domingo, 12 de febrero de 2012


Parejas Perdurables II parte.

Sigue 7

La recomendación que nos dieron unos conocidos para que visitáramos algún día el Santuario de Torreciudad, pudimos seguirla después de desayunar.
Tardaríamos a lo sumo un par de horas. 
Por el camino fuimos recordando “Camino”, obra del fundador del Opus Dei, Monseñor Escrivá. No se nos ocurrió que treinta años después se le elevaría a la categoría de San José María Escrivá.


Así fue, cuando poco después de fallecido, merced a la solicitud de sus prosélitos, presentada al Papa de Roma, le fue concedida tal distinción.

Realizados los preliminares usuales de investigación, se le halló merecedor de tal título. Se habrían demostrado unos milagros atribuidos a su intervención.
Algo que resultó más humano y modesto, que la autoentronización del protagonista de El Palmar de Troya.

El fundador de la nueva iglesia de triste recuerdo, por el fraude económico que arrostró, Clemente se hizo llamar. Según él mismo, Dios directamente le nombró Papa.
Pero los que le entronizaron fueron sus propios discípulos sospechosamente interesados.

A media mañana ya entramos en el recinto de aquella obra solemne.

Nos impresionó, ver una construcción íntegramente erigida con tocho visto, sin revocar y de grandes proporciones.






Itinerario del Via Crucis.


El atrio para entrar al santuario, era una muestra de lo que hallaríamos en el interior.
No podía negarse que los fieles para edificar aquel templo allí, tuvieron que mostrarse generosos.
Esta Obra del Señor, claramente era algo más que para devotos religiosos. Amalgamando a políticos, se acreditó por los muchos años de intervención en las huestes del gobierno Franquista.

Al salir, seguimos las estaciones del vía crucis circundando el recinto del edificio principal. La vista maravillosa, dominando un acantilado sobre un ensanchamiento del río Cinca, hizo que nos congratuláramos por el acierto de la recomendación recibida.
No lo recuerdo bien, pero aparte de admirar el arte y el paisaje, pocas oraciones prodigaríamos allí Tere y yo.

El sol ya alto, dejaba caer sus rayos sin misericordia. Se preparaba una tarde tórrida. Emprendimos una rápida carrera dirección sur. Nos  detuvimos en Zuera cerca de Zaragoza.
No soportábamos el calor, lo que me hacía pensar que no queriendo aprovechar el frescor nocturno lo mejor era pernoctar allí.

Las calles de la ciudad eran igualmente un horno. Lo mismo el hotel sin aire acondicionado. La única escapatoria para suavizar la sensación de ahogo fue pasear hasta el cercano parque en la ribera del río Gállego.

Media hora de permanencia bajo la hojarasca del arbolado en la inmediación del río, bastó para ceder al agobio acumulado durante el viaje.

-Tere, este verano el calor arrecia. Tenía pensado recorrer la Extremadura, pero viendo que cuanto más avanzamos hacia el sur más irrespirable se hace el aire, propongo que pongamos marcha atrás y nos detengamos en el balneario de Vallfogona.

-Pues claro. Feliz me harás con lo que tanto siempre anhelé. El descanso apacible de los balnearios y sus baños en aguas termales.

Me alegré de haber acertado con mi propuesta ya que favorecía la economía del ocio.
Más de una vez pensé en lo costoso de los viajes con el coche. El caburante, el aparcamiento, los hospedajes en hoteles de tres estrellas y los extras ocasionales, ascendían a importes superiores a los que sin salir de Barcelona, podíamos haber afrontado incluso en hoteles de cinco estrellas.

Claro que nosotros no formábamos parte del Turismo en nuestro hogar, pero real es que morando allí durante medio siglo, no conocíamos ni la mitad de los lugares que aquellos visitan.

Una ilusión que tenía Tere también, era la de subir a los Buses Turísticos de Barcelona. A mí no me parecía de interés cuando con tantos años por mi propio trabajo, llevaba recorridos todos los itinerarios posibles, hasta los más recónditos lugares. Otra cosa es, apearse y hacer la verdadera excursión en los lugares típicos.
Pues no. A ella le entusismaba y tanto es así, que muchos años después, ya jubilada como yo, con su hermana realizó tal deseo. Subida como es natural al piso descubierto, que ofrece una perspectiva inusual de los barrios de la Ciudad.

Pero ya tomada la decisión, a la mañana siguiente con el frescor de la  madrugada, nos dirigimos al Balneario a mitad de camino de Barcelona.

Otro acierto.


domingo, 5 de febrero de 2012


Parejas Perdurables II parte.

Sigue 6

Salimos ya del camino sin rasguños perceptibles. Y eso por la óptima calidad de la pintura que los alemanes imprimían a sus coches Mercedes. Con las que se utilizaban en los de fabricación española, cualquier roce con el ramaje de aquél bosque, hubiera dejado su huella.

Esta vez, atravesamos Vielha, tomando la carretera que nos llevaría al Lago San Mauricio en el Parque de Aigües Tortes.

En un punto indeterminado la carretera bordeaba la montaña con una gran cuneta.
En ella en cascada caían las aguas de la fusión de nieve. Como el Mercedes no disponía de aire acondicionado, el aire caliente entrando por las ventanillas hacía más irresistible el calor veraniego. Y la carrocería ardía.
Tanto Tere como yo sudábamos la gota gorda. La visión de aquella cascada de agua, nos representó la imagen de una ducha original.

Paramos justo a su inicio, colocando el capó bajo las aguas, salpicó de tal modo, que perdimos la visión del parabrisas y a toda prisa cerramos ventanillas.
Salí del coche, me quité la camiseta y gocé asimismo del refresco improvisado.

-Sal Tere, esto es una ducha gratuita y oportuna.

-¿Cómo salgo?. La puerta no tiene espacio. Si abro, rozaré la pared y penetrará el agua al coche.

Tuvo que salir por la puerta del conductor, pero además a ella no le apetecía despojarse de la ropa para ducharse.
El agua de la cuneta, atravesaba la carretera y se unía a un torrente con bastante caudal. Poner los pies allí sí que le sedujo, aunque resbaló y ya era innecesario tomar precauciones para no mojar la falda. El baño le salió completo incluso empapando su ropa interior.

-Si avanza un poco, podré poner también mi vehículo a refrescar.

Se trataba de un turista que compartía nuestra idea. Avancé unos metros, soportando el Mercedes la caída de aquellas aguas por su parte trasera, en tanto que el recién llegado se colocaba en mi puesto anterior. 
También salieron sus ocupantes, y se montó allí una tertulia de gozosos veraneantes. Carcajada va, carcajada viene, demoramos allí la estancia, no sin temer que podíamos entorpecer el paso a la posible circulación de otros vehículos.

Sin aguardar mudar la ropa, subimos al coche, reemprendimos la marcha y tras cruzarnos con un par de poblados de montaña, no pude resistirme a una invitación.
A nuestra derecha, un rótulo rústico, con una flecha indicativa, anunciaba
 “ Dolmen a 3 Km”.

-¿Qué haces Carlos?. Que esto es otro camino que acabará mal.

-Esta vez no Tere. Si lo anuncian será por cuanto el vial será apto, aunque como camino.

Pedregoso lo era. Con muchas curvas también y con tramos de pendiente fuerte más aún. Pero al menos su ancho de cuatro metros no disminuía.

-Y ¿si se les ocurre a más viajeros subir por aquí, o los que klo hayan hecho quieran bajar?.

-Siempre pones pegas. Así no iríamos a ninguna parte. Tanto un caso como otro, tenemos tiempo de hacer una maniobra de medio aparcamiento. Nadie recorre estos caminos a mayor velocidad. Es lógico, estar prevenido.

Sin novedad llegamos al promontorio donde se podía aparcar y desde allí contemplamos el Dolmen.















La verdad, quedamos decepcionados. Teníamos la idea de los monumentos megalíticos mediante una concepción infantil. Los imaginábamos colosales. Al menos que tuvieran una altura bastante superior a la de una persona y que la losa que cubriera los pilares pudiera albergar a unos cuantos hechiceros practicando sus cánticos.

Pensándolo ya viendo la realidad, aquello que debieron erigir los pobladores de la edad de Piedra, resultaba ya una proeza colosal.

Se calcula que unos tres mil años a.c. los pobladores de estos parajes podían disponer de pocos más útiles que los conocidos de la edad de piedra. Y aunque fuera elevar aquellas moles de cientos de toneladas sobre unos pies derechos asimismo de gran tonelaje a más de un metro de altura, su realización, debía haberse ejecutado con inteligencia y cooperación del grupo humano.
La prueba del mérito queda demostrada en que este tipo de monumentos proliferan descubiertos y datados a miles de años de ser erigidos, sin detrimento alguno.

En cierta ocasión un descerebrado, para llamar la atención derribó uno de ellos, mediante una grúa. Costó mucho tiempo después, mediante la maquinaria moderna, colocar de nuevo la losa en su lugar.
Nuestros edificios actuales y monumentos, no serán capaces de resistir tantos milenios.
Visto el Dolmen, regresamos sin tropiezo alguno, a pesar de temer hallar más visitantes por el camino. 
Para finalizar la aventura atravesamos  el Parque Nacional de Aigües Tortes contemplando el Lago de Sant Maurici.





El recorrido, nos plació a los dos y nos abrió el apetito. Tal como prometí a Tere comimos y nos quedamos en un hotel donde pernoctamos.
Lo bueno quedaba para la mañana siguiente. Nos dirigiríamos a Torreciudad.

jueves, 2 de febrero de 2012


Parejas Perdurables II parte.

Sigue 5

Los preparativos que el showman voluntario realizó, me hizo temer una repetición del espectáculo dado años antes en “Càn Regalesia”.

Lo comenté con Roano. La sala del restaurante, se estaba montando con una tarima en la que el equipo musical con dos altavoces de un metro de altura y el despliegue de otros cuatro distribuidos por el techo de dimensiones más en consonancia, así como la instalación de una bola luminosa giratoria, igual como las que ya eran de uso corriente por las discotecas.

Además, teclados e instrumentos de percusión. Todo adornado con guirnaldas.

-¿Quién pagará este motaje su transporte y el alquiler del equipo?

-Don Carlos, va por cuenta nuestra en agradecimiento a su meritorio logro.

Aquella noche, se presentaron los vecinos de Tarter acompañados de  amistades ajenas a la urbanización. Más tarde me enteré que lo programó Roano con vistas de publicidad.

 El showman, dio gala de su arte, que por lo visto no era tan novato. Presentó la fiesta, dio un panegírico para los promotores, dando al fin paso a una serie de bailes programados entre los que no faltaba el cambio de parejas, el de exhibición de distintos ritmos, e incluso pasarela de las damas luciendo sus mejores prendas para la noche, ya prevista.

La música salida de los bafles del techo era más que suficiente para saber lo que se cocía, pero por lo visto a la juventud acostumbrada a este tipo de fiestas, apenas le afectaba. 
La que sí les molaba, era el estruendo de los dos altavoces estéreo, a un volumen por mí inusitado.

De madrugada, los participantes fueron saliendo alegres por lo bebido y contentos por haber disfrutado de un festival ameno, vistoso y gratuito.
Tres noches más se repitió la fiesta. Más, no podía ser. El showman se debía a sus quehaceres y el equipo musical alquilado había que devolverlo, o contratar para mayor tiempo.
Tere respiraba tranquila.

-Menos mal que se acabó el jaleo nocturno. Esto aunque en grado más aceptable, se parecía a lo vivido en C`an Regalesia.

-Pero ya ves que es lo que les va a la juventud y seguro que Roano captará más clientes por la publicidad que los asistentes darán a los conocidos en sus lugares de trabajo.

Para variar algo las vacaciones de nuestra troupe, aquél verano, el mayor se incorporó a filas en el Campamento de San Climent Sescebes.



El segundo a un campamento de Boy-Scouts y para no ser menos, enviamos un mes entero al tercero y cuarto a unos albergues del colegio que mantenían en Tirvia, en el Pirineo catalán.



El quinto, no pudo unirse el día de la partida de los colegiales a Tirvia, por hallarse indispuesto. Le trajimos con el mercedes  tres días después nosotros mismos.

Le acompañamos ya que establecimos un convenio con mi suegra. De mil amores, se ofreció a quedarse al cuidado de los dos menores en su casa. Por dos motivos. Siendo solo dos niños, se sentía más acompañada que gravada de trabajo por su atención. 
Y lo principal, que le dolió que yo hubiera realizado el viaje a Italia con ella en lugar de con Tere. En esta ocasión, algo compensaba.

El Xavi, contento por reunirse con sus hermanos que al llegar al albergue estaban bañándose en el río. Pensé que esto a Tere la asustaría, pero ya sabía que les acompañaban los monitores, además de hacerlo en lugar sin peligro.
Lo que Tere no sabía era que los niños en Tarter se bañaban en el torrente en una “gorga”, ensanchamiento natural que formaban las aguas semiembalsadas. Lo hacían desnudos, para poder regresar a la torre con la ropa enjuta.

Nos despedimos cuando por horario les tocaba el refrigerio usual.
Tere y yo, pues, ¡Al fin solos!.

Paramos a comer camino a la Val d`Aran, en Esterri d`Aneu. Pedimos lo típico del lugar para no calentarnos la cabeza, dispuestos a catar lo que se presentara. Nos gustaron los platos típicos que consitían en muy poca condimentación de los productos frescos del lugar.
Por la tarde llegamos  a Vielha, la capital Aranesa.


Pertenece a la provincia catalana de Lleida, pero hablan el Aranés que es un catalán muy raro. Incluso se piensa si de antiguo, tenían influencia vascuence. Siempre cabe la solución de hablar allí en castellano, pero en algunos comercios te atienden en catalán. 
Y en los que no les da la gana, hay que esforzarse mucho para entender lo que dicen en su propia lengua. Para mí, era otro motivo de degustar experiencias nuevas.
Pernoctamos después de recorrer la población y a la mañana siguiente le propuse a Tere.

-¿Qué te parece si nos aventuramos por esta carretera de salida del Valle, sin rumbo?.

- Ya sabes que a mí no me entusiasma lo desconocido. Y estos parajes pirenaicos, rodeados de altas montañas, me imponen.

-Mujer, si esto es lo bueno. Estamos en plena naturaleza, más salvaje que la de Tarter. Veremos lagos y bosques.

-Vamos, esta es tu ilusión, pero quiero dormir esta noche en algún hotel. No se te ocurra repetir la velada en el coche como en el pantano de Alarcón.

Preparado como iba con el tanque de combustible lleno, herramientas, material de repuesto, mesa y sillas de campaña, ponchos impermeables, ropa de abrigo y comestibles, de todo.
Por mí hubiera pasado un par de días con sus noches en plena natura.
Sin embargo le prometí que por la tarde nos hospedaríamos en el primer lugar decente que se nos pusiera al alcance. Yo disfrutaba recorrer carreteras ignotas, sin ningún destino planificado y preparado para responder a lo que se me ofreciera.

La carretera, de salida dirección norte, sin lugar a dudas se comunicaría con Francia pero en esta ocasión, solo iba a llegar hasta el límite español. No llegué a él, pero me parece que hubiese sido difícil saber sin apearse del coche, qué punto de la carretera era la frontera. Carreteras así, sin asfaltar y poco transitadas, no disponen de rótulo alguno.
En una bifurcación, titubeé.

-Carlos, creo que esta no es la carretera principal.

-¿En que distingues a ésta con la que dejamos?.

-De momento se nos está estrechando.

Pues sí. Ya se convertía en camino atravesando una gran masa forestal.

-Bien creo que tienes razón, veré algún lugar de ensanchamiento para regresar.

Después de varios kilómetros el lugar adecuado, no aparecía y se oían hachazos en lontananza. 
Por aquél tiempo, no se había realizado aún el filme “El resplandor”, que de haberlo visto como años después, a Tere se le hubiera encrespado el pelo oyendo los chasquidos cada vez más cercanos.

Aquello ya no era siquiera camino, se convertía en senda. Paré y oí perfectamente a los obreros talando arbolado. Aquello era camino único para las talas periódicas. Seguir era un peligro mayor del que ya tenía para retroceder. 
A diestra y siniestra los árboles impedían dar la vuelta. Tuve que echar mano de un azadón de mis herramientas, para limpiar algo el tramo más clareado que hallé. Luego con mucha paciencia maniobrando salí del atolladero antes de que los obreros viendo mi apuro se presentaran no sé si para ayudarme, o llamarme la atención por la imprudencia.






lunes, 23 de enero de 2012


Parejas Perdurables, II parte


Sigue 3

Para olvidar el mal sabor que le quedó a Tere, y mi extrema tensión vivida por la excursión a Río León Safari, propuse realizar la que en su día concerté con el visitante bodeguero de Montferri.
Le estaba agradecido por haberme descifrado el mal resultado de mi cafetera.
Y no le pareció mal a Tere salir una tarde de Tarter para conocer una Bodega comercial.
El trayecto más corto que el de Albiñana, sólo tenía el inconveniente del trazado vial. Cincuenta y siete curvas, muchas de ellas cerradas, invitaban a marearse quienes tuvieran tal predisposición.
Uno de mis hijos, así lo manifestó.

-Xavi, lo que tienes que hacer es permanecer quieto. El coche no es una sala deportiva. Sigue el ejemplo de tus hermanos. Ya podrás correr y saltar cuando lleguemos, que será dentro de quince minutos.

Inimaginable me parecía, que esta recomendación, me la tendría que aplicar a mí mismo, treinta y cinco años después.
Una vez jubilado, me desprendí del coche, cuyo uso me resultaba superfluo. Tres años de apenas viajar alguna que otra vez con los de mis hijos, permutó mi percepción del transporte como pasajero de tal forma, que no aguantaba una hora seguida sin acusar fuerte mareo.

-Papá, eso te ocurre por cuanto no paras de hablar moviendo la cabeza.

Mi hijo tenía razón. Debí aplicarme el cuento, o es que ya no recordaba mis sentencias para con ellos de niños. Sin embargo, ya no es suficiente a mi edad permanecer quieto y mudo. Solo ayuda.

La cuestión en esta primera visita a la Bodega de Montferri fue que tuvimos que indagar el domicilio del bodeguero. Al ser un pueblo pequeño, el primer viandante que nos cruzamos ya nos lo indicó. Todo el mundo era conocido.

Muy contento nuestro anfitrión, nos acompañó a la nave cercana en la que ubicaba siete toneles de roble conteniendo dos mil litros cada uno del vino.

Se trataba de la cosecha anual de los viñedos comarcales con variantes de blanco y tinto, mientras que otros cinco de solo ochocientos litros, contenían diversidad de rancios, aromáticos y mezclas de procedencia de otras regiones.
Nos dio a probar un par de variedades que consideraba de mejor buqué. Aconsejó que escupiéramos sin tragar el vino, para no resultarnos su efecto excesivo.
Luego abrió la tapa del “Cup”, piscina subterránea de cincuenta mil litros donde almacenaba su gloria enológica de tinto con dieciséis grados de alcohol. Le introdujo una vara con una jarra sacando a la luz un líquido de intenso color tinto, a la par que denso.
Lo probamos Tere y yo, pero de los niños sólo se lo permitimos al mayor. Su sabor exquisito, nos encantó.

Lamentamos no traer garrafas como las que poseíamos en Tarter para llevarnos unos cuantos litros. Sería lo indicado para acompañar a las rebanadas de pan con tomate y lonchas de jamón en los días invernales aposentados frente a la chimenea del hogar encendido.

Le agradecimos que además nos enseñara alguno de los viñedos cercanos y explicara la forma de explotarlos con máxima efectividad.
Le prometimos que próximamente acudiríamos de nuevo pero esta vez preparados con nuestras seis garrafas de dieciséis litros.

Confiamos plenamente en lo que contó. Era el distribuidor de este vino por Cataluña, Aragón y Valencia. No tenía problema alguno en la distribución, ya que la graduación de este vino, hacía imposible que se oxidara. Los vinos corrientes de entre diez y doce grados, no resistían guardarse sin buen acondicionamiento, más de dos años. Lo normal era que antes del año, se volvieran vinagre.

Su “Cup” llevaba utilizándose con una antigüedad de cincuenta años.  Aquél vino procedía de una variedad de uvas de la región, con una cierta proporción de Aragón, mantenida a través de todos los años.
Se formó una solera que le dió el buqué característico. Antes de la extracción de diez mil litros para su comercialización, le agregaba otros tantos de cosechas recientes para completar los cincuenta mil. Así, la solera era siempre la misma.

Tal como lo contó, imaginé a unos microbios componiendo aquél líquido divino, de una raza beligerante contra los osados invasores.
Así, al denotar este ejército, una invasión en su hábitat de cuarenta mil litros por otro de diez mil, su aplastante superioridad, decidía la contienda. Los microbios recién llegados, pasaban a ser amigos conversos, o históricos enemigos yacentes en el fondo del “Cup”.

Total que durante cincuenta años aquél vino mantenía su buqué.

La sorpresa nos la llevamos un mes después al repetir la visita con nuestras garrafas a cuestas.
Al regresar a Tarter, coloqué cinco garrafas en el garaje. Justo sobre el suelo hormigonado que cubría las raíces de la higuera asesinada.  Lugar fresco y oscuro.
Pero no pudimos resistir la tentación de preparar unos piscolabis y catar el buen vino de la garrafa que situé en el mostrador del bar para su fácil alcance.

¿Nos mintió el bodeguero?. El vino que escanciamos de la garrafa, no sabía igual. Pero vimos con nuestros propios ojos como nos las llenó recién salido un cubo del cup. Aquello tenía que contárselo. Dijo que la gradación le hacía inmune a los cambios en años. Y solo hacía una hora salimos de su bodega.

A la mañana siguiente, comimos acompañando la comida con aquél vino. Solo llenamos cuatro medios vasos, ya que no queríamos que se nos subiera a la cabeza. Pero de nuevo….¡Tenía el sabor original!.

Comprendí lo sucedido. El trasiego del cup a las garrafas,  más luego éstas marearse por las cincuenta y siete curvas del trayecto, revolucionarían a los microbios del caldo, con cuya fricción sudarían excitados. Los olores de su frenética actividad, no se correspondían con los emitidos en su hábitat apacible.

Recordé lo que les ocurría a los primeros bajeles que comerciaban de la Península Ibérica a la América Latina. Los vinos se picaban con el transporte. Curioso era que los buenos se agriaban mientras que los agriados se rejuvenecían.

Comprobado lo cual, rellené botellas corrientes de tres cuartos de litro, abandonando la garrafa. Mejor usar botellas de las cuales escanciaríamos con pocos movimientos, hasta su agote.
El resto de las garrafas, fue respondiendo a tal tratamiento, resultando un acierto.

Y tentado estuve de encarecer a Roano y su equipo de vendedores que le dieran publicidad atrayendo clientes en el Restaurante, pero me abstuve al pensar en la imagen contraria que ello pudiera dar a la Urbanización.