viernes, 4 de marzo de 2011

Parejas perdurables (continuación 17)


Recuerda Tere.

Me parece que en mi vida he pasado tanta vergüenza como cuando tuve que saltar desde el vagón, hasta donde se encontraba mi flamante marido.

Le veía a él, Muuuuy abajo, diciéndome que saltara sin miedo que él, me recogería. Miré a mi derecha, y todos los pasajeros del vagón a pesar del frío, habían bajado las ventanillas para ver el espectáculo. Llevaba un vestido hecho para la ocasión, o sea de una mujer casada donde mostrar las formas ya no se consideraba indecente. Un vestido que se me ajustaba como un guante y que por supuesto no me dejaba andar con prisas por lo estrecho que era, además los altos tacones.

La gente seguía expectante ante mi indecisión de tirarme al vacío, por mucho que nos apremiara tanto el revisor, como los pasajeros. Todos me animaban a que lo hiciera El tren en cuanto cambiara la luz del semáforo emprendería su viaje, tanto si yo me decidía como si no….

Recuerdo las palabras del conductor del convoy, también asomado desde la unidad motriz, dirigidas a Carlos. Se quejaba por lo arriesgado que sería para él, si alguien bajaba de aquella manera tan poco protocolaria que por supuesto podía ocurrir algún percance grave. Estaba completamente prohibido, y no sin razón. Pero cuando me vio aparecer a mí, solo supo decir.:

- “Además con una mujer”.

En fin…me tiré como quien lo hace a una piscina sin saber si hay agua. Encomendándome a toda la corte celestial, para que no nos rompiéramos ningún hueso.

Tras este espectáculo gratuito, todos los pasajeros aplaudieron. Podía leer en sus caras, “Claro esa pareja de recién casados, en qué estarían pensando que no han visto el gran letrero de la estación” (luego sabríamos el motivo por el cual no lo vimos), mientras aparecíamos como tontos enamorados.

No hacía falta ser un lince. Toda nuestra ropa incluida la maleta era recién estrenada. Nueva completamente. Se nos notaba a la legua que éramos unos novatos.

Lo dicho… en mi vida he pasado tanta vergüenza.

La famosa frase de MI REINO POR UN CABALLO, yo mentalmente la cambié por, unos ZAPATOS PLANOS Y COMODOS, para poder andar por el camino tan desigual. Y a pesar de sus inconvenientes, por miedo a que todo se esparciera por el suelo, abrí la maleta en busca del calzado más propicio. Sabía que no hacían conjunto con mi vestido pero…en aquellos momentos para mí era esencial poder andar sin problemas.

Deseando que el tren desapareciera por completo de mi vista, y los pasajeros dejaran de mirarnos con esa sonrisa medio burlona.

Tenían razón tanto el revisor, como el conductor del tren, que aquella parada sería muy corta, todo era cuestión de esperar al cambio de luz. Y en cuanto se puso verde, se alejó.

Lo que seguramente sólo fueron unos minutos, a mí me parecieron toda una eternidad.

¡Bonita manera de empezar nuestra vida en común! Haciendo de saltimbanquis, con riesgo de rompernos la crisma….

Ahora sí que venía bien la popular frase “Al fin solos” Pero en nuestro caso, había que añadir. “Solos y en mitad de la nada, de un lugar desconocido”

Por suerte no tardamos demasiado en divisar un hotel cercano, donde pudimos hospedarnos, como clientes únicos .

Bueno ahora sí que parecía que por fin empezaría nuestra vida en común. Sin sobresaltos, y con todo el entusiasmo que se ponen en las cosas al ser jóvenes

Parejas perdurables (Continuación 17 a)

El Dr., recomendó a Tere un ingreso inmediato a la Clínica Regina, correspondiente a nuestro contrato con Nueva Vida. Tan grave halló la amigdalitis. Y para resolver el problema de cuajo, que al cesar la inflamación, se le extirparan las amígdalas. Preveía que de no hacerlo, las inflamaciones las sufriría con frecuencia.

Con una semana de preparación y otra de convalecencia, Tere pasó medio mes en la Clínica. Por las mañanas la visitaba su madre y por las tardes lo hacía yo.

En realidad, para poder atender el despacho, me integré por completo a la vida familiar de mis suegros y cuñada. Ocupé la que fue habitación de Tere, como si mis suegros fueran mis padres y la cuñada mi hermana.

Mi agradecimiento iba en aumento pues me sentí querido por partida doble. Como yerno y como hijo.

Hice el que resultó último viaje a Andorra, para concluir los encargos pendientes. Me presentaron a un potentado, que iba a adquirir una finca, de la que quedó enamorado y quería conocer la superficie para mejor valorarla.

El día que fui para realizar la medición, su secretario me dio una cantidad como paliativo de las molestias ocasionadas, ya que desistía del encargo. Resultó que al comprobar los datos catastrales de la finca en cuestión, vió que ya era de su propiedad desde hacía años.

Me enteré que este Sr. Iba en caminos de apropiarse del País entero. Disponía de una colección de fincas adquiridas a diestro y siniestro durante muchos años. Ya perdió el control de sus adquisiciones.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Aquellos días de visitas a la Clínica, resultaron útiles para reactivar mi búsqueda de empleo fijo. Estuve en un taller de Arquitectura afamado, con la perspectiva del proyecto importante de bloques de viviendas levantadas con estructuras de hormigón armado. Podía llevarme trabajo a mi despacho, con el que mis ayudantes se beneficiarían ya que se acabó Andorra.

Tampoco se consolidó este encargo. El Arquitecto responsable de tal proyecto, después de considerar los pros y contras, desistió, ante lo que veía imposible de cumplir en el plazo fijado por el Ministerio de la Vivienda.

La obra debería realizarse en tiempo récord de seis meses. Algo imposible para el fraguado del hormigón con el cemento Portland corriente. Representaba elevar un piso a la semana para la estructura, con lo que se absorbía el tiempo de dos meses y luego en los cuatro restantes las instalaciones y revestimientos. Tal como lo veía por seguridad, para la estructura sola, precisaría los seis meses concedidos.

Le propusieron usar un nuevo tipo de cemento de fraguado rápido, probado en Francia. No le convenció por tratarse de una novedad en periodo de experimentación.

La adjudicación de tales obras recayeron a otras empresas, que sí se comprometieron y a las que yo no tuve acceso.

Su decisión a mí me dejaba de nuevo sin trabajo, pero lo sucedido veiticinco años después le dio la razón plena.

Todas las obras construidas con aquél tipo de cemento de fraguado acelerado, sufrieron lo que se llamó “aluminosis”, debiéndose derribar antes de que hubiera una hecatombe para los cientos de inquilinos ocupantes de las viviendas con las vigas desmoronándose.

Y premonitorio resultaba el accidente en Pineda de Mar. En la playa, se estaba alzando un edificio, también con estructura de hormigón. Cada semana, levantaban un nuevo piso.

Mantenían la estabilidad, a base de no desencofrar, amén que apuntalar cada piso de los acabados, hasta un mes después. En teoría, al levantar la cuarta planta, se podía desencofrar la planta baja, ya que había transcurrido un mes. Tiempo mínimo requerido para adquirir el fraguado, la resistencia admisible.

Al disponer de tal cantidad de madera aplicada en el encofrado y apuntalamiento de cuatro plantas, agotaron existencias. El capataz, preparando el encofrado de la quinta, dio orden a un aprendiz, que desarmara la madera del piso de “abajo”, ya que serviría para seguir la obra sin pausa.

Para el aprendiz, “abajo”, de la quinta planta donde se hallaba con los albañiles y el capataz,

era la cuarta. Ni corto ni perezoso, se puso manos a la obra. Por suerte, la primera madera recuperada, correspondiente a pies derechos, no evidenció ningún problema pero al proceder con la de las jácenas, vio como se resquebrajaba por instantes, iniciando una flexión fatal.

Al grito de “Sálvese quien pueda. Se hunde el piso”. Se produjo la desbandada. Los de pisos inferiores llegaron por su pie al exterior de la obra, en cuanto a los de la planta quinta, indecisos, tuvieron la opción de saltar al vacío, o bajar por la provisional escalera.

En cuestión de un minuto, se hundió la última planta, que a la vez derribó a la tercera y estas dos a la segunda y las tres a la primera.

Total treinta albañiles enterrados entre los escombros y diez más heridos de gravedad por la caída desde la última planta.

Al juzgado fueron a parar, el constructor, el Arquitecto, el Aparejador, el propietario del inmueble proyectado, y el Ayuntamiento, subsidiario por dar licencia y no preocuparse de su desarrollo.

Se descubrió que el propietario había otorgado un plus sustancioso, si se acababa la obra en seis meses, con instalaciones acabadas, incluso amueblado. Tenía contratadas por un tour-operador doscientas habitaciones de lo que debía ser un hotel, para estrenar el mes de Agosto. Normalmente el más requerido por los turistas, con el incentivo de ocupar una obra moderna, frente al mar con una playa sus pies, casi virgen en aquél tiempo.

Con esta experiencia, tuve mucho cuidado en prestar debida atención a los futuros encargos relativos a obras, ya que esto aquí estaba sucediendo igual que antaño sucedía en Andorra por la dejadez de los constructores.

Morán me facilitó un trabajo que no encajaba con lo realizado en su taller. Se trataba de diseñar los planos de una nueva afeitadora de accionamiento mecánico. Disponía de un resorte que dándole una docena de vueltas, acumulaba energía para un minuto escaso. Si el usuario en este tiempo no acababa su afeitado, repetía la operación sin problema.

Fue bienvenido el proyecto. Además, Morán me enteró de la aventura de nuestro compañero Rosero, al que perdimos la pista antes de incorporarnos al Servicio Militar.

Aprovechó el final de carrera para correr aventuras por Suecia, antes de vestir el caqui como nosotros. Se corría la voy que las Suecas, se daban muy bien a los latinos. Contrariamente a la ñoñería imperante por España, ofrecían el sexo con una facilidad insospechada.

Previendo que esta oportunidad ya no se le presentaría jamás, dispuso su último mes pasarlo a la cata de “monumentos”.

Para ello el viaje lo financió, mediante sus ahorros y ofreciendo sus servicios como camarero, o lavaplatos. Una “gachí” de las que quitan el hipo, le sugestionó hasta tal punto que ya no pudo zafarse de ella. Prácticamente, hacía con ella lo que le venía en gana y ella a él le devolvía caricias con más afecto si cabe.

Tocando los días de su prevista estancia de asueto a su fin, le comunicó su compañera, que estaba embarazada.

Al principio, no creía que esto tuviera consecuencias, pero ignoraba que los Países Nórdicos si bien eran tolerantes al amor libre, no lo eran ni pizca ante la paterna responsabilidad.

Perseguido por la familia y bajo amenaza de denunciarle si no se casaba con su amante, atendió al requerimiento. Sin embargo sólo le quedaban tres días para incorporarse al Ejercito Español. Ya se casaría seis meses después, una vez cumplido.

No coló. Su vástago debía nacer en nueve meses, en Suecia y él allí estaría para el bautizo, por lo que en Sueco se convertiría.

Ahora, ya padre de familia en Suecia, para pagar con la justicia militar Española, regresó a Barcelona a cumplir con prisión por deserción, seis meses en el Castillo de Montjuich.

Vino con su mujer y su hijo, que le aguardarían hasta su liberación. No se fiaban un pelo.

Esto me recordó el chasco de nuestro colega Don Juan en Alcalá, pero con efectos corregidos y aumentados.

Mientras seguía yo tanteando nuevas ocupaciones, vi como no podía eludir los ingresos que me proporcionaban las clases de la Academia.

La recuperación de Tere por su amigdalotomía, se me hacía eterna y así se lo contaba en mis visitas. Ella me dijo que pensaba compensar mis ansias de manera especial el próximo día de su alta hospitalaria.


miércoles, 2 de marzo de 2011


Parejas perdurables (continuación 16)

Era cuestión de pormenorizar las actividades del anhelado día de la boda. No solo por la administración del dinero ahorrado, sino por el ritual eclesiástico y civil conjunto, en el altar y la sacristía, donde se aportaba un donativo voluntario a la Iglesia. Luego atender el social con la impresión de invitaciones, envío a los elegidos, contrato de Restaurante para el ágape, y programar días para el viaje de novios.

Los padres de Tere, se ocuparían de todo lo referente al ajuar de la novia, y ayudarían económicamente, al dispendio del festejo, hasta donde alcanzaran.
Por suerte, se estaba poniendo de moda un recién inaugurado restaurante “Don Bosco”, de amplios salones para fiestas. Promovían su negocio con ofertas para determinadas fechas. La nuestra, siendo tan especial, encajaba en las de oferta óptima. Casi mitad de precio.
Era evidente que las salas de festejos para el día primero de año al mediodía, nadie las solicitaba.

Luego había que pensar en como dejar los trabajos pendientes en el despacho. Los ayudantes disponían tarea para una semana, luego era el máximo tiempo que podía permitirme.

Y mis clases en la Academia de Ingenieros, se reanudaban asimismo el día siete de Enero. Era otra razón para dar por finalizada la Luna de Miel, el día de Reyes.
El director de la Academia de Ingenieros, me había solicitado para dar clases dos tardes a la semana, hacía un año. Lo compaginaba bien con mis trabajos en el despacho y mis salidas por la geografía Catalana. Estaba a punto de anunciarle que no contara conmigo al próximo curso, ya que contaba con mi absorción en Andorra.

También buscaba obtener un empleo en alguna industria, en verdad, sin mucho empeño, ya que me defendía trabajando de autónomo. Pero siempre temí la falta de clientela. En tal caso, ¿cómo mantendría el hogar?.

Pensando en el viaje, para que resultara económico, urdí un itinerario mínimo, por el suelo peninsular.
Recordé las fotos de mis padres realizadas en su visita al Escorial, de recién casados. Las postales de los sarcófagos de los Reyes de España, adquiridos como recordatorio, las mostraban orgullosos.

Decidí pues repetir su historia :

-Primer día .Tren hasta Tarragona, pernoctar en hotel.
-Segundo día. Por la mañana, recorrer las Murallas y contemplar el Anfiteatro Romano desde el Balcón del Mediterráneo. Seguro que haría feliz a Tere contemplar el Mar desde punto tan privilegiado. Pernoctar en hotel.
-Tercer día. Por la mañana en tren hasta Valencia. Paseo por El Grao, puerto natural. Por la tarde, visita a los parientes de Tere.
-Cuarto día. Por la mañana tren a Madrid. Tarde- noche, tasqueo por La Gran Vía, rememorando mis andanzas de militar.
-Quinto día. Por la mañana visita al Museo del Prado. Tarde paseo por La Casa de Campo.
-Sexto día. Por la mañana visita a El Escorial. Tarde regreso a Madrid. Noche tren a Zaragoza.
-Séptimo día. Visita a la Virgen del Pilar. Besar el hoyo del pilar bajo la estatuilla de la Virgen formado por los millones de labios que lo besaron antes que nosotros. Tarde repetición de tasqueos. Noche tren a Barcelona.

Claro que circula un refrán ….”El hombre propone y Dios dispone”.
Memorable sí, fue el día uno de Enero. Por más motivos que por el de Año Nuevo y Vida Nueva.


Monasterio de El Escorial

Recuerda Tere:


Todo iba siguiendo el ritmo normal de los preparativos para ese día.
En aquel tiempo, se solía hacer una pequeña exposición de lo que se aportaba al nuevo hogar, sobre todo los regalos recibidos. Cosa que hoy ya no se hace, pues la mayoría acaban pidiendo dinero, que es lo que más les conviene, sobre todo, porque sus viajes de novios, suelen ser a otro Continente.
Al no hacer ninguna lista, como ya había muchos que lo hacían, nos encontramos con varios juegos de tazas de desayuno, aunque de diferente diseño, no dejaban de ser repeticiones.
Pero bueno, algunos eran bonitos e irían a parar a una vitrina, junto con la cristalería, que habíamos ido recopilando, ya que en el último año, todos los regalos de santos y cumpleaños, se fueron centrando en el equipamiento de la casa.
Y me viene a la memoria, algo que es casi un chiste. Uno de los proveedores, al que conocía desde tiempo, cuando le dije que me casaba al mes siguiente, se me quedó mirando, y saltándose todo protocolo, me preguntó cuántos años tenía. Le dije que acababa de cumplir los 20. Se quedó boquiabierto. Él imaginaba que tenía como mucho 16. Supongo que por mi manera de vestir, y sobre todo por mi pelo largo, que llevaba muchas veces en una trenza, y otras lo que llamaban “cola de caballo”. Total, que debería tener el aspecto de una mezcla de niña-mujer.
Carlos ya tenía organizado cómo discurrirían los escasos días destinados al tan esperado viaje de novios. Me pareció casi una maratón contra reloj, querer hacer tantas cosas en tan poco tiempo.
Aunque por otra parte, también me apetecía recorrer un poco la península, ya que la desconocía por completo, si exceptuaba Valencia, donde tenía unos tíos. Todo el itinerario sería completamente nuevo para mí.
Yo sólo pedía que el día uno de enero no hiciera demasiado frío, cosa que hubiera sido lo más normal.
Mi vestido de novia, aunque con mangas, y sin ningún escote, no era precisamente de tela gruesa. Me parece que fui de las primeras novias, que usaron lo que entonces se llamaba un vestido tobillero. Nada de colas largas, era vaporoso, y con mucho vuelo y me llegaba hasta media pierna.
Cuando estuvo ya en casa y mi madre lo colgó en una habitación, para que no se arrugara, creo que fue la primera vez, que me di cuenta de verdad que estaba a punto de casarme.

Crónica de las primeras 50 horas de una boda.

Día primero, hora 7 a.m. Entro en el bar frente a mi despacho-vivienda.

-Buen Año. Un coñac, por favor. Hoy a las nueve, me caso.

El barman, recién abiertas las puertas del local, se compadece.

-Mucho ánimo veo que le falta. ¿Tan terrible se presenta la situación?.

-Quisiera saltar el ritual y el protocolo social, por mi extrema timidez, pero es un cáliz obligado y necesito que el público me vea sonriente y no compungido. Pedí celebrar el enlace a primera hora, para evitar el máximo de curiosos en la Iglesia.

-Pues una copa de coñac, dentro de dos horas, de nada le servirá. Tómese un par de ellas diez minutos antes.


-Imposible. Hay que comulgar en la misa y es obligado hacerlo en ayunas, al menos por dos horas. Es lo que hago.

-Pues no siendo la boda inmediata, una copa de coñac, ningún efecto causará.

-Sí. De momento dejaré de temblar. Me podré vestir el Chaqué y hacer el nudo del corbatón que detesto, junto a los ridículos guantes. Una vez en el patíbulo, ya todo me sobrevendrá imparable.
La payasada, que para más INRI, la reirán un centenar de curiosos además de la cincuentena de invitados. Y tendré que posar ante los fotógrafos en las clásicas posturas que me avergüenzan por antinaturales.
Asistí ya a un montón de bodas de conocidos, como simple invitado y aún así, sentía vergüenza ajena, ante todos los típicos actos de estos rituales. ……¡Vivan los novios!.......¡Que se besen!......¡Arroz para la fertilidad!......Todos a besar a la novia……¡Unas palabras del novio!...Que abran el baile……Panegíricos del cura, el padrino y el vecino de enfrente……¡Brindis por triplicado!.....Ramo para la amiga próxima a su casorio…..y todas las hipócritas recepciones de beneplácitos por parte incluso de desconocidos.


-Hombre si así lo siente, debía realizar la boda por lo Civil en el Ayuntamiento y con los testigos imprescindibles. Y en traje de calle.


-Esto no es factible. Voy a casarme con la mujer que más quiero y la boda clásica para las mujeres es la ilusión de su vida. Jamás me perdonaría haberla privado de tal satisfacción.

Las 9 a.m.
Insólito. Ante la escalinata de la Iglesia, se agolpaba una muchedumbre. No solo los invitados, las mujeres de toda edad; unas beatas, otras viudas y las más, cotillas conocedoras de la función en ciernes, por los anuncios obligados que durante un mes exhibía la Parroquia en panfletos y en tablón de avisos. Se convirtió nuestro enlace en el acontecimiento de interés Nacional.
.
Las 12 a.m.
Los pillamos con las manos en la masa. Los invitados, de pie formando varios corros , animadamente comentaban sus propósitos realizados en la verbena fin de año.
Los camareros estaban colocando los últimos cubiertos en la mesa presidencial. Las demás formando herradura frente a la presidencial, aún estaban desmanteladas.
Las mujeres de las faenas, finalizaban el barrido del piso dejándolo expedito, para el baile.
Otros camareros, arrinconaban el excedente de mesas para no entorpecer . Encima les colocaban las sillas patas arriba.

Corriendo al vernos el maitre de ceremonias, se disculpaba:

-Perdone Don Carlos, nuestro retraso, se debe a que la fiesta de Revellón, se prolongó contra lo previsto, hasta las seis y el Servicio se retiró a descansar, sin tiempo a redecorar ninguna sala.

Diez minutos después, un tocadiscos emitía los clásicos compases dedicados a los novios y todos lo invitados pasaron a ocupar sus respectivos lugares según el criterio que Tere y yo habíamos acordado.

¿Acertado?. ¡Que va!. Sin seguir el compás de la música sonante, se estaba armando un jaleo mayúsculo. Los de la mesa tres se iban a la dos. Los de la dos a la cuatro, los de la cuatro repartidos entre la dos y la tres, enfín. Mejor no haber asignado plazas a ocupar.

En la Presidencia , a mi derecha, los únicos familiares que a su vez cumplieron como padrinos, mis tíos de Girona, de lejano contacto, más en el tiempo que en distancia kilométrica.

A mi izquierda, Tere, sus padres y unos de sus tíos y su prima.

El refrigerio resultó bien a fin de cuentas. El cocinero, se comportó mejor que los camareros, supongo por cuanto el menú era un noventa por ciento preparado en frío.

Las 3.p.m.
No aparecieron los músicos prometidos para amenizar el baile, por el mismo motivo que el de los camareros con su negligencia.
El Maitre, lo suplió, con una sesión de discjokey, que en aquél tiempo se llamaba simplemente colocador de LPs en el tocadiscos.

Aquello se pasaba de castaño oscuro. Estaba bien que nos ofrecieran un precio rebajado, pero no un servicio deficiente. A mi tío-padrino que ya se había encargado de visitar a la novia en su domicilio donde le entregó el clásico ramo, le dí el dinero convenido para atender la factura del hotel. Sin embargo le pedí que las disculpas del Maitre, procurara convertirlas en un demérito del valor estipulado. Total, que regateara.

Tere y yo, después de un par de bailes, nos fuimos raudos a mudar los trajes de novios por los de calle, en nuestros respectivos domicilios de soltero.

Las 5 p.m.
Llegados a la estación, fuimos testigos de la salida del tren directo a Tarragona. Por los pelos, no llegamos a tiempo. Tomamos billete para el siguiente que era un mercancías.
Total, paraba en todas las estaciones y llegaríamos a Tarragona al atardecer.

Las 7 p.m.
El Revisor del tren, al marcar nuestros billetes, nos advierte.

-Tenían que apearse aquí, pero ahora que ha arrancado el tren, no pueden hacerlo, está prohibido apearse en marcha.

-¿Cómo?.......¿Era Tarragona?.......

Unas risas incontroladas de los viajeros cercanos, alertaron a todo el vagón.
Ja,ja,ja, los novios acaramelados se evadieron del mundo real.

-Pero sr. Revisor. ¿No puede parar un instante?.

-De ningún modo, pero les informo que este mercancías dentro de un par de minutos parará, para dejar paso a un Rápido. Su parada será muy breve de modo que si prefieren apearse allí, en lugar de la estación de Salou, estén a punto y en cuanto se detenga, salten sin demora.

Sin tiempo a reflexionar los pros y los contras, agarré la maleta dije a Tere que llevara ella el maletín y nos dirigimos a la plataforma del vagón, siendo revistados por todos los pasajeros con sonrisas de oreja a oreja.
Tere, se puso el abrigo y me siguió, cuando el Revisor volvió a la carga.

-Pero, Sra. ¿Con tacones altos saltará?. De ningún modo . No dije nada, no puedo responsabilizarme de tal riesgo.

-No tema,- dije yo- saltaré primero y a ella le daré la mano.

Muy nervioso, con la mano a la puerta de salida para abrirla y saltar tan pronto parara el tren, me fijé en la distancia a recorrer de regreso para llegar a la estación donde debimos tomar el taxi para el Hotel Imperial Tarraco. Nos lo recomendaron y además dominaba el Mar, por ubicarse al lado del famoso Balcón del Mediterráneo.
Me estaba arrepintiendo de saltar. Casi era preferible llegar a Salou y olvidarnos de Tarragona, hasta la vuelta de Zaragoza.

Paró el tren y yo aún titubeando. Reaccioné y ya directo salté desde el primer peldaño que al no pararse el vagón ante un andén, se hallaba a una altura cientoveinte cms. del terreno. Para postre, no llano.

Automáticamente, tomé la maleta, le pedí a Tere que me diera el maletín y se descalzara. Los tacones podían aprisionarse en la plancha perforada de los peldaños al saltar.
Cumplió ya que el nerviosismo con la premura de la acción no permitía razonar, pero al intento del salto, se asustó. Descalza no podía exponerse a un terreno abrupto y hacerlo desde una altura que le daba miedo.

-Salta sin miedo a mis brazos mujer. Si casi puedo agarrarte los pies.

Saltó, me desequilibró, y caímos al suelo, de espaldas yo y ella abrazada a mi cuello encima mío.

Una ovación, proveniente de la totalidad de viajeros del vagón asomados a las ventanillas, hizo que fluyera mi sentido del ridículo.
Arrancaba el tren cuando oí los comentarios.

“Esos enamorados, que dan rienda suelta a la pasión en los lugares más inverosímiles”……..


Las 9 p.m.

La Luna llena, en noche serena, invitaba al romanticismo. Estuvimos de acuerdo que no podíamos acostarnos sin disfrutar de unos minutos, contemplando el brillo de las olas desde el rompiente del Puerto.

Vimos como se acercaba una en la lejanía, destacada entre las demás por su altura. A nuestros pies, la espuma de las recién llegadas, se disolvía para dar paso a la siguiente.

Al chocar con el muro protector, se elevaban varios metros convirtiéndose en polvo de minúsculas gotas. La Luna les daba su toque luminoso, verdaderamente fascinante. Y allí sin otro impedimento que el frío reinante, estábamos Tere y yo, embelesados por la belleza del Mar.

-Carlos, tengo frío. Ya me doy por satisfecha con lo visto.

-Aguarda un momento, mira la ola que se acerca. Será apoteósica su llegada. Luego nos vamos.

Fue una suerte divisar tan pronto el rótulo luminoso del Hotel, tan cercano al Puerto. Nos habíamos levantado sin ningún rasguño, tras el salto del tren. Tere guardó los zapatos de tacón alto, para calzarse unos planos. A pesar de ello, andar por la vereda lateral de la vía férrea, era una incomodidad. Nos hallábamos casi a dos kilómetros de la estación, pero el anuncio de aquél hotel a unos trescientos metros, tuvo el efecto de un imán.

Nos registramos para una noche, y tras ocupar la habitación, pedimos una cena ligera, ya que nuestro apetito no era de tal clase. Y aquella Luna iluminaba la campiña solitaria. Apetecía disfrutar de un paseo hasta el rompeolas.

Y tal como decía Tere, a pesar de ir abrigados, se notaba el frío que calaba a los huesos.

La ola llegó. Era altísima, esperábamos un espectáculo sin par.

Lo fue. El rompiente la elevó varios metros por encima de nuestras cabezas y lejos de convertirla en polvillo acuoso, nos cayó encima como verdadera cascada.

Reaccionamos de inmediato alejándonos del borde. Y empapados los dos, regresamos corriendo al hotel.

Subimos sin más a la habitación, nos desvestimos, extendimos la ropa para que secara, sobre los radiadores, y sin más nos metimos a la cama desnudos.

Tere tiritaba, abrazándola la cubrí con mi cuerpo, también frío. Nos tapamos incluso las cabezas bajo las mantas y aguardamos reaccionar.

No tardé en recuperar el calor. Primero el habitual del cuerpo humano, al que siguió el extra por disponer debajo mío a la mujer soñada.

Tere también reaccionó y al fin, dimos suelta de nuestras apetencias contenidas durante dos años.

Sin dejar de abrazarla, para no enfriar el ambiente, entre somnolencias, repetimos varias veces el acto.

Segundo día, 9 a.m.:

Con la ropa ya seca, al salir del baño se quejó de dolor en la garganta. Temía haberse enfriado. Bajamos a desayunar y a ella se le hacía doloroso tragar.

Y la afonía delataba que la cosa iba a mayores. Solicitamos un taxi y nos dirigimos a una farmacia. Le dieron unas pastillas para la afonía y seguimos paseando por las Murallas, hasta apostarnos en el famoso Balcón del Mediterráneo. Las ruinas del que fue Anfiteatro Romano, se hallaban a nuestros pies. Y desde allí divisamos el hotel que nos cobijó por fortuna. El Imperial Tarraco, quedaba postergado para un futuro, ya que caló fuerte el deseo provocado por quienes nos lo recomendaron.

Murallas de Rarragona


http://www.fotonostra.com/albums/catalunya/fotos/balcon.jpg

El Balcón del Mediterráneo es uno de los puntos de mayor interés turístco de la ciudad de Tarragona. Se trata de un barranco de 23 metros de altura que se encuentra al final de la Rambla Nova, bordeado por una barandilla de hierro forjado, realizada por Joan Miquel Guinart, en el inicio del siglo XX.

El Balcón ofrece una bonita panorámica sobre el mar Mediterráneo, tal como se aprecia en esta fotografía. A los pies del balcón se encuentra la playa del Miracle y al fondo de la misma el llamado Fortí de la Reina un antiguo palacio y fortaleza que ha pasado a ser parte de la historia de la ciudad.

Delante se encuentra el monumento a Roger de Llúria, navegante catalán de origen calabrés que se hizo famoso por sus hazañas bajo el reinado de Pedro II el Grande. Al lado del Balcón del Mediterráneo se extiende el Paseo de las Palmeras, al final del cual se encuentra uno de los lugares más importantes de de la Tarraco Romana: el Anfiteatro Romano.

Este es uno de los monumentos que atrae turismo a Tarragona y que ayudó a que se la nombrara como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.


Las 12 p.m.

Entramos en un bar para tomar un aperitivo. Tere, lo dejó a medias. Le dolía tragar. Volvimos a la farmacia. Le iniciaba fiebre. El farmacéutico, aconsejó tomar un febrífugo y mejor acostarse hasta que le bajara la inflamación, que podía durar varios días.

Aquello me alarmó lo indecible. ¿Cómo iba a realizar un viaje por tierras Hispanas, en aquellas condiciones?.

Telefoneé a mi suegra, para que nos acogiera unos días en la habitación que fue de su hija, dado el imprevisto. No podía tampoco llevarla en estas condiciones a nuestro hogar aún por estrenar.

A la mañana siguiente, llegaríamos y requeriríamos al Dr. De Nueva Vida, que así se llamaba la Clínica contratada para nuestra futura atención médica. También la estrenaríamos.

Tercer día, a las 9 a.m.

Ya en Barcelona, juré y perjuré a mi suegra, que no maltraté a su hija de ninguna manera, que fue algo fortuito. La culpa la tuvo la OLA.

Fin del viaje de novios. 50 horas de odisea.

sábado, 26 de febrero de 2011

Parejas perdurables (continuación 15)

En año y medio que llevábamos de noviazgo, asistimos a las bodas de Doc, Luis, Morán, “La Fiera”, Ramón y Ernesto (el Don Juan).

A cual más ostentosa. Contribuí como todos los compañeros en los típicos regalos de utilidad para el futuro hogar de las parejas. Esto, treinta años después, degeneró en “lista de boda” en determinados comercios, para que los regalos no repitieran los mismos objetos y satisficieran a las necesidades de los protagonistas.

Ni que decir tiene que cuarenta años después, la degeneración de tal costumbre, llegó a convertir el típico regalo en un simple ingreso en metálico a la cuenta de los novios. Pragmáticos hasta el fin.

Como nuestro enlace ya tenía fecha prevista, 1- Enero 1958, restaban únicamente tres meses desde de la entrega del anillo de compromiso. Teníamos que esforzarnos en decidir cual piso de los tantos visitados íbamos a alquilar.

El que nos gustó fue uno de reciente construcción, pero con la pega de que al ser muy solicitado, se adjudicaba a los que aportaban cuarenta mil pesetas en depósito, a devolver sin intereses, al rescindir el contrato, fuere el año que fuere.

Esto en aquél tiempo, era mucho dinero y limitaba a los candidatos solicitantes. Aprovechando mi reciente ingreso de Andorra, sin más ambages, firmé el contrato.

Luego en dos meses, debía amueblarlo. Renovación de crédito bancario y elección conjunta con Tere de los imprescindibles muebles para dormitorio y comedor. Esperábamos que los enseres, procedieran de los regalos de boda y el ajuar, por donación de los padres de Tere.

Para mayor ahorro, fui invitado permanente a comer en casa de mis futuros suegros. Dejé de acudir al “Chiu-Chiu”, restaurante económico cercano a mi despacho. Se trataba de comidas caseras de Menú, sin carta. Aunque no eran tan económicas sus comidas como las de los comedores del SEU, (no hubiera resultado decoroso que siendo un ex - estudiante, desplazara a los que aún lo eran), pero algo mejor condimentadas las comidas, sí lo eran.

Por supuesto, la de los suegros sabía aún mejor.

Avisé a Tere, que aquella tarde traían el comedor completo. Pasaría a reunirme con ella al salir de su oficina, e iríamos a contemplar el efecto de su instalación. Programaríamos la decoración pertinente.

La ilusión crecía a ambos. Ya nos imaginábamos casados en nuestro hogar. Al atardecer allí solos los dos, y sin alumbrado aún no contratado, tan intensa fue la sensación, que no puede más que abrazarla apretujándola contra mí, recorriendo con mis manos su anatomía. Al llegar a su delantera, sentí fuerte dolor entrepierna motivado por un gran recalentón. Los calzoncillos ajustados según la moda, impedían una libre hinchación. La presión pugnaba por la resistencia del tejido del slip.

Pedí disculpas y azorado dije .

-Vámonos Tere, es muy tarde y aquí, ya no respondo de mis actos.

Aquello, a pesar de mis propósitos de no repetirlo, con el pensamiento tan cercano de nuestro enlace, sí se repitió. Y debía solucionarlo a no tardar.

Una opción, era abstenerme en la inspección de sus senos. Limitar caricias y minimizar los tiempos de estancia en intimidad.

La que tomé no fue esta. Compré unos calzoncillos de los del tiempo de mis padres, en forma de pantalón corto muy holgado. Ya no dolía mi miembro con los recalentones. Disponiendo de espacio libre, no recibía presión alguna. Aunque iba creciendo el ansia de llegar a mayores.

Un esfuerzo que debía realizar aún durante un par de meses.

No habiendo rechazo contundente por parte de Tere ante mis inspecciones anatómicas, entendía que ella compartía mis sentimientos y aceptaba mi decisión de postergar el acto final ya que correspondíamos a la enseñanza recibida de nuestros progenitores.

miércoles, 23 de febrero de 2011


Parejas perdurables (Continuación 14)

Es curioso como al narrar mis recuerdos de adolescente, hasta el paso de la madurez, me entero de hechos que cuando los viví me pasaban desapercibidos.

Uno de ellos, el encargo que tuve para estudio de remodelación, ampliación y distribución de línea eléctrica en Gósol. Este antiguo poblado, se fue abandonando a partir 1900.

El Pedraforca, monte popular de renombre para los excursionistas, es el referente de Gósol cuyas casas se extienden a sus pies.

Me indicaron que aparcara el coche, en Guardiola de Bergadá (prepirineo). Allí, el único transporte que enlazaba tal ciudad con Gósol, un robusto Jeep con tracción cuatro ruedas, nos recogería a mí, a mis ayudantes y los bártulos para las mediciones. Los vehículos normales no podían acceder por el infernal camino existente.

Tenían razón, ya que pasados los tres primeros kilómetros el camino de herradura estrecho y pedregoso empeoraba, ya que discurría por tramos bordeando barrancos. Y dos vehículos imposible cruzarse.

Dijo el chofer que cada kilómetro a partir de allí disponía el camino de un ensanchamiento, por si ocasionalmente se encontraran con otro vehículo. Entonces uno, u otro, debería retroceder hasta el ensanchamiento más próximo.

Dijo asimismo que tal situación no se daba, ya que en el pueblo, no habían más vehículos que una moto.

Al llegar hallamos un poblado poco menos que fantasmal. Un montón de casas, semidesoladas, en tanto que otras en buena conservación, pero cerradas y evidentemente, carentes de suministros eléctricos.

Nos recibió el Alcalde. Vivía con su mujer e hija, en la Casa consistorial, que también fue el único Restaurante en el cual en 1906, residió Pablo Picasso.

La población censada ascendía a unos doscientos habitantes, sin embargo que pernoctaran solo cuatro. La familia del Alcalde y el Secretario Municipal, soltero.

Nos recibió efusivamente, ya que tenía grandes proyectos para renacer al poblado con un plan para atraer al turismo. Nos ofreció teléfonos de algunos de los habitantes residentes en Barcelona, que estaban deseosos de prestar las llaves de su casa, para que gratuitamente las habitáramos por las vacaciones Navideñas, o en verano.

Los propietarios tenían interés era mantener en mejor estado su hogar materno, ya que ellos no acudían nunca allí.

¿Porqué entonces, seguían en el censo de habitantes de Gósol y no en el de Barcelona?. Cuestión económica.

El Municipio subsistía por la tala de bosques comunales. La venta superaba con creces los gastos locales y los tributos de Hacienda. El resto se repartía entre los habitantes. Ninguno ante esta situación se daba de baja. Era una renta para vivir en cómodas Ciudades, como si de segunda residencia se tratara.

¡Vamos! , al revés del proceder de los Urbanitas que buscan el recreo en lugares rurales.

Restaurante Estancia único en la época.Desde allí, en 1906 Pablo Picasso pintó “El Tinent” y “La dona dels Pans”

.

La sorpresa me la llevé recientemente, al conocer su estado actual.

Lejos de ser un poblado fantasmal, está habitado, con nuevas construcciones, dispone de hoteles, jardines, se celebran fiestas, entre ellas las de la ya centenaria estancia de Picasso. Y museo de las reliquias cátaras, supuestos primeros pobladores. La carretera bastante decente.

Nada que ver con la que recorrí en 1957. Ahora me enteré que el proyecto de electrificación se finalizó en 1968 y en 1985, la ampliación y asfalto de la carretera de acceso.

El Párroco Mosén Ballarín, nombrado por la Diócesis para regentar la Iglesia con su feligresía, contribuyó al progreso del enclave, por sus libros y apariciones por la televisión, demostrando una gran humanidad y socarronería de muchos aspectos antes considerados como tabú.

Me entero pues ahora que sin saberlo, contribuí con mi granito de arena al desenvolvimiento que inició su Alcalde.

Al cumpleaños de Tere en 1957, tras un año de nuestro informal compromiso, quise darle relevancia. Me presenté a su casa con un ramo de flores rosas, cuyos tallos estaban enlazados por un anillo de oro, con una espléndida agua marina, flotante, sin engarce visto.

Indiqué mi propuesta de que al otro año, nos casáramos. El día uno de Enero, lo veía ideal, pues seguro que jamás olvidaría tal fecha. Según entendí a las mujeres les resultaba insultante que sus cónyuges, al cabo de los años, les pasara tal efeméride inadvertida.

Le propuse también que tras nuestro enlace fijáramos la residencia en Andorra. Estaba dispuesto a abrir un Gabinete Técnico allí, por lo cual sería innecesario seguir con la búsqueda de piso apropiado de alquiler módico en Barcelona. Todo lo que salía al mercado, o fallaba en su ubicación, o en su precio. Y empezaba a ponerse de moda ofrecerlos en propiedad, por lo que cada vez escaseaban más los de alquiler.

Ni que decir tiene que su respuesta era previsible. Por una fatalidad, el Principado de Andorra, sentado entre España y Francia, en las vertientes Norte y Sur del Pirineo, carece del Mar.

Era como pedirle que viviera conmigo en un hogar asfixiante.

Analizando pros y contras, al fin y al cabo mi proyectada unión, debía ser para toda la vida con alguien que me quisiera y se encontrara a gusto a mi lado. No procedía iniciar a disgusto de Tere, el camino que nos deparara el Destino.

¿Qué había tenido en cuenta yo para proponer formar nuestro nidito en Andorra?. Puros motivos económicos. La situación era siguiente:

Este minúsculo País, del orden de Mónaco, o Lichtenstein, o San Marino todos Europeos, sin contar El Vaticano, cuya particularidad es obvia, estaba necesitado de toda clase de técnicos ya que se preparaba para integrarse como País turístico, mayormente recepcionario de los Españoles, así como Franceses. Al ser su Idioma oficial el Catalán, Catalunya, resultaba la parte más importante de estos previstos turistas.

Y el censo de habitantes, distribuidos en siete enclaves enlazados por una única carretera, escasmente ascendía a treinta mil habitantes.

Las obras públicas que realizaban sin informes técnicos ni trámites burocráticos alguno, provocaban serios desastres, con alarmante número de accidentes luctuosos.

El Govern Andorrá, (Gobierno), dispuso que eran bienvenidos todos los técnicos fueran de la rama que fueran, reconociéndoles sus títulos, obligados para dar licencias a las a partir de entonces obras públicas y privadas.

No precisaban ser Andorranos, ya que solo se reconociían a los nativos, o a los emigrados con más de veinte años de residencia, o a los conyuges de nativos, con más de cinco años de residencia. Nadie más podía ser Andorrano. Y por ende, no pòdían ser titulares de ninguna propiedad, ni ejercer negocios ni labores que no estuvieran supeditadas a un titular nativo.

Total el comenrciante que se instalaba allí, hasta veinte años después, resultaba tributario de un Andorrano, cosa que con la autorización del Govern, con su disposición, facilitaba enormemente la venida de técnicos de cualquier País, si depender de más que de su propio trabajo a desarrollar.

Era una buena oportunidad, ya que el trabajo no faltaría y como País paraíso fiscal, óptimo para inversores extranjeros. Y Óptimo para comenrciantes libres de todo tipo de impuestos.

Las caravanas de “turistas”, cuya visita diaria realizaban por Andorra, se debía principalmente a que los productos adquiridos allí, oscilaban entre un 50% del valor en España, al 30%.

Las Aduanas, instaladas en las fronteras Española y Francesa, fueron obligadas para limitar lo que iba a resultar un caos.

Con tal premisa, me parecía solucionado el porvenir con Tere a mi lado.

Sin embargo, el desistir a la toma de tal residencia, a la larga resultó acertada. ¿Es que Tere, ya manifestaba sus dotes de pitonisa?.

Pas de la Casa en 1956 con la instalación del telesquí

PAS DE LA CASA-GRAU ROIG en 2006

La estación fue fundada la temporada 1956-57 por el Sr. Francesc Viladomat,(campeón que fue de esquí) con un remonte; el telesquí Coll Blanc situado en Pas de la Casa, que funcionaba gracias al motor de un camión. Desde entonces y hasta hora, la estación ha ido creciendo con una media de un nuevo remonte por año.

Tuve el encargo por parte de la Parroquia d`Encamp, (uno de los siete Municipios) de levantar un plano topográfico del Pas de la Casa, con varias hectáreas de extensión por los aledaños de la recién inaugurada estación de telesquí. Se iba a proyectar el pueblo avanzado en los deportes de invierno.

Ni que decir tiene que al llegar allí y ver el panorama, desolado con las únicas construcciones que se ven en la primera foto, para mis adentros, califiqué de visionarios a los proyectistas. Los demás poblados existentes, a excepción de la capital Andorra la Vella, ya respondían a la calificación de pequeños grupos rurales carentes prácticamente de todo. Y aquí, se les ocurría crear otra población, la más alejada de todas las demás. Y en la vertiente Francesa, la menos transitada.

Yo, a mi labor y allá los responsables con la suya. Percibí una sustanciosa cantidad por mis trabajos en el Pas de la Casa.

Acepté también aquél invierno, intervenir en la construcción de un bloque de Apartamentos en La Massana.

Lo tuve que realizar en pésimas condiciones. Nevado, con rincones que ocultaban la superficie del terreno bajo dos metros de altura, hacía difícil marcar niveles. Por si fuera poco, empezaron las heladas y se temía la imposibilidad de hormigonar cimientos y pies derechos de la estructura proyectada. No fraguaría bien. Sin embargo se palió el problema ya que aparecieron los primeros aditivos anticongelantes para el hormigón.

Los trabajos se sucedían y pasados unos meses estando ya próxima la fecha de mi boda, entablé relación con Ingenieros Franceses. Acudían allí con las máquinas quitanieves de Grenoble, (Francia). Uno de ellos me propuso abrir un Gabinete Técnico, en Escaldes (otro Municipio, lindante con la Capital Andorra la Vella) ya que sería el primero en instalarse en el País, y ya se sabe “quien da primero da dos veces”.

Recordando que a Tere no le sentaría bien que tuviera que atender un despacho definitivo en Andorra, por la lógica absorción de varios días a la semana, rechacé la propuesta.

Apliqué los ahorros obtenidos a los gastos, que tenía inminentes como alquilar un piso en Barcelona, amueblarlo y sufragar los gastos propios del convite para familiares y amigos. Y reservando un mínimo para el viaje de novios.

Lo curioso, resultó a los seis meses de nuestra boda. Repentinamente, perdí la clientela Andorrana. Por tensar la Diplomacia Española-Andorrana, el ya excesivo contrabando de tabaco, se cerró la frontera indefinidamente.

A partir de entonces mi clientela sería exclusivamente Catalana, causando un temor por la disminución de ingresos previsible.


viernes, 18 de febrero de 2011


Parejas perdurables (Continuación 13)

A la puerta del Restorán de la Barceloneta, fuimos agrupándonos hasta dieciocho colegas. Fallaron a la cita, los que se excusaron por motivos ajenos a su voluntad.

Entramos y los camareros con sus exageradas sonrisas, nos ubicaron en la mesa reservada prevista para veintidós, en la planta del nivel superior, pues resultaba más íntima. La animación era extrema.

Cantando estrofas a medio conocer de los ritmos de actualidad, y algunos adrede distorsionando la voz, provocando risas y algarabía.

De habernos ubicado el Maître en una mesa de planta baja, o nos acallaban, o nos echaban.

La velada, transcurrió alegre y con menciones de anécdotas del pasado y previsiones del futuro.

http://www.rte-barceloneta.com/cat/fotos/salon3.jpg

Panorámica actual, semejante a la que se visualizaba desde el restorán en 1955, hoy desaparecido.

Tras las confesiones mutuas, cuatro estábamos comprometidos con novia, pero uno nos dejó alucinados. Doc, que así llamábamos a Palau, desde que era estudiante de medicina, nos invitó a todos para el próximo 2 Enero, a su boda con la que conocíamos como su enfermera preferida.

Se habían inscrito conjuntamente a un cursillo especial de enfermedades tropicales, ya que Brasil, pedía médicos Españoles, voluntarios para zonas rurales.

Por Navidad acababan el cursillo, el día dos de Enero se casaban y el tres partían para Belo Horizonte.

Problemático sería reencontrarnos en el futuro.

Los camareros, subían y bajaban las escaleras con frecuencia desmesurada. Retiraron los servicios, recogieron los manteles, apagaron luces supletorias, bajaban las persianas ruidosamente, vamos que si tales insinuaciones no bastaban, solo faltaba que ante la única mesa ocupada a las tantas de la madrugada, nos cantaran “El Vals de las Velas”.

En Catalunya tal melodía con letra ad-hoc, se empea para los despidos nostálgicos entrelazándose todos con las manos.

Nos dimos por aludidos. Salimos al frescor de la marinada y poco a poco se fue disolviendo nuestro grupo, paseando por las Ramblas.

Al quedar solo con Luis, pasada la efervescencia de las copas de Cava ingeridas, le confié mis temores.

-Hablamos Tere y yo sobre notificar nuestro compromiso, oficialmente a sus padres. En mi caso particular, no tengo padres que presenten petición de mano a los suyos. Tengo que hacerlo sin ambages, yo mismo sin parientes.

-Que más lógico, ¿dónde está el problema?.

-Pero Luis, ellos conocen tan bien como tú mi estado social. Sin ingresos fijos, sin domicilio y ya pretendo formar familia con una chica de dieciocho años en ciernes. Tengo todos los números para que me saquen de la cabeza tal idea.

-¿Qué piensa Tere al respecto?.

-Bien ella lo ve igual que yo y que en todo caso haga una petición de manos condicional. Que nos permitan el noviazgo, hasta que al consolidar mi posición podamos, programar la boda, si seguimos en nuestros trece.

Cuatro días después, me presentaba ante sus padres con un ramo de flores para Tere, ya que era su cumpleaños. Tras las salutaciones rituales, expuse mi solicitud, en los términos preconcebidos.

Su padre me miró con indulgencia y su madre, parecía feliz.

Estuvieron de acuerdo ya que efectivamente Tere era muy joven para contraer matrimonio y no dudaban que yo estaba dispuesto a no cometer ningún desliz, sin albergar una mínima seguridad para nuestro futuro.

Total, vía libre para nuestros encuentros por las tardes al salir ella de la oficina y ocasionalmente asistir a espectáculos.

Tan cordial resultó la petición, que a partir de aquél día era bienvenido como comensal invitado a comer los fines de semana.

Ignoraron siempre mis suegros, lo que su benévola actitud representó para mí. Me insuflaron indecible optimismo para mi desenvolvimiento social. Me sentía ya como persona arraigada a una familia. Sólo debía luchar con su beneplácito para obtener una economía suficiente para mantener a una familia. Era evidente, que Tere al casarse, cesaría en su etapa laboral.

_______________________________________________________

Parejas perdurables (Continuación 13)

Lo hablé con Tere. Llevábamos ocho meses de noviazgo, tocaba ya prever nuestro futuro enlace. Según mis cálculos con otro año y medio más, podría disponer de un piso de alquiler aparte del despacho.

El despacho ya necesitaba nuevo look. Tanto quise ahorrar que construí con mis herramientas las estanterías, y un armario. Colgué unas perchas. Compré un par de taburetes para los dos tableros de dibujo, ya acondicionados ambos con el tecnígrafo.

Las dos puertas batientes de la entrada a la sala, me sirvieron para colocarlas sobre caballetes.

Las forré con papel de embalaje, y sirvieron de perillas como mesas de trabajo.

La habitación única, sirvió de dormitorio mediante un colchón en el suelo.

En una hora a la semana, la mujer de faenas contratada acababa con la limpieza del local. Y hasta el momento sus dimensiones satisfacían.

Dado que los trabajos que me daban los Industriales y los Arquitectos se consolidaban, tenía que adecentar el habitáculo.

Adquirí mesas, sillas, butacas, un armario ambivalente para archivero y ropero. También una cama plegable, que al recogerla figuraba un cuadro en la pared. Así el dormitorio se convirtió en despacho presentable. Restablecí las puertas batientes de la sala que usé como mesas y con algo de decoración, lo que era solo recibidor, adquirió el aspecto de sala de espera.

Y disponía de dos ayudantes captados de la Escuela, a semejanza a lo que yo fui respecto mi Jefe. Por cierto, atendí su recomendación de adquirir un teodolito taquimétrico y realizar los levantamientos topográficos para las urbanizaciones que surgían como setas. Estaba de moda crear urbanizaciones por toda Catalunya.

Un slogan gracioso salido a toda página en un periódico fue el de cierta entidad con:

“Yo urbanizo, tú urbanizas, el urbaniza,

Pero mejor que la nuestra ninguna.”

El trabajo se multiplicó, tuve que organizar un equipo con dos ayudantes más. Uno de ellos, Viturí, tenía una hermana, Carmen, a la que le hacía gracia lo de los trabajos de campo.

Imaginaría que se trataba de divertidas excursiones por múltiples parajes, a cual más bucólico. Insistiendo en que la admitiéramos como ayudante, logró que cediera y un día la llevé conmigo a Badalona.

Se trataba de un trabajo sencillo. El Ayuntamiento encargó un proyecto de rehabilitación del antiguo cementerio abandonado. Como el Municipio crecía vertiginosamente, se remodelaría para contener un millón de tumbas.

El Arquitecto me entregó el plano al que debía situar las pocas construcciones medio derruidas que allí quedaban. Con la cinta métrica de 50 m, el cuaderno para notas y la ayudante para sostener la cinta, me bastaba.

La mayor construcción que restaba en pié, era el bloque de cinco alturas de nichos, con una longitud cercana a los 50 m. Le entregué la anilla a Carmen, para ejecutar la medición. Con la anilla en sus manos, iba dirigiéndose hacia el final de la construcción, a paso titubeante con lentitud. Miraba el suelo que pisaba y luego a mí, detenida como preguntando si ya era suficiente.

-Pero, Carmen, hay que llegar al final. Esto se derribará todo. No importan, las medidas parciales.

-Bu…eno, es que……

Siguió, caminado y casi llegaba al final, cuando soltando la anilla, se puso histérica, quedó paralizada y empezó a llorar.

-¿Que te ocurre?.

Sin moverse, y con sollozos entrecortados:

-Hay, ca..da..ve..res.

Al llegar frente a ella, entendí. Había pisado lo que era un túmulo destinado a fosa común. La débil capa de tierra de cubrición, había cedido a su pisada y tenía un pie entre un montón de huesos, sin atreverse a sacarlo.

Tiré de ella, apartándola de allí. Se me abrazó y poco a poco fue recuperándose. Con tal experiencia, finalizó su afán de ayudante para giras campestres.

Otro ayudante gratuito, resultó un taxista. Como para los levantamientos hacían falta como ayudantes un par de portamiras, un croquizador de los puntos de nivelación y un libretista para anotar las lecturas del visualizador del taquímetro, no había más remedio que desplazarnos un mínimo de cuatro personas. Un taxista se avino a realizar la labor de portamiras gratis, además por terrenos cuanto más abruptos mejor.

Encantados mis ayudantes, ya que los desplazamientos para colocar vertical la mira parlante por montes a pleno sol en verano, no seducía a nadie.

Su complexión era más bien fuerte, o, sin eufemismos algo gordo. Tenía recomendación por su médico que hiciera ejercicio. No siendo su oficio apropiado para el cumplimiento recomendado, nos dijo que le asignáramos recorrer los puntos más inaccesibles, para los cuales debiera realizar verdaderos esfuerzos. Sudar a mares le convenía.

A pesar de esta ayuda gratuita, los desplazamientos alquilando taxi, resultaban onerosos y ni decir cuando se trataba de trabajos en los que debíamos pernoctar en el lugar. Se trataba de gastos de hospedaje más alquiler de taxi por dos o más días.

Tere convino conmigo que era el momento de adquirir un vehículo automóvil adecuado para transporte de ayudantes y equipo. El ahorro, ayudaría a acrecentar la cuenta de ahorros conjunta, destinada a nuestro futuro hogar.

Sin pensarlo más, cancelé el crédito de la Caixa y pedí otro sustancioso que me permitiera Esto requirió a la vez contratar una plaza de parking. Total me estaba imponiendo una serie de gastos, que de no rendir el trabajo de mi equipo, daría al traste mi proyectada boda.

Aquello funcionaba. Los ahorros crecían y seis meses después, ya disponía de tres cuentas bancarias: la conjunta con Tere, la de crédito bancario, a medio cancelar y la nueva corriente en un Banco Nacional de renombre. Destinaría el movimiento comercial, exclusivamente a esta última cuenta, prevista para acreditar méritos, en futuras solicitudes crediticias.

Esto último, a Tere no le parecía prudente. Teníamos conocimiento de un montón de fracasos comerciales aventados por la prensa, en la cual, los Bancos eran siempre los protagonistas acreedores que daban la puntilla a las empresas en problemas financieros.

Con todo, yo no veía salida mejor para lograr nuestro objetivo. Y las últimas bodas de colegas a las que asistimos, eran un acicate más para reafirmarme en ello.

Nuestras salidas con los compañeros y sus esposas, se iban dilatando, pues en Barcelona, ya solo quedaban tres parejas.

Wifredo, el mayor de nuestro grupo partió para Liberia, con el encargo de dirigir una fábrica textil Africana. La mano de obra era de raza negra. Los capataces y técnicos, formaban la élite de colonos blancos. Esto fue lo que le atrajo. De estudiantes él y yo, escuchábamos embelesados aventuras por las Selvas del Continente Africano, aún salvaje. Le envidié su suerte, ya que tal oportunidad aún de habérseme presentado, no la hubiera podido aprovechar.

Joaquín, se nos despidió por integrarse en Düsseldorf en una fábrica Alemana. Otro colega, se casó y se integró en una empresa Portuguesa, en Porto. Otro se fue a Tolouse, en Francia.

A todos ellos ya les perdimos la pista, pero los que se quedaron en Catalunya, aunque dispersos por el territorio, convenimos que para no perder contacto, nos cartearíamos y a los veinticinco años, nos reuniríamos en un hotel de la Costa Brava, para recordar nuestra celebración en La Barceloneta.

Esto se cumplió, a los veinticinco años, reunidos todos con nuestras respectivas cónyuges. No solo esto, también a los cincuenta años lo repetimos, todas las parejas, vivas e indisolubles. A pesar de caminos dispares por la vida, nuestra suerte en este sentido fue semejante.


Recuerda Tere:

De alguna manera ya habíamos empezado nuestra singladura por la vida.
A él, el trabajo le tenía muy ocupado, pero no pasábamos ni un día sin vernos, si no podía venir a recogerme a la salida de la oficina, venía a mi casa aunque fuera un poco tarde, porque yo aún iba a las clases de dibujo.
En alguna ocasión, incluso se quedaba a cenar con nosotros. Unas cenas completamente informales.

A mí me hubiera gustado mucho poder hacer mis pinitos en la radio, y desempeñar algún papel aunque hubiera sido sin importancia alguna, pero…no pudo ser. En aquel tiempo se daba muchísima importancia al acento y a la dicción de las voces. Yo en casa y como casi todas mis amigas hablábamos en catalán, cosa no demasiado bien vista en aquel tiempo, por lo que la mayoría de la gente en cuanto salía de su domicilio tras cerrar la puerta, se tenía que olvidar aquel idioma, para hablar sólo en castellano. Y en la radio que todo se limitaba al sonido de las voces, la mía no encajaba. Me dijeron que se me notaba mucho mi acento catalán. La opción que me daban era la de estar seis meses sin hablarlo. Evidentemente no estuve de acuerdo.

Creo que la primera vez que Carlos me vio llorar fue cuando murió en un accidente, el popular actor y rapsoda, ese que yo había ido años atrás en busca de su autógrafo. Si, no me avergüenza confesar que lloré. Le admiraba, y en aquellos años transcurridos, yo había ido bastantes veces por la radio, y aunque no podía decir que éramos amigos, sí que me reconocía, y nos saludábamos educadamente.
Y recuerdo que comenté a Carlos que estaba preocupada porque, un día antes que sufriera el accidente, yo soñé que iba a la radio y hablaba con el actor, y me estrechaba la mano mientras se despedía de mí. Me desperté al notar en el sueño la frialdad de su mano, mientras me decía que se iba para interpretar el último capítulo de la serie, en el cual el protagonista moría.

Algunas veces habíamos hablado, que soñaba cosas que luego se cumplían. Y Carlos inevitablemente me decía, que todo eso, eran imaginaciones mías. Que era absurdo que teniendo una cultura más o menos aceptable creyera en todo esto.
Yo pensaba que cada uno es como es. Por mucho que siguiera diciendo que todo esto eran tonterías…yo insistía que aceptaba que él, no las creyera, pero que no iba a conseguir que yo dejara de creer en ellas.

Esto, hubiera podido ser una fuente de discusiones. Pero no lo fue. Acabamos dando por bueno, que teníamos diferentes puntos de vista.
Luego con el paso del tiempo, (muchos años después) Me dio la razón. Aceptó que tenía sueños premonitorios, y en plan de guasa me decía que seguro que dormía con unas antenas enormes que lo captaban todo. Tuvo que rendirse a lo evidente, pues en muchas ocasiones, al ser unos sueños tan reales, se los comentaba, y además los podía describir con toda clase de detalles.
Una cosa me llamaba la atención, quería saber si mis amistades soñaban en colores. Creo recordar que todos se quedaban el blanco ante mi pregunta. Nunca se habían fijado en este detalle, que a mí particularmente me llamaba mucho la atención.
En mis sueños los colores tenían mucha importancia, ya que ellos me avisaban también de si iban a surgir o no dificultades.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Parejas perdurables (continuación 12)

http://www.youtube.com/watch?v=fd_no...eature=related

Esta melodía, La Mer, popularizada por Charles Trenet, sonaba en los jardines de La Masía. A Tere todo lo relacionado con el Mar, la seduce. Aproveché la coyuntura, y teniéndola en mis brazos bailando, acerqué mi mejilla a la suya y le susurré que algo importante debía confesarle.

Mi timidez, impedía decirle nada mirándola a los ojos. Tomé aliento y la llevé a un flanco con arbolado que aislaba nuestra presencia del resto de danzantes. De carrerilla le dije que ya desde antes de mi partida a Alcalá, estaba enamorado de ella, que no dudaba ya, que sentía verdadero amor y me haría feliz, si me correspondía.

Aguardé no sé si un segundo, un minuto, o más. La espera me parecía eterna. Con el corazón acelerado, escuché el Sí deseado, confesándome que ella sentía lo mismo por mí.

La abracé con fuerza, la besé al cuello, a la mejilla y a los labios expresándole la explosión de alegría que me proporcionaba.

Tan efusivo resulté que llamamos la atención de nuestros amigos acompañantes.

-Bravo Carlos, veo que te decidiste, pero no te la comas aún. Ha de durarte muchos años. Os deseamos que seais muy felices.

No me pareció oportuno hacer ningún comentario respecto a como evolucionaba el paso de su contacto epistolar, a físico.

En unos instantes, rememoré los días transcurridos desde la llegada a Barcelona, hasta hoy en que los colegas, lo celebraríamos con una mariscada en La Barceloneta.

Vaya semanita. Devolver el uniforme, acudir a varios anuncios para alquilar un despacho, comunicados inacabables para reanudar contactos, giras por almacenes de menaje, adquisición herramientas……..para fabricar mis propios muebles. Se trataba de estirar al máximo mis ahorros.

Por descontado ingresé todo mi efectivo, a la libreta de ahorros de “La Caixa”abierta por mis padres desde mi infancia.

Pedí entrevista con el Director y le expuse mi situación.
Como si hiciera un favor extralimitado incluso de sus facultades, (le merecía confianza por mi seriedad, supongo que la misma que le causarían todos los clientes peticionarios de cantidades exiguas), me concedería un crédito personal equivalente a diez veces lo que era mi saldo positivo.

Para que la banca no se arruine, el trato es leonino. El prestamista, se cobra los intereses del primer año anticipados. O sea que no dispones del nominal del que eres deudor sino de éste menos los intereses. ¡Ah!. Y también deducidos los gastos de estudio de tal concesión. En mi caso fueron un diálogo de veinte minutos. Mejor, ya que por deferencia especial, eludía el Registro y Acta Notarial, consulta con la sección Jurídica y más lindezas burocráticas.
Y mejor el ingreso del crédito concedido a primeros de mes, pues el día uno del siguiente ya mermaba la cantidad recibida, por la primera cuota.

Este sería mi inicio en las lides bancarias. Sobre mí la espada de Damocles, durante dos años, a devolver el Capital más intereses en cuotas mensuales.

Mi antiguo Jefe me animó mucho, no con palabras, sino cumpliendo las prometidas antes de mi partida. Me dirigió a varios Ingenieros y Arquitectos amigos suyos, que esporádicamente me darían trabajos.

Lo mismo ocurrió con Morán, podía iniciar mi debut en su taller, ocupándome las mañanas con el proyecto de adaptación de un automatismo neumático para las imprentas. Tenía asegurados varios meses, antes no se concluyera el proyecto.

Animado, pedí a Tere que avisara a sus amigas para vernos con mis colegas Ex - militares.
Le adelanté que tenía especial interés en invitarla a ella y a su amiga íntima con el compañero del que fue madrina, a La Masía. Para el día 15 de setiembre, estaba anunciada la actuación de una orquesta de renombre. No podíamos perder la ocasión.

Hoy, la llamé a su puerta, trajeado con mis mejores galas de paisano. Salió ella ya acompañada de su amiga, ambas esplendorosas, con un toque discreto de maquillaje conscientes de que celebrábamos una fiesta muy particular. El encuentro de dos parejas que mantuvieron relación epistolar durante seis meses."

Y aquí me hallaba bajando de una nube, ya que todo al fin me sonreía.


Recuerda Tere:

Esta iba a ser junto con mi amiga, nuestra primera salida con un chico en un plan muy formal. Ya éramos unas señoritas, nada de niñas.
Ni que decir tiene, que pusimos las dos un empeño más que notorio en parecer mayores de lo que éramos (con el paso de los años, este factor lo invertiríamos).

Estábamos emocionadas, sobre todo yo. Iríamos a una sala de fiestas muy en boga, lejos de la capital, rodeada de jardines, con sus luces suaves pareciendo que todo lo que nos rodeaba recordaba uno de esos cuentos de hadas. Mi primer baile con Carlos. Bueno más que baile a mí me parecía un abrazo perfecto. Creo que esta era la única manera de permanecer tan juntitos, sin que nadie pudiera llamarnos la atención.
Y aquel primer beso…

Si tengo que decir la verdad, debo confesar que tanta fogosidad me pilló completamente desprevenida. Es cierto que esperaba unas palabras, pidiéndome para ser más que amigos.
¡¡¡Pero aquel beso!!! Fue como abrir una puerta que estuviera cerrada, y al abrirse entrara un vendaval.

Como mandan los cánones, al cabo de un rato, mi amiga y yo fuimos a los aseos, juntas, cosa que todavía se hace. Las mujeres acuden a los servicios de dos en dos. Para poder charlar y comentar lo que haga falta.

Mi amiga me miró divertida mientras comentaba, “bueno parece que Carlos por fin se ha decidido” Supongo que me sonrojé, y bajando mucho la voz para que nadie más lo oyera le dije “¿Sabías que en un beso, se mete la lengua?”
Ella abrió mucho los ojos. Como si tomara nota para cuando le tocara a ella el turno de semejante descubrimiento.
Con el paso de los años, nos reímos mucho de estas experiencias. Ella no llegó a nada serio con su acompañante. Aunque también fuera su primera salida en plan mujercitas, no fue el compañero de aquel día el padre de sus hijos.
Mi caso fue completamente diferente.

A partir de ese día Carlos y yo, podría decirse que formamos un tándem bastante sólido, por lo menos era eso lo que deseábamos. Aunque imagino que los dos en algún aspecto podríamos tener nuestras dudas. Nos conocíamos desde años, pero, creo que éramos conscientes que en más de una ocasión podría surgir alguna discrepancia. ¿Sabríamos resolverlas?
Porque quedaba muy claro que en aquellos instantes, todo parecía sonreírnos. Ya podíamos decir abiertamente, que éramos más que amigos.

Y flotábamos los dos en la misma nube.