido distinto. Habría recelado el director de turno, que de repente una cuenta mantenida con un mínimo de crédito sin usar, la sobrecargara con cifras desmesuradas.
La cuestión era que de nuevo la aventura bancaria se hallaba en marcha.

Y los Bloques de Apartamentos ya afloraban del suelo asentados sobre cientos de metros cúbicos de cimentación.
Lo aproveché para anunciar su próxima construcción y engrosar la campaña publicitaria.
Esta vez no me salía tampoco gratis la publicidad.

Robino, me pedía más capital, para ampliar las tiradas de la revista discográfica. Según él el negocio se presentaba muy bien ya que podía competir con las revistas del ramo y que pronto seríamos conocidos por la tele.
No me convenció, ya que las revistas con las que competíamos, eran adquiridas por los fans, pagando, mientras que la nuestra era gratuita.
En aquél tiempo, las revistas de la competencia, además tenían sponsors que eran las propias empresas promotoras de grupos como “Los Diablos”, por más que otros grupos destacados de mayor calidad, eran ignorados. Y a esos les promovíamos nosotros gratis. Jamás llegué al meollo del negocio, que cada vez olía peor.

A pesar de las discrepancias , seguí entregándole nuevas dosis de capital y casi como por compensación divina, obtuve buen resultado de la nueva campaña a favor de USAMA.

Un domingo, ya algo repuesto por rebaje sustancioso del papel descontado por los bancos, volví a mi intención de seguir reteniendo el de nuevas ventas, sin descontar.
Lo comenté con un cliente, aduciendo que el interés que aplicaban los bancos a mi modo de ver era el de usura. Convino conmigo Batlle, el cliente, que tras alabar mi proceder, se explanó con la historia del negocio de su mujer una artista en la confección pret a porter.
Mientras iba exponiendo las virtudes de su mujer y el interés en ampliar su negocio, que topaba frontalmente con los bancos, un parcelista, nos interrumpió.

-Oiga, señor. Nosotros vinimos ayer por la tarde para quedarnos a dormir en la torre y no se encendieron las luces de las calles.

Esta noticia, me anonadaba. Vencía el último plazo para la liquidación a la Empresa del alumbrado. Urgentemente les llamaría para recomponer la avería que podía haberse producido. No pagaría hasta su entrega en perfectas condiciones de servicio. Este era el trato.

Pero lo que no esperaba, era cual fue el verdadero motivo de tener las calles a oscuras por la noche.


martes, 14 de junio de 2011

Parejas perdurables (continuación 46)

Parejas Perdurables (continuación 46)

-¿Conqué Ud, es Catalán?. ¿Qué le indujo establecer en La Mancha una hospedería?.

Se lo preguntaba a Sergi, dueño del Hostal Don Quijote, en Argamasilla de Alba. Me sorprendía, que un Sr. que no aparentaba más de cuarenta años, prefiriera montar un negocio mas bien modesto, en una población insignificante, cuando tenía muchísimas probabilidades de lograrlo con mejor categoría y rentabilidad en Cataluña.

Claro que en la actualidad es un enclave renombrado y convertido en Ciudad. Tuvo catorce años después de nuestra visita, su esplendor merced al turismo. Después vinieron otros veinte años de sequía, desapareciendo el río, los ojos y el ruido que se suponía daba nombre a La Ruidera.

La sequía, provocó que las turberas tras años de hallarse afloradas en terreno seco y ni siquiera ya cultivable, se encendieran, causando el exterminio de la flora y fauna. Un verdadero desastre escológico.

A partir de 2010, en que volvieron las lluvias, se extinguieron los incendios y de nuevo se recuperaron las antiguas Tablas de Daimiel.


Laguna de La Ruidera
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-Por una excursión programada por mis compañeros, hace veinte años. Celebramos la suerte de haber sido excluidos del Servicio Militar por cupo excedente.

Como nosotros, querían conocer los Ojos del Guadiana, las Tablas de Daimiel y La Ruidera. La publicidad en aquél tiempo era la propia obra de Cervantes. La fama de los lugares del Caballero andante, de la triste figura, atraía a los lectores, máxime a los Catalanes ya que según la Obra, Quijote en las playas de Barcelona, luchó por su Dama imaginaria, regresando humillado a su redil, al ser vencido por el Caballero que lo único que pretendía era acabar con la locura quijotesca.

Así nuestro hospedero Sergi, nos narró su aventura. Al llegar a Argamasilla de Alba, supuestamente la morada de Quijote, como nosotros, buscó aposento para pernoctar yendo a parar donde nos hallábamos. Dirigía el negocio, una bella joven, recientemente huérfana de su padre dueño del negocio.

Fue el flechazo a primera vista. Permaneció tres días en el lugar, habiendo recorrido todos los parajes, seguidos por la lectura del Quijote, como si se tratara de reconstruir los hechos. Las tardes las pasaba con su enamorada, llegando a intimar y hacer planes para el futuro.

Se la llevó a conocer a su familia, y en un mes cumplieron con todos los requisitos de la boda.
No le preocupaba la categoría del negocio sino la de tener la vida encauzada con su amada.
Y llevaba ya diez años, desde que fallecieron sus padres, que su ausencia de Cataluña era absoluta.

Tere, encontró esta historia muy romántica y pensó que la nuestra aunque muy distinta tenía coincidencias básicas. Dios los cría y ellos se juntan. Imprevisible total, en la mayoría de los casos.

Tomamos habitación, decorada muy austeramente, y con mobiliario que recreaba el habido en tiempos de Quijote. Lo diferente seguro sería que los aseos eran modernos. No nos hacía falta la “vasija de noche”.

Y el desayuno, resultó la mar de agradable, todo a base de productos del lugar. La hogaza de pan horneado en leña, recordaba el de las Masías Catalanas de los años 30 del siglo pasado.
La leche, la mantequilla, la miel, la fruta, el vino, los embutidos, todo procedía del campo, o de manufactura lugareña. Nada procedente de supermercados ni tiendas exclusivas de comida envasada. Su sabor a Tere y a mí, nos recordó nuestra infancia.

Nos propusimos recorrer toda la zona de unos 70 Km, con el coche y regresar de nuevo a pernoctar en Argamasilla. Veríamos este paraje agreste y peculiar.










Vista aérea de las Tablas.

Parejas Perdurables (continuación 46 a )

Dispuestos a recorrer toda la zona, entramos a un camino carretero que llegaría seguramente hasta Ruidera, pero por lo angosto y serpenteante, a los pocos kilómetros se convertía en camino de herradura.

Persistiendo en seguir con el coche con mucha dificultad y a velocidad poco mayor que la del andante peatón, nos encontramos en un ensanchamiento que permitía girar el coche. Prudentemente, preferí apearme, y aparcar allí.

No tuve la precaución al salir de Argamasilla, de preguntarle a Sergi, que tal eran las comunicaciones para tránsito rodado y si se llegaba sin dificultad a Ruidera.

Pudiera darse el caso que confundiera el camino correcto y el que elegí, quizá se convertiría en una simple senda.

No vimos alma viviente en todo el camino, ni en un sentido ni en otro. El que no hubiera circulación, me puso en prevención. ¿Qué hubiera ocurrido de aparecer otro turista con automóvil?.

Decidimos tomar unas fotos del paisaje. Por lo visto, ya iniciaba una era de sequía causando el declive de los acuíferos. De haber realizado este recorrido un par de años antes, hubiera aparcado en un vado del río.
Seguimos pues a pié más de una hora, cuando a lo lejos vimos una hoquedad en el terreno, formando una caverna.

Claro, la Cueva de Montesinos. Recordé al Quijote, y allá fuimos. No estaba en muy buenas condiciones su entrada, pero una vez pasado el umbral, una no muy suave pendiente, deslizaba hacia una sala de grandes dimensiones.

http://palomatorrijos.blogspot.com/2...montiel-y.html

http://www.albacetesiempreabierto.co...sderuidera.htm

Tere me seguía con reparos, cuando de pronto un revolotear de murciélagos, la puso histérica.

-¡Me voy de aquí, me voy!. Esto es tétrico y solo faltaban estos bichos.

-Mujer no temas que no se te comerán, ni siquiera te tocarán, saben muy bien volar en la oscuridad. Con su radar esquivan todos los obstáculos.


No le interesó, lo mínimo la vida y milagros de los murciélagos y corriendo salió al aire libre.

Años después, ni murciélagos ni clase alguna de bicho viviente. Tal fue el cambio drástico que arruinó la zona con la pérdida del agua. Se intentó aprovechar los terrenos desecados para cultivo, pero con más años de sequía, también este recurso falló.

El turismo asimismo decreció, pues se venía aquí para ver los ojos del Guadiana, como salían de la tierra igual que manantiales cuyos chorros formaban pequeñas cascadas y desaparecía el agua en las proximidades, para reaparecer en unos cientos de metros más abajo y formar las grandes charcas que dejaban al terreno en pequeñas islas, las Tablas de Daimiel.

Para postre el agua oculta provocaba con sus choques con rocas un ruido, que era el que daba nombre a la Población cercana.
Sin todo esto que dio fama al Guadiana, ¿a qué, vendrían los turistas?.

Tuvimos suerte de ser de los últimos en divisar varias lagunas con agua. Poco a poco, año tras año, fueron desapareciendo. En 1984, ya no manaba agua de los Ojos. En 1990 se abandonaron los cultivos en tierra baldía y seca. En 2009, las turberas se encendieron saliendo el humo del subsuelo. En 2010 había desaparecido todo vestigio de flora y fauna.

Pero ¡Vinieron las lluvias!. Los incendios se extinguieron y se recuperó buena parte de lo que fueron las Tablas.
Actualmente ignoro si de la misma manera se restableció el turismo y si ya disponen de caminos decentes para recorrer los valles.

Antes de seguir la excursión con el coche, nos entretuvimos en contemplar los campos de molinos, que según el Quijote, eran unos gigantes.



Buscando caminos apropiados para nuestro vehículo, lo conseguimos retrocediendo bastantes kilómetros, hasta dar con el que anunciaba Ruidera. Allí comimos, y deambulamos sacando más fotos, hasta que viendo atardecer regresamos a Argamasilla.




Molinos en Argamasilla

Parejas perdurables ( continuación 46 b )

_¡ Ah, del Castillo !.
-¿Quién va?.
-El Caballero Hidalgo, para desfacer entuertos.

Estaba imaginando la llegada al Castillo de Alarcón, Parador Marqués de Villena, como la podía haber realizado El Quijote. Y estaba impaciente por llegar a él antes de anochecer.
Era otro recorrido kilométrico respetable desde Argamasilla. No había más solución que hacer muchos kilómetros y pocas paradas para regresar en el tiempo previsto de una semana.

Cuando lo divisé en la lejanía, pensé que muy discreta no resultaba la fortaleza. Era un enclave destacado en una prominente altura dominando el campo llano a sus pies.
Mas bien tenía que ser un acicate para el enemigo, tener allí como un faro, la morada del Poderosos señor feudal. Pero al estar ya cerca, cambié de opinión. La construcción, aprovechando la orografía, se asentaba en lo alto de un montículo. La defensa inexpugnable de forma natural.

No se precisaban fosas alrededor de las murallas, ni puentes levadizos. El angosto camino llevaba a la entrada, único punto que la soldadesca necesitaría defender, caso de ser asaltado.
Entré con el coche subiendo en primera, ya que la pendiente era fuerte e ignoraba si era permitida la entrada para los automóviles visitante.

El Castillo, muy bien conservado, y de aspecto una monada. Como si se tratara de una miniatura de lo contenido tras las murallas de La Alhambra. Tal como sospeché, el patio aparcamiento era reducido y con la media docena de coches que allí había, no había mucho margen para escoger donde aparcar.

http://www.parador.es/es/tratarFichaParadorCabecera.do?parador=002

Nos las dábamos de afortunados por llegar a tal Castillo convertido en Parador Turístico. Resultaba tan original y de gusto severo que bendije la idea de pernoctar soñando en ser uno de los habitantes del Medioevo.
En recepción nos apearon del sueño. Como bien se veía el Castillo disponía de más superficie para las murallas y paredes de piedra, que para habitaciones útiles para turistas. Concretamente de las catorce habitaciones habilitadas con mucho gusto, solo seis estaban disponibles para viajeros. Las demás eran fijas para los empleados. Y sí. Conté bien, seis coches en el patio, y seis viajeros que se hospedaban.

Lamentaban no poder albergarnos pero si nos placía, estaban ya dando la cena. ¿Qué remedio?. Seguro que a cien kilómetros a la redonda no habría ningún Restorán.

Procurando obviar lo desagradable de la situación, preferimos acompañar al resto de comensales, en un ambiente señorial. Se respiraba un aire fresco y aromoso. La decoración muy acertada con manteles clásicos resaltando el rojo con el blanco y los jarrones con flores en las mesas. Y un silencio grave, que obligaba a hablar en voz baja, en señal de respeto.

Muy buena la cena, como era de esperar. Y antes de marcharnos, pedimos que nos dejara recorrer las dependencias, ya que al menos esto paliaría el desencanto de no poder quedarnos a dormir.
Cuando nos hallábamos ya en plena carretera, empecé a urdir una solución.

-Mira Tere, por el mapa, no veo que podamos hallar ningún hotel a menos de cien kilómetros. Para llegar allí pasada la media noche, y eso con suerte, prefiero acampar en el Pantano de Alarcón.

-Me parece que esto ya te lo esperabas, desde el momento que no quisiste telefonear pidiendo reserva.

-¿Cómo podía imaginar que un parador ubicado en lugar tan alejado de todo lo turístico no tuviera más que seis habitaciones?. Mujer que ha sido un contratiempo totalmente imprevisible.

En lugar pues de dirigirnos hacia Valencia, nos dirigimos hacia Madrid y en muy pocos kilómetros nos entramos en un lado boscoso del Pantano de Alarcón.
Pulsa en la imagen para verla en tamaño completo  Nombre: alarcon450x234.jpg Visitas: 3 Tamaño: 16.0 KB ID: 2590


Llegamos con una noche iluminada por la luna llena, por lo que pudimos escoger bien el lugar de acampada. El coche estaba acondicionado para tender los asientos y no era la primera vez que lo usamos. A Tere no le satisfacía tanto como a mí, pasar la noche a la intemperie. No estaba acostumbrada al excursionismo, pero a pesar de todo, el lugar en que paramos, entre la arboleda, y con las aguas del pantano brillando por la luz de la luna, lo convertía en algo romántico.
Por la mañana, nos aseamos a lo Cro-Magnón y por lo menos yo me sorprendí al ver ya con luz de día todo el entorno del pantano, que no hubiera absolutamente nada para atraer turismo.

-Esto es incomprensible. Un lugar tan bello, y distante de poblaciones, que es ideal para practicar la pesca, navegar con piraguas, pasear por el bosque y pasar verdaderas horas de recreo en la naturaleza, no haya ni un simulacro de merendero. Yo aquí, montaría un restorán aunque fuera de bocadillos y refrescos, con unos pocos juegos para los niños y con un pudridero apartado lo resolvía con poquísimo dinero.